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Un viaje a Carcassonne en siete imprescindibles

O cómo descubrir la ciudad amurallada más fotogénica del mundo sin perderse nada.

Dicen que la postal nunca fue real, que el arquitecto del siglo XIX Viollete-Le-Duc la reconstruyó en base a sus ideales románticos y no basándose en lo que un día hubo aquí. Pero lo que es indiscutible es que sus murallas fueron y siguen siendo poderosas, su emplazamiento es pura épica y sus callejuelas -sí, plagadas de tiendas de souvernirs- son un túnel en el tiempo. Esta es una carta de amor a uno de los rincones más bellos de Europa que, pese a no ser un lugar gigantesco, sí que necesita un poco de orden para que la visita sea completa. Todo es tan sencillo como cumplir con estos siete mandamientos. 

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iStock-668329680. En el #7: Minerve y el Minervoise

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En el #7: Minerve y el Minervoise

Toda la región del Languedoc está regada de lugares pintorescos y apasionantes. Sin embargo, pocos sintetizan mejor lo que fue esta región histórica que esta pequeña comarca vitivinícola pegada a Carcassonne. Primero, porque sus colinas están alfombradas de viñedos donde se producen, sobre todo, unos blancos bastante apañados. Segundo, porque cuenta con pueblos llenos de sorpresas, como es el caso de la abadía de San Pedro en Caunes-Minervois o del propio Minerve, una localidad que en su día fue la capital de la región cuyas piedras resisten al paso del tiempo y del progreso encajadas en una fotogénica garganta. Y tercero, porque conserva torreones cátaros como los del castillo de Lastours donde queda claro que en esta región fue durante años díscola y periférica.

shutterstock 500732491. En el #6: Un paseo por la ciudad nueva

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En el #6: Un paseo por la ciudad nueva

Carcassonne son dos ciudades en una. La más conocida, la medieval, espera en lo alto de una colina. Sin embargo, a sus pies creció una urbe que, a partir del siglo XVII, se convirtió en una importante plaza económica, comercial y textil. Esta urbe nueva, levantada con escuadra y cartabón, merece un ligero paseo para dar con la catedral de Saint-Michel, los edificios administrativos y el puerto de Carcassonne donde descansan las barcas que navegan el Canal du Midi.

iStock-948461328. En el #5: Probar el cassoulet

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En el #5: Probar el cassoulet

De aquella región díscola queda un carácter fuerte y un sentimiento de pertenencia que se manifiesta en placeres muy variados. El más sabroso es el Cassoulet, un guiso de judías y pato (con salchicha de este ave incluida) en torno al cual hay cofradías e historiadores que teorizan y refuerzan su orgullo patrio a cucharada limpia. Más allá de ser un emblema, la realidad es que es una receta sabrosísima e indispensable cuya elaboración exige una mañana a fuego lento. En la propia ciudadela, ya arriba, merece la pena probar la de la Brasserie du Donjon, que se ofrece en formato menú y que respeta las bases de la receta de Carcassonne, en la que se suele incluir carne de perdiz.

iStock-1167812301. En el #4: Callejear por la Ciudadela

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En el #4: Callejear por la Ciudadela

Ya arriba espera la Ciudadela, un pequeño laberinto de callejuelas que conservan su trazado y su esencia medieval. Es cierto que hay demasiadas tiendas de souvernirs que desentonan con el lugar, pero existe una pequeña regla: cuanto más alejado esté un rincón de la concurrida Rue Cros Mayrevieille, más coqueto es. Y es que si se huye de la arteria comercial del casco histórico, se llegan a plazuelas como la de Auguste Pierre Pont o la de Saint-Jean donde hay más calma y más fotogenia. 

iStock-1135679700. En el #2: Visitar la Basílica de Saint-Nazaire

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En el #3: Visitar la Basílica de Saint-Nazaire

La que fuera durante siglos la catedral de la ciudad es hoy un portentoso templo a medio camino entre el gótico y el románico que, pese a no sorprender con su tamaño, cumple con todas las expectativas sacras. Sobre todo, por sus vidrieras y su conjunto de esculturas que dan fe de la prosperidad de esta urbe durante este periodo.

iStock-1181014754. En el #3: Cruzar las puertas

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En el #2: Cruzar las puertas

Para entrar en Carcassonne hay que atravesar, sí o sí, cualquiera de las aperturas en la muralla. Por eso este 'must' puede parecer una obviedad, sino fuera porque hay algún despistado que solo descubre la principal, la Narbonnaise. Hasta aquí suben los taxis, los autobuses y los coches, por eso suele ser la primera story de toda ruta en Instagram. Su fotogenia, con sus coqueto arco y sus dos imponentes torres detrás, es indiscutible. Por eso en ocasiones pasa desapercibido el cementerio municipal, que sin ser el parisino Père Lachaise, sí que conserva alguna tumba notable. La otra gran puerta es la de l'Aude, una apertura algo más discreta pero que ofrece las mejores vistas de la muralla. 

shutterstock 254477089. En el #1: Entrar en el Castillo Condal y hacer el tour de las murallas

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En el #1: Entrar en el Castillo Condal y hacer el tour de las murallas

Las poderosas defensas del edificio más imponente de la Ciudadela ya son de por sí una hipérbole medieval. En su interior, el patio principal y las salas que acogen su coqueto museo atestiguan la importancia que tuvo esta ciudad durante siglos como fortaleza fronteriza. Algo que alcanza su cénit al realizar el tour por las murallas. Se trata de una visita guiada que permite andar por lo alto de estos muros y descubrir algunas de las torres más emblemáticas del recinto. Desde aquí, además, se domina con la vista la Ciudadela, obteniendo algunas panorámicas inolvidables de los tejados y de la basílica de Saint-Nazaire. Más Medievo, imposible.

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