Hallazgos pirenaicos

Todas las sorpresas del Valle de Arán

El río Garona y los picos de más de 2000 metros han modelado el paisaje de esta comarca leridana.

Si las montañas se alzan al sur y los ríos corren hacia el norte no cabe duda, se trata del Valle de Arán. Este territorio situado efectivamente al norte de los Pirineos es un destino perfecto para los amantes de la montaña, que aquí encontrarán excursiones memorables y rutas para descubrir su flora y fauna. El Garona conforma su columna vertebral y acoge en sus riberas numerosas poblaciones aranesas, para buscar después su salida natural a través de las llanuras de Aquitania y desembocar en el Atlántico. Pero este esta es solo la primera rareza de un viaje a través de maravillas naturales y rincones semisecretos. 

1 / 9
iStock-1044028548. Buscando la cuna del Garona

Foto: iStock

1 / 9

Buscando la cuna del Garona

Como todo gran río que se precie, el Garona atesora una polémica sobre sus fuentes. Para algunos este río tiene un nacimiento poético en Uelh deth Garona, en el Pla de Beret. Los que optan por el rigor geográfico sostienen en cambio que el Garona nace de la confluencia entre las aguas del circo de Saboredo y las del macizo de la Maladeta que, tras un largo viaje subterráneo, brotan en la Artiga de Lin. En cualquier caso, la polémica sobre su fuente es una excusa para visitar algunos de los rincones más bellos del Val d’Aran, comenzando por el Pla de Beret. Además de acoger uno del centros de esquí más importantes de la Península, este altiplano permite disfrutar de un bello entorno natural y de la mejor panorámica de las altas cumbres pirenaicas.

montgarri-in-summer-picture-id1163885750. El santuario senderista

Foto: iStock

2 / 9

El santuario senderista

Una excursión desde el Pla de Beret lleva en solo 5 km al santuario de Montgarri, en un maravilloso paraje envuelto por picos y arrullado por el río, encrucijada de caminos para pastores y ganado y punto de encuentro para senderistas que recorren esta comarca.

iStock-1044899720. De la Bonaigua a Saboredo

Foto: iStock

3 / 9

De la Bonaigua a Saboredo

Nada más bajar del Pla de Beret aparecen las dos arterias vitales de este territorio, el Garona y la carretera C-28, que sube por el Port de la Bonaigua y da acceso al valle de Ruda, uno de los más bonitos del Aran. En su cabecera se emplaza el circo de Saboredo, decorado con lagos de montaña y un refugio del que parten excursiones por el Parque Nacional de Aigüestortes. Una muy popular es la Ruta de Saboredo (6,7 km), que recorre este valle glaciar y llega hasta el Lac Glaçat de Saboredo.

Románico resistente

Foto: Guillén Pérez (vía FlickR)

4 / 9

Románico resistente

De nuevo en el fondo del valle, el río y la carretera nos sumergen de lleno en territorio aranés, con las principales poblaciones a un lado y a otro. En la confluencia del río Garona con el Unhola, junto a Salardú, se halla el caserío de Unha, uno de los que mejor ha resistido el paso del tiempo, con edificios que conservan el tradicional estilo aranés, y la iglesia románica de Santa Eulàlia, del siglo xii, que guarda valiosas pinturas murales originales.

iStock-471058866. El embrujo de Arties

Foto: iStock

5 / 9

El embrujo de Arties

Muy cerca surge Arties, localidad que se aposta sobre ambas orillas del río y recibe las aguas de otro curso fluvial, el Valarties. Con el telón de fondo del impresionante Montardo (2833 m), esta es para muchos la villa más bonita del valle, con su núcleo antiguo salpicado de pequeños edificios renacentistas como la Casa Portolà, hoy convertida en parador nacional. En lo alto del pueblo se alza la iglesia de Santa Maria d’Arties, de nave románica, estilizada torre gótica de cinco pisos y, en el interior, un conjunto de pinturas murales sobre el Juicio Final de sorprendente expresividad.

iStock-843961696. Vielha y sus aires capitalinos

Foto: iStock

6 / 9

Vielha y sus aires capitalinos

El valle del Garona se abre de par en par al llegar a Vielha, donde recibe la aportación de un nuevo afluente, el río Nere. La capital aranesa conserva un hermoso núcleo con edificios de origen medieval. En él destaca la iglesia de Sant Miquel, que custodia la talla del Crist de Mijaran, fragmento de un Cristo románico reconocida como una de las cimas de la escultura medieval europea.

iStock-1148845249. Entre prados y bosques

Foto: iStock

7 / 9

Entre prados y bosques

A partir de Vielha, el Garona deja su recorrido este-oeste, para poner rumbo al norte. La carretera que ahora lo acompaña es la N-230, que viene del túnel de Vielha y se dirige hacia la frontera francesa. Entre las localidades de Gausac y Es Bòrdes, la margen izquierda del río acoge el bosque de Baricauba, uno de los abetales más importantes de la Península, con ejemplares que sobrepasan los 30 m de altura. Dejando de momento la carretera principal en Gausac y atravesando esta floresta enlucida por las cortezas plateadas de los abetos, se accede a la Artiga de Lin, en la imagen. Este paraje es un extenso prado encajado entre montañas imponentes que esconde uno de los rincones más insólitos del Val d’Aran: los Uelhs deth Joeu (los ojos del judío). Entre las rocas de este barranco brotan las aguas provenientes del deshielo del glaciar del Aneto después de un largo recorrido bajo tierra. La Artiga es uno de los parajes con mejor acceso al valle, y cuenta con rutas y paseos para todos los gustos, desde excursiones ideales para hacer en familia a ascensos a picos míticos, como la Forcanada, el Malh dera Artiga o la Tuca Blanca de Pomèro.

iStock-1048825404. Flanqueados por tilos y olmos

Foto: iStock

8 / 9

Una ribera frondosa

Nuevamente en la carretera N-230, las orillas del Garona conducen hasta Bossòst, donde el río acompaña un agradable paseo sombreado por añejos tilos y olmos. En la parte antigua del pueblo se halla la iglesia de Era Mar de Diu dera Purificacion, otro de los templos románicos más notables del Aran, que mantiene un ancestral equilibrio entre arquitectura y riqueza iconográfica.

iStock-1147968136. El final de Les

Foto: iStock

9 / 9

El final de Les

Les es la última villa que cruza la N-230 antes de alcanzar la frontera con Francia. Los romanos ya disfrutaban de las aguas sulfurosas que hoy manan en las Termas de la Baronia de Les. El pueblo también acoge una iglesia románica magníficamente conservada, Sant Blai, del siglo xii, así como un centro de cría de esturiones en las aguas del Garona en el que se obtiene el preciado caviar Nacarii. Pasado Les se puede tomar una carretera de montaña que conduce a Canejan, Porcingles y Sant Joan de Toran, parajes llenos de senderos que conducen hasta algunos de los sectores más apartados e intactos del Val d’Aran.

iStock-1044028548

Todas las sorpresas del Valle de Arán

Compártelo