Un modo de vida en vías de extinción

Los últimos pastores de Aralar

Durante seis meses al año, Joxé Mari y Luis pasan sus días cuidando de su rebaño en lo alto de la montaña navarra. Un modo de vida en vías de extinción que resiste gracias, en parte, a los viajeros que visitan su borda.

Cuando su padre murió, Joxé Mari tenía nueve años. Para entonces, ya conocía bien lo que significaba la vida en el campo: cuidar del ganado, sobrevivir al frío, la lluvia, la soledad. Tras el fallecimiento, él y sus otros tres hermanos pequeños se trasladaron a casa de Patxi, un pastor de la zona que los adoptó como si fuesen sus propios hijos. Les dio todo lo que necesitaban. Un techo, compañía, educación, comida, ropa y sobre todo, un oficio. Se comportó como un padre. Al menos así lo recuerda Joxé Mari mientras sostiene la única fotografía que cuelga de la humilde borda donde vive. “Este año cumpliría ciento diez”, recuerda a Viajes National Geographic. Al cabo de un tiempo, sus dos hermanos más pequeños decidieron que aquella vida alejada de todo y todos no era para ellos y se marcharon a los valles y pueblos de alrededor en busca de otras maneras de vivir, mientras que Luís -seis años más joven que él- tomó el mismo rumbo que Joxé Mari. Más de sesenta años después, siguen juntos manteniendo viva una tradición que parece destinada a la desaparición, pues en la actualidad, ellos son los últimos dos pastores que viven en la Sierra de Aralar.

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Sierra de Aralar

Javier Sánchez ©

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Una montaña mítica

Situada justo en la frontera entre Navarra y País Vasco, la sierra se conforma como un gran macizo de piedra kárstica. Las Malloak -abundantes praderas- cuelgan de los valles y tiñen el paisaje de un verde húmedo donde cientos de hayedos, robles y avellanos se alzan sobre enormes pastizales. El clima cambia rápidamente, pasando del cielo más resplandeciente a lluvias que no cesan en varios días. La única fórmula para mantener tanta tierra fértil. Y aunque los picos más altos no sobrepasan los 1.500 metros sobre el nivel del mar, las nubes caen a plomo sobre las praderas haciéndola parecer mucho más altas. Cuando se dispersan no es difícil encontrar alguno de los numerosos dólmenes y menhires que pueblan la zona. Son los restos de la Edad de Piedra, de cuando las casas se construían a base de rocas megalíticas, esparciendo pequeños Stonehenge navarros por todo el territorio.

Según la mitología vasca, allí vivieron -aislados del resto de la civilización- los gentiles, un pueblo de hombres altos y robustos, dotados por la naturaleza de una fuerza extraordinaria. Habitaron el valle hasta que el cristianismo terminó por sepultar a los confines de la historia todo lo que se escapaba del dogma.

Hermanos pastores de Aralar

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Medio año en Aralar

Después de ellos, el valle no tuvo apenas inquilinos. La ganadería era la única actividad que ocupaba la sierra pirenaica. De hecho, salvo algunos senderistas, los artzain (guardianes de ovejas en euskera) siguen siendo hoy en día los únicos que ocupan la montaña, aunque solo Joxé Mari y Luis viven en ella. El resto ascienden hasta allí, esperan tranquilamente a que sus rebaños pasten hierba fresca y una vez saciados vuelven a los pueblos de alrededor. Aun así, todavía quedan algunas bordas activas, aunque mucho tiene que llover o nevar para que un pastor decida hacer noche. Las bordas se configuran a lo largo de la sierra como pequeñas cabañas hechas de piedra o madera, entre ocho y diez metros de largo que los pastores solían utilizar para descansar tras un duro día de trabajo o guardar el ganado o almacenar el pasto henificado. Según la estación y el estado de los valles, las jornadas en lo alto de la sierra podían alargarse semanas, incluso meses.

En el caso de Joxé Mari y Luis comprende medio año, desde principios de abril a finales de octubre, cuando la hierba crece exuberante y se pierde en el horizonte sin imperfecciones. En invierno dejan la montaña y se trasladan a un caserío que tienen porque la nieve y el frío estropea el pasto y la leche de sus cabras se vuelve peor, más agria, dice Luis, mientras revisa si el fogón de la cocina donde calienta una olla tiene suficiente leña.

Legado quesero

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Legado quesero

Su rebaño está formado por unicamente de ovejas latxas, la especie autóctona de oveja por excelencia en Navarra y País Vasco. Con su leche preparan queso Idiazábalconocido por acaparar los primeros puestos en los premios a los mejores quesos del mundo. Aunque el de Joxé Mari y Luis no puede optar a ningún reconocimiento porque producen únicamente para su consumo o el de algún que otro visitante que quiera probar un bocado.

Aunque, por varios motivos, quedaron fuera de la D.O. Queso Idiazábal, Joxé Mari Luis no cejaron en su empeño de mantener su tradición quesera, elaborando piezas con sus manos desnudas, moldeando el cuajo ellos mismos sin ayudas de máquinas. A pesar de no poder comercializarlos, es posible captar su legado en los quesos que produce Bikain, una quesería de Lekumberri, también gestionada por dos hermanas, que llevan años aprendiendo en primera persona del savoir-faire de Joxé Mari y Luis.

Pastor de Aralar IV

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Una oportunidad de conectar con la naturaleza y la comunidad

De vez en cuando Luis baja con su todoterreno al pueblo y compra algún que otro producto en las ventas, pero por lo general subsisten a partir de lo que producen con la leche de sus cabras (queso, cuajada y requesón), huevos y la carne tierna de alguna de las gallinas que pululan alrededor de la borda. “Antes teníamos nueve pero desde hace un par de días solo veo siete, supongo que algún animal habrá venido por la noche y se la habrá comido, no lo sé” dice Joxé Mari, al mismo tiempo que comenta que en las próximas semanas matará a una de ellas.

El poco dinero que obtienen procede de las visitas que Itziar Insausti les proporciona. Itziar es la fundadora de Yugen Green, una empresa que ofrece terapias forestales inspiradas en las prácticas sensoriales japonesas como el Shinrin-yoku. Es en el valle de Aralar donde hace “sus baños de bosque”, una actividad meditativa con el objetivo de reducir el estrés, conectar con la naturaleza o mejorar la creatividad. En ese viaje por conectar con el interior y el medio, Itziar guía al grupo hasta lo alto del monte donde Joxé Mari y Luis esperan impacientes a conocer gente nueva de todas partes del mundo. Allí enseñan paso a paso el método de elaboración del queso, invitan a vino y comparten experiencias de un modo de vida único.

Pastor de Aralar IV

Los últimos pastores de Aralar

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