Del 7 al 1

Los siete imprescindibles de todo viaje a Costa Rica

De menos a más, los encantos de un país que es pura vida.

Encajonado entre dos mares, quien se lo proponga podrá ver amanecer en una costa y atardecer en otra el mismo día. Costa Rica es un país de superficie reducida; pero en la práctica es todo un continente debido a la biodiversidad que presenta. Playas tropicales, selvas, volcanes poderosos y ese toque cariñoso que tiene el tico con los extranjeros lo convierten en el país perfecto para una aventura en América Central

 

 

Costa Rica es un pedacito de edén que ha estado libre de las historias convulsas de otros países de la región. Tiene como bandera la sostenibilidad, promueve el turismo responsable, invierte en infraestructuras de calidad y defiende la conservación de una flora y una fauna excepcionales que representa el 4 % de la biodiversidad mundial. Si algo es Costa Rica es pura naturaleza, y, claro, también pura vida.

 
 
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San José

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En el #7: San José, placer urbano

Es difícil prestar atención a un paisaje urbano cuando se está viajando a uno de los países con mayor riqueza medioambiental del mundo. Es aún más difícil cuando ese paisaje urbano, en realidad, tiene pocos monumentos: su Teatro Nacional, su Plaza Central, el Parque Sabana… Sin embargo, es un error saltarse San José. La capital tica es un hervidero de vida y de color sin cuya visita la experiencia por tierras de Costa Rica quedaría incompleta.

Todo el mundo parece hacer algo en las calles de la ciudad. Para orientarse, las avenidas van de este a oeste y las calles de norte a sur, y a la inversa. Eso sí, las direcciones se dan de forma singular: describiendo cómo se llega. En San José, cada vez hay más propuestas culturales. Los tres museos que gestiona la fundación del Banco Central de Costa Rica en la Plaza de la Cultura y el Museo de Jade son referentes museísticos de Latinoamérica.

El Mercado Central es un carnaval gastronómico: tortas de pollo, chuleta de pierna, bistec bolita, camarones, dorado legítimo, merlín blando… ¡Llegó el sabor!, ¡Pare reina!, ¡Pase joven!, exclaman los vendedores al paso. Cualquiera de las sodas del mercado de abastos sirve para disfrutar de una inmersión total en los sabores ticos. Mientras que el Barrio de Amón sigue siendo el barrio josefino por excelencia a la hora de albergar gran parte de la escena cultural de la ciudad. Cafeterías como El Café Rojo, librerías como Libros Duluoz, locales de diseñadores como Tienda eÑe, que lleva apoyando a diseñadores ticos desde 2006, en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, en el Edificio Jiménez… Los bosques, volcanes y playas pueden esperar, van a seguir en el mismo lugar después de pasar unos días disfrutando de la capital.

 
Guanacaste-playa Conchal

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En el #6: playas de Guanacaste

Guanacaste es sinónimo de playa. La provincia es la segunda mayor en extensión de Costa Rica y una de las más despobladas. En la Península de Nicoya, hay algunas de las mejores playas del país para hacer surf. Playa Grande es una de ellas. La resaca en el Pacífico es fuerte, pero a cambio deja olas perfectas. La playa de Tamarindo (atención con los crepúsculos ardientes de esta zona) es la capital del surf tico desde que el director Bruce Brown la puso en el mapa internacional con la película mítica The Endless Summer II. Hay aguas más calmas en Playa Sámara, con un mar resguardado por el arrecife de coral ideal para bucear, para flotar o para subirse a remar en un kayak. También en Playa Flamingo, una de las más bellas playas de Costa Rica. Y hay playas para auténticos sibaritas, como Conchal (en la imagen), que está en un 98 % formada por conchas y estratos de roca sedimentados por el mar. En estas tierras, el avellano, la palmera y el guanacaste llegan casi a orilla del mismo Pacífico. 

 
shutterstock Cahuita . Cahuita

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En el #5: Cahuita con acento caribeño

Al sur de Costa Rica, pegando ya casi a Panamá, se habla con acento caribeño. Es Costa Rica, pero parece otro país. En la pequeña población de Cahuita, el desorden simpático y colorido del Caribe emborracha los sentidos. Aquí suena más el calipso que el vallenato; aquí el gallo pinto se transforma en el rice and beans; aquí el cabello es rizado, las pieles morenas. En Cahuita, el busto de Simón Bolívar que se ve en todas las plazas de Costa Rica se antoja extraño. En esta zona del país casi se habla más inglés y se mantiene en uso el mekatelyu, la lengua criolla de la provincia de Limón, una mezcla de inglés caribeño y criollo jamaiquino. A cinco minutos caminando del pueblos, está la Playa Negra, de arena volcánica. Mientras que ya en el Parque Nacional Cahuita, está la Playa Blanca. El parque es un edén mágico, con palmeras que llegan hasta la orilla, y mangos, árboles de mango, que cuando maduran, hacen el ambiente dulzón. Destaca el arrecife de coral, que se trata del más desarrollado del país. Se puede disfrutar de su belleza haciendo snorkel o submarinismo. No faltará la posibilidad de ver un pez ángel, isabelita, el bello pez loro azul, o cualquier otra de las 35 especies coralinas que hay.

