Había una vez... un circo

El único museo de Europa dedicado al circo está en Besalú

Circusland no solo repasa los 250 años de este espectáculo itinerante, sino también las historias que tejen su peculiar universo de riesgo e ilusión.

Los anuncios de grandes letras luminosas, las voces que incitan al aplauso, el redoble de los tambores que presagia un número peligroso. Bajo la gran carpa, la vida se mide en la emoción del más difícil todavía: los saltos suicidas de los acróbatas, el pliegue imposible de los contorsionistas, la carcajada de los payasos, unas veces festiva y otras amarga.

El circo se inventó para soñar. Con su carácter efímero y transitorio. Con su condición itinerante. Y para guardarlo en la memoria y al mismo tiempo mantenerlo vivo, se ha creado Circusland, el único museo de Europa dedicado a esta disciplina. Una joya que ha revitalizado el patrimonio de Besalú, tal vez el pueblo más bonito de la comarca de La Garrotxa. Como dice su fundador, Genís Matabosch, “este mundo por descubrir es parte integrante de la cultura pese a no gozar del reconocimiento de las demás artes escénicas”.

Hace menos de un año que vio la luz este centro que ocupa la casa abacial del Monasterio de San Pere, cuando tuvo lugar una apertura que se pretendía triunfal (se buscó que coincidiera con el 99º aniversario del nacimiento del payaso ruso Nikulin), pero que quedó deslucida por los coletazos de la pandemia. Hoy, ya a pleno rendimiento, su visita propone una inmersión en los 250 años de este espectáculo. Magos, faquires, fieras, forzudos, tragasables, hombres bala y mujeres barbudas acompañan en este viaje. Que comience la función.

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Circusland. Piezas a pieza

© Pepo Segura

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Pieza a pieza

Se pueden contemplar trajes, carteles, fotografías, grabados, bustos, postales, recortes de prensa históricos, programas, libros… Así hasta 537 piezas que conforman la colección de lo que se ha dado en llamar también el Palau Internacional del Circ. Pero el espectador solo ve una pequeña parte del fondo documental que el propio Matabosch ha ido acumulando, cual hormiguita, a lo largo de 30 años: más de 60.000 objetos que han dado forma a la Circus Arts Foundation.

“Todo lo expuesto es original, no hay ninguna reproducción”, cuenta, sin disimular su pasión, la misma que le ha convertido en director del Festival Internacional de Circ de Girona y del Gran Circ de Nadal. Y añade: “Incluida la que consideramos una de las joyas de la corona: la mayor colección de filatelia que existe en el mundo de temática circense”. Más de mil sellos procedentes de 120 países, que están presentes en los 1.500 metros cuadrados de este edificio, repartidos en tres plantas.

Circusland. A lomos de un caballo

© Pepo Segura

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A lomos de un caballo

Bucear en los orígenes del circo es pensar en los saltimbanquis y sus volteretas de corte bufonesco, en las plazas de los pueblos medievales, donde cómicos y juglares, a menudo perseguidos por la Iglesia, demostraron que la risa era el instrumento que igualaba a la sociedad.

“Sin embargo”, relata Matabosch, el germen como tal hay que situarlo en Londres, en 1978, cuando el joven militar Philip Astley ideó los primeros espectáculos de pago, protagonizados por caballos y jinetes capaces de increíbles acrobacias”. Así comienza la historia del circo y, por ende, la aventura de Circunsland.

Circusland. El mayor circo en miniatura del mundo

© Pepo Segura

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El mayor circo en miniatura del mundo

A partir de aquí las salas desgranan cada una de las disciplinas que conforman el universo de la carpa. Desde los malabares al ilusionismo, pasando por la comicidad o los animales artistas. Especialidades todas ellas presentes en la gran sorpresa del museo: una espectacular maqueta del Circo Gleich de Alemania, que recaló en Barcelona durante la Exposición Universal del 1929.

