Viaje a la Isla de Pascua 300 años después de su descubrimiento

La chilena Isla de Rapa Nui, con sus volcanes, playas y acantilados fabulosos, es un triángulo de tierra rodeado de océano y poblado por enigmáticas efigies y mitos polinésicos.

Mucho antes de que Jakob Roggeveen descubriera en la Semana Santa de 1722 la que bautizó como Isla de Pascua, para los polinésicos que la habitaban era Te pito o te henua, «el ombligo del mundo». Considerarse el centro del universo dio origen a una cultura rica en tradiciones que aún perviven.

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Los moáis prometidos

Antes de volar desde Santiago de Chile, pensar en Pascua ya equivale a evocar sus esbeltos y vetustos moái, pétreos e inmortales guardianes de la isla. Un halo de enigma rodea a estos gigantes que el pueblo rapa nui talló para ganarse la protección de sus ancestros desde su llegada en torno al siglo vii. A partir del siglo xi, una sucesión de guerras y colonizaciones los condenó al ostracismo, perdiéndose en el tiempo muchos de los secretos de la cultura original. Alineados mirando tierra adentro, solitarios junto al mar, en pie, tumbados o simplemente esbozados en la toba volcánica, estos isleños imperturbables destacan por su robustez y tamaño, entre los 3 y los
10 metros de alto. Salir a su encuentro en bicicleta, moto o coche constituye una emocionante aventura. 

iStock-1005101778. El volcán de los moáis

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El volcán de los moáis

Uno de los enclaves más sorprendentes se halla en la ladera del volcán Rano Raraku, la gran fábrica de moáis, donde eran moldeados en la piedra volcánica, tallados y decorados con petroglifos en el torso. Cuatro centenares de moáis –hay una talla inacabada que supera los 22 m– se esparcen anárquicamente, como olvidados, por las praderas del volcán. Se cuenta que estos gigantes de piedra «caminaban» desde aquí hasta los ahu, plataformas ceremoniales que se suceden en la línea de costa o con orientaciones astronómicas. Allí eran levantados y alineados, las cuencas de sus ojos se rellenaban con coral y se les imponía un tocado de piedra rojiza llamado pukao. Al pie del volcán se halla el Ahu Tongariki, que sostiene 15 moáis en sus casi 200 m de largo.

iStock-1032757890. Anakena, la playa 'vigilada'

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Anakena, la playa 'vigilada'

A unos 11 km, en la costa norte, la paradisiaca playa de Anakena rompe la monotonía de los acantilados y las rocas. La tradición oral cuenta que aquí empezó la colonización de la isla, cuando entre los siglos vi y viii desembarcó el rey Hotu Matu’a proveniente de la mítica isla Hiva, posiblemente en las Marquesas. En Anakena el palmeral y las praderas donde pastan caballos salvajes se convierte en un blanco y fino arenal bañado por aguas turquesas que vigilan imponentes moáis.

shutterstock 763726516. Ahu Nau Nau y los petroglifos

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Ahu Nau Nau y los petroglifos

Sin dejar de pisar la arena se encuentra Ahu Nau Nau, una de las plataformas más estudiadas de la isla. Cuenta con 8 figuras alineadas, 7 erguidas y una en el suelo. Pero sin duda son los petroglifos de su base, en la que algunos investigadores encuentran reminiscencias incaicas, quienes se llevan todas las miradas, especialmente el del curioso «hombre lagarto» o Tangata Moko.

GettyImages-453413547. El primer moái levantado

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El primer moái levantado

Ahu Ature Huki es el otro conjunto escultórico de Anakena. Su moái de casi 7 m fue puesto en pie cuando se iniciaron los trabajos arqueológicos impulsados por el antropólogo noruego Thor Heyerdahl entre 1955 y 1956.

shutterstock 176105810Pascua. Entre volcanes anda el juego

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Entre volcanes anda el juego

La peculiar forma triangular de Pascua se explica por la presencia de los volcanes Terevaka, Poike y Rano Kau –hoy inactivos– en sus vértices. Con 324 m de altitud, casi circular y asomado al mar por uno de sus costados, Rano Kau es el más espectacular. El cráter alberga multitud de plantas endémicas y una laguna de un kilómetro y medio de diámetro que en el pasado fue una reserva de agua dulce. En el punto más estrecho del borde del cráter se ubica la aldea de Orongo, del siglo xvi, que solo se habitaba en septiembre (primavera austral) para acoger la ceremonia del Hombre Pájaro, en el que las tribus competían por el poder.

iStock-638440048. Rapa Nui bajo tierra

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Rapa Nui bajo tierra

La intensa comunión de los rapa nui con la naturaleza se hace también patente bajo tierra. Por toda la isla hay laberínticos pasadizos subterráneos, cuevas y galerías formadas por la acción de la lava y la erosión. Estas cuevas (ana) han servido como moradas, refugios o bodegas, pero también como aulas, cárceles o escondites para amores furtivos. Algunas eran usadas hasta no hace mucho tiempo para dar a luz, mientras que de otras se cuentan inquietantes historias. Es el caso de Ana o Keke, donde se recluía a muchachas vírgenes para mantener blanca su piel, o Ana Kai Tangata, relacionada con ritos de canibalismo.

GettyImages-148762400. La coqueta Hanga Roa

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La coqueta Hanga Roa

La coqueta Hanga Roa, de unos 8000 habitantes, es la única población de la isla. En su pequeño entramado de calles y plazas destacan los coloristas reclamos de comercios, cafeterías, hospedajes y restaurantes. Las casas de madera cuentan con exuberantes jardines copados de tipanie (Plumeria rubra), la fragante flor blanca con las que las mujeres tejen hermosos collares.

Junto con el turismo, la pesca es hoy la principal fuente de recursos de los pascuences, quienes cuentan con un autogobierno especial que es asesorado por el consejo de ancianos de Rapa Nui. El mar es el gran mercado al que se acude para surtir la mesa. El atún de cola amarilla o el mahi mahi comparten mantel con mariscos de todo tipo. El plato rey de la gastronomía isleña es el tradicional curanto, en el que carnes y pescados se cocinan sobre piedras calientes cubiertas por hojas de plátano en improvisados hornos naturales.

 

shutterstock 1139346215Pascua. El moái maquillado

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El moái maquillado

El primer o el último día en Hanga Roa –inicio y fin de todos los caminos– puede dedicarse a probar estas exquisiteces y dirigirse después a Tahai para visitar el Museo Antropológico Padre Sebastián Englert, que conserva la esencia de la cultura rapa nui en miles de documentos y fotografías. Y caminar luego junto a la costa y sus pequeñas barcas de pesca, para terminar la jornada disfrutando de una puesta de sol en compañía de los impertérritos y misteriosos moáis. Entre elos sobre sale el moái reconstruido del Ahu Ko Te Riku, el único con ojos y pukao, un tocado de escoria del cráter del Puna Pau.

Rapa Nui

Mapa para encontrar los principales conjuntos de moáis e imprescindibles de Rapa Nui