 
Monteverde

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En el #4: Monteverde, una montaña metida en una nube

Hay topónimos que son ejemplo de concisión y detalle descriptivo. Monteverde es uno de ellos. Todos allí lo pronuncian así: "Monte-verde", casi haciendo un alto en medio, como para evidenciar que lo de verde viene de que generalmente casi siempre llueve. Cualquier guía del lugar lo señala de forma destacada: es recomendable traer protección contra la lluvia, pantalones largos y un abrigo ligero. La Reserva Biológica Bosque Nuboso de Monteverde está es el destino ecoturístico más importante de Costa Rica. Se trata del bosque nuboso más destacado del mundo. Los bosques nubosos forman parte del 2% del planeta, se encuentran en las partes más altas de las cordilleras y son de gran importancia porque son zonas de recarga hídrica. El de Monteverde se encuentra en la Cordillera de Tilarán y suma 3.500 hectáreas de bosque protegido donde abundan las epífitas, que son plantas que crecen en lo alto de los árboles alimentándose directamente no del propio árbol sino de la lluvia, la neblina y las nubes. Un mundo verde que se conoce de una forma muy divertida: andando por encima de la cubierta vegetal. Más que andar, deslizándose colgado en un cable tensado. Aquí, el canopy es casi un deporte nacional y una forma única de acercarse a la naturaleza.

Arenal

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En el #3: Arenal, volcanes y aguas termales

Hay otros muchos volcanes en Costa Rica, algunos en activo y otros no, pero pocos tan bellos como el Arenal. Su silueta cónica perfecta que se recorta en el horizonte es la imagen universal de un volcán. La Fortuna de San Carlos es un pueblo pegado a un volcán (está a sólo 17 kilómetros). Y uno no puede dejar de preguntarse a quién se le ocurrió tal nombre para un pueblo bajo un cono volcánico activo hasta no hace mucho. Lo cierto es que las tierras volcánicas son fértiles y además originan las aguas termales del Tabacón que junto al volcán se han revelado como dos tesoros turísticos del cantón de San Carlos, en la provincia de Alejuela. Hay una gran cantidad de hoteles y resorts en los alrededores de La Fortuna de San Carlos que ofrecen baños en aguas que provienen del subsuelo volcánico.

 
Manuel Antonio

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En el #6: Parque Nacional de Manuel Antonio (y la playa perfecta)

Este es uno de los parques naturales más bellos del mundo y, probablemente, uno de los más fáciles de transitar. Tiene una extensión de cerca de 2000 hectáreas que se pueden recorrer gracias a diferentes senderos, cómodos y bien señalizados. Pasear por ellos es una oportunidad excepcional para ver fauna en estado salvaje. Es posible cruzarse con monos titis, primate endémico de Costa Rica en peligro de extinción por el mercado negro de especies, también con perezosos, monos capuchinos, iguanas, mapaches, pizotes… Pero es que, además, los paisajes en Manuel Antonio son espectaculares, y sus playas, sencillamente, fantásticas. Dentro del Parque de Manuel Antonio, está la Playa Manuel Antonio, seguramente la más famosa, con vistas a Punta Catedral; pero también hay otras menos conocidas como las Playas Gemelas, Espadilla Sur o Puerto Escondido y Playa Rey. En todas ellas se puede experimentar la emoción de bañarse en lugares casi vírgenes, de una gran y poderosa poesía espacial.

 
Corcovado

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En el #7: Parque Nacional Corcovado, la biodiversidad total

Pura intensidad biológica en la Península de Osa: 375 especies de aves, 124 de mamíferos, 8000 especies de insectos en una de las masas de pluvisilva más extensas e intactas de América Central. Aislado y de difícil acceso, es un auténtico bastión de la biodiversidad: es el único parque donde ver las cuatros especies de primates del país (el mono araña, el aullador, el tití o el capuchino). Los circuitos se hacen con guías del parque, acreditados por el Instituto Costarricense de Turismo, lo cual facilita la conservación y el avistamiento de fauna. No hay que dejarse atrás las botas de caucho, ya que la mayoría de senderos suelen encontrarse embarrados. Si se quiere vivir una verdadera aventura, este es el parque ideal.

Manuel Antonio

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