Elaborada con una fidelidad pasmosa, no sólo está considerada la creación en miniatura de este género más grande de todo el mundo (50 m²) sino también la reproducción más lograda de lo que el circo significaba a principios del siglo XX: un auténtico pueblo sobre ruedas. “Gracias a estos espectáculos itinerantes, los asistentes tenían la posibilidad de contemplar otras etnias y otros animales. Era su particular National Geographic”, explica el director de Circusland.

Circusland. Carablanca y nariz roja

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Carablanca y nariz roja

Sarcástico o tímido, astuto o tierno, el payaso es el personaje que encarna el alma del circo. Una figura que tiene el privilegio de la palabra (en un arte en el que reina lo visual) y que bebe del bufón medieval y del Pierrot de la Commedia dell’Arte para escindirse en dos tipologías: el enharinado o carablanca, airoso y elegante; y el augusto o nariz roja, torpe y desaliñado.

De la conjunción de ambos surgieron parejas tan memorables como Foot y Chocolate, Rico y Alex, Pompoff y Thedy... y hasta tríos como Fratellini, que revolucionó el concepto de show. Así se aprecia en el museo de Besalú, donde también encontramos payasos solistas como Charlie Rivel, el maestro del mimo español, al que Federico Fellini incluyó en su película Los clowns y del que existe una escultura en el parque barcelonés de Montjuïc.

Circusland. Alta costura circense

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Alta costura circense

Es, precisamente carablanca, empeñado en acentuar su distinción a través de la indumentaria, quien protagoniza otro de los espacios más escenográficos de la muestra: el que recoge sus trajes de bordados ostentosos, confeccionados por la sastrería Vicaire. “Desde este prestigioso taller de París, hoy desaparecido, salieron centenares de modelos para payasos del mundo entero con una calidad excepcional. No en vano empleaban unas 300 horas de trabajo en cada una de las piezas”, cuenta Genís Matabosch.

Tampoco falta el célebre vestuario que perteneció al decano de los maestros de ceremonias. Hablamos del inglés Norman Barret, cuyo personaje surge por la necesidad de presentar las diferentes atracciones que van creciendo en número y variedad. Como define el director del museo, “el circo actual es un mosaico de disciplinas que se desborda en géneros infinitos”.

Circusland. Figuras que son leyenda

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Figuras que son leyenda

El circo es lo que sucede en la pista, pero también lo que transcurre entre las bambalinas de un arte que lleva la casa a cuestas. Circusland recoge estas historias dentro y fuera del espectáculo. La de mujeres como la legendaria Pinito del Oro, que practicaba sus piruetas sin la protección de la red desde el mismo trapecio que puede contemplarse en una de las vitrinas. O como la de Lily Yokoi, a la que nadie ha podido igualar en sus acrobacias sobre esa bicicleta dorada que también aparece expuesta. O como la española Linda Baker (pseudónimo de Angelita Villa), a quien bautizaron como La Mujer de Hierro por su capacidad para arrastrar camiones solo con la melena.

Leyendas eternas del circo, que incluyen elementos hoy desaparecidos. Es el caso de los animales (elefantes, tigres, leones…) que hicieron célebres a domadores como Ángel Cristo, o de las criaturas con rasgos grotescos como el famoso Hombre Elefante o los característicos enanos, que hasta crearon sus propias compañías como la Troupe Liliputiense.

Circusland. ¿Cómo están ustedes?

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¿Cómo están ustedes?

Así llegamos a la situación más próxima en el tiempo, la que nos resulta más familiar. Al Cirque du Soleil, por ejemplo, cuya irrupción ha supuesto una de las mayores revoluciones acaecidas en la historia de la acrobacia, con vistosísimas puestas en escena.

Pero también a nuestro circo, al que en los años 70 se coló en todos los hogares a través de “los payasos de la tele”. Hablamos de Gaby, Fofó y Miliki y de su ya mítico saludo a los niños: ¿Cómo están ustedes?. Toda una generación que hoy ya peina canas nunca olvidará aquella famosa sintonía: “Había una vez… un circo, que alegraba siempre el corazón”.

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