Mallorca en clave urbana

La versión más tranquila e íntima de Palma

Una ruta por la capital de Baleares entre monumentos y coordenadas claves para sumarse a su latido mediterráneo.

Cuando se visita la capital de las Baleares, es incomparable comenzar el día en el castillo de Bellver, un edificio del siglo XIV y de planta circular que se erige sobre un monte a unos 3 km de la ciudad y que durante la salida del sol regala unas vistas magníficas de Palma y del Mediterráneo. El paseo marítimo del Molinar, un antiguo barrio de pescadores, es otro excelente enclave para empezar la visita a Palma. Adentrarse en la ciudad por esta zona permite observar el bullicio matinal de los mercados del Olivar y de Santa Catalina, ambos cubiertos y con multitud de puestecitos de frutas, verduras, carne y pescado, y otros donde tener un primer contacto con los embutidos y dulces de la isla.

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La Seu, un tesoro gótico frente al mar

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La Seu, un tesoro gótico frente al mar

A diferencia de otros núcleos medievales de Europa, organizados en torno al templo principal, el centro histórico de Palma presenta forma de abanico: la zona sur está orientada directamente al mar y es ahí, en su límite, donde se alza la Seu. La Catedral-Basílica de Santa María (siglos XIII-XIV) es un tesoro del gótico que sorprende tanto por su exterior como por su interior, en el que destacan aportaciones más recientes como el baldaquino de Antoni Gaudí y la capilla restaurada por Miquel Barceló. 

Call Mallorca. Call-ejear

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Call-ejear

Al salir del templo, conviene perderse por las calles silenciosas y estrechas del centro, algunas anteriores al siglo XIII y originarias del trazado de la medina árabe. La huella hebraica en Palma es muy importante, pues la ciudad antigua llegó a tener tres juderías en diferentes épocas. El Call Major surge durante la anexión de la isla a la Corona de Aragón y se agrupaba en torno a dos sinagogas, una donde ahora está la iglesia de Monti-sion y la otra en el Seminari Vell. El Call de Palma era un recinto cerrado dentro de la ciudad amurallada. Aquí vivieron los cartógrafos Abraham y Jafuda Cresques, autores del Atlas Catalán, del siglo XIV, el mapamundi más importante de la Edad Media.

Palma

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De iglesia en iglesia

Cerca queda la Plaza Mayor, donde hasta bien entrado el XIX se levantaba el edificio de la Inquisición. En esta zona abundan las casas señoriales con hermosos patios, algunos del siglo XIV. Asoman tímidamente los Baños Árabes, único vestigio musulmán de la ciudad, y el edificio barroco del Ayuntamiento, en la céntrica plaza de Cort. Durante el paseo nos sorprenderá la cantidad de iglesias góticas que se levantan a pocos metros unas de otras. La de Sant Miquel es la más antigua, de 1390, aunque solo se conservan el campanario, la planta y la portada labrada; en la de Santa Eulàlia, Jaume II se coronó rey de Mallorca en 1276; y en Sant Francesc se halla el sepulcro de Ramon Llull, filósofo y teólogo mallorquín del siglo XIII con una extensa obra en catalán y latín. El claustro de este templo, formado por 115 columnas que sostienen arcos ojivales, maravilló al escritor Albert Camus en el verano de 1935, como dejó plasmado en su libro El revés y el derecho.

Seu y Almudaina. s

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Los tesoros de La Almudaina

En los días radiantes tanto la Seu como el cercano Palacio de la Almudaina se ven reflejados en las aguas del lago del Parc de la Mar, parque que destaca por sus conjuntos escultóricos y por el gran mural cerámico de Joan Miró. Los cimientos de la Almudaina se remontan a la época romana, aunque Jaume II de Mallorca lo mandó construir entre 1305 y 1314. Unas escaleras empedradas conducen al Hort del Rei, los jardines del palacio, entre estanques, fuentes y vegetación.

Palma. ¡Hora de relajarse!

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¡Hora de relajarse!

Nada como reponer fuerzas al mediodía en una de las tabernas, bares o bodegas que abundan en el centro y degustar un «variat», una tapa que combina diversos platos típicos mallorquines. El día acaba en Santa Catalina o en el Paseo Marítimo, ambas zonas con una gran actividad nocturna los fines de semana. Aunque la gran fiesta de invierno en Palma ocurre el 19 de enero por la noche, vigilia de San Sebastián, cuando  se encienden hogueras y se tuesta pan de payés, botifarró, sobrasada... Amenizan la velada conciertos hasta bien entrada la madrugada.

Seu y Almudaina