Un Nantes y un después

Viaje a la Nantes más creativa

La inquietud intelectual y artística de esta urbe ha transformado su alma portuaria en un vergel de ideas muy atractivas para el viajero.

Tras el cierre de los astilleros en 1987 provocando una gran crisis y la llegada del joven alcalde Jean-Marc Ayrault en 1989, Nantes resurgió a partir de nuevos proyectos urbanos de vanguardia. No solo recuperó zonas industriales reconvirtiéndolas en espacios culturales, ha dado un paso más allá innovando. Ser una de las ciudades portuarias más importantes de Europa, con un pasado corsario, más tarde negrero, y finalmente la llegada de productos exóticos de todo el mundo, la ha convertido en una ciudad visionaria e imaginativa. Julio Verne, el gran novelista de aventuras e hijo natal de Nantes, posiblemente desarrolló también estás cualidades gracias a las historias de su maestra de escuela, esposa de marino, y las vistas del muelle desde su ventana. Sea como fuere, Nantes es una ciudad perfecta para un fin de semana con muchos atractivos que vale la pena descubrir. Del 7 al 1, estos son sus imprescindibles.

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Foto © MARTIN ARGYROGLO   LVAN. Un mirador con vistas... ¡al futuro!

Foto © MARTIN ARGYROGLO LVAN

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En el #7: Un mirador con vistas... ¡al futuro!

Desde la estación de tranvía Gare Maritime, subiendo por la colina de Saint-Anne, aparecen unas magníficas vistas a toda la ciudad. Dejando atrás las esculturas del capitán Nemo y Julio Verne de niño ubicadas delante del museo dedicado a este novelista, se alcanza el Belvédère de l’Hermitage. Este nuevo mirador de hierro y madera, diseñado por el artista Tadashi Kawamata, sobrevuela el vacío y evoca la forma de un nido de pájaros. Esta imponente plataforma servirá para disfrutar del árbol gigante que aún no existe. Se trata de Les Abres aux Hérons (el árbol de las garzas), una estructura de acero de 50 metros de diámetro y 35 de altura coronada por dos garzas concebida como un jardín por el que se podrá pasear. Aunque su inauguración está prevista para el año 2023, merece la pena acercarse hasta su emplazamiento y disfrutar del paisaje anexo, el Jardín Extraordinario, un parque vertical lleno de cascadas y árboles que es un viaje a los mundos oníricos que creó el genial Verne. 

En el #6: De barrio de hangares a laboratorio urbanístico

Foto: © Martin Argyroglo LVAN.

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En el #6: De barrio de hangares a laboratorio urbanístico

A pesar de ser una ciudad grande, Nantes es muy cómoda de visitar. Todo queda cerca y se recorre las zonas de interés a pie. Y es así como se llega a la Île de Nantes, a solo 10 minutos del centro, una isla en la que, hasta 1987, era el epicentro de la industria naval de la ciudad. Sin embargo, ahora se ha convertido en un foco creativo, exhibiendo un urbanismo vanguardista y muy atractivo. Un par de imponentes grúas de color amarillo pueden despistar al viajero pero están ahí para recordar el pasado industrial. Cruzando la pasarela Victor-Schoelcher que atraviesa el Loira, se llega directo al Palacio de Justicia de Jean Nouvel. Si se sigue la línea verde, más útil que Google Maps, se alcanza a l’Absence, un bar muy chic dentro de una especie de roca de hielo y con vistas al Loira. Muy cerca, se alza una de las construcciones más singulares de Nantes: el Air de Rolf Julius. Este artista, escultor y músico, ha creado una fachada que produce sus propios sonidos, en una suerte de edificio-instrumento musical fascinante. Tras escucharla, justo enfrente, se cruza un paso de peatones que se prolonga en las farolas. Aquí es como estar en el país de las maravillas del arte contemporáneo, en que todo puede pasar. La meta es llegar al final de la isla, en la zona del Hangar à Bananes, una zona de ocio repleto de bares y restaurantes que se ha convertido en uno de los lugares preferidos de los nanteses. Relajarse tomando algo al caer la tarde con vistas a la ciudad y al Loira, acompañado de la luz de la icónica instalación Les Anneux de Daniel Buren, puede ser una experiencia única.

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Foto: LVAN

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En el #5: Un palacio amurallado

El Castillo de los Duques de Bretaña es el gran monumento de Nantes y revela la gran importancia política que tuvo en su pasado. Considerado la guinda de la mítica ruta Castillos del Loira, se trata de un palacio de fachada renacentista y muros blancos rodeado de una muralla fortificada. Se accede por un coqueto puente que salva el foso flanqueado por las torres de la Palanca y de la Panadería, ambas del siglo XV. Pero antes de entrar, justo enfrente de este acceso, es obligado detenerse en la plaza Marc Elder, y fotografiarse junto la escultura de bronce de Ana de Bretaña, dos veces reina de Francia y mecenas, que incorporó elementos renacentistas. En cuanto a su interior, que nadie espere encontrar estancias al estilo Versalles pero sí 32 salas. A través de objetos como maquetas, mascarones de proa, libros, pinturas, pantallas multimedia, películas, etc repasan la memoria histórica de Nantes. Posiblemente es uno de los museos de historia más completos de Francia. Su visita merece, al menos, una mañana entera. Si no se dispone de mucho tiempo vale la pena recorrer la muralla fortificada de más de 500 metros y pasar por sus 7 torres defensivas con unas magníficas vistas a la ciudad. Como no podía ser de otra forma en la inquieta Nantes, cuenta con un plus innovador: un tobogán por el que deslizarse hasta el antiguo foso.

Passage Pommeraye, Nantes © Franck Tomps   LVAN

Foto: © Franck Tomps LVAN

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En el #4: La Nantes más parisina

Nantes no solo vive de arte contemporáneo, también ofrece ese glamour francés tan magnético para el viajero. La zona más parisina de esta ciudad se inicia en la rue Cambronne, un paseo ajardinado flanqueado por edificios neoclásicos en que sobresale la estatua de una niña inquieta subiendo (o bajando) de un pedestal. Desde aquí se sale directo a la plaza más vital y concurrida: la plaza Graslin. Aquí todas las miradas se dirigen al imponente Teatro Graslin (también ópera), de estilo neoclásico. En verano, una inmensa cortina de agua se desliza por su fachada creando un espectáculo visual y, además, refresca a los visitantes mientras toman la foto. Por muy dieciochesco que pueda parecer este lugar, Nantes siempre se las ingenia para romper con lo tradicional como, en este caso, con sus exóticas farolas que se asemejan a una palmera. Aquí es obligatorio entrar en la Brasseríe La Cigale y maravillarse con la exquisita decoración de estilo Art Nouveau. El recorrido continúa por la calle Crébillon, el eje comercial más chic de Nantes. Muy cerca, se abre en una esquina el Pasaje Pommeraye. Si en La Cigale uno se traslada a la Belle Epoque, aquí se viaja a la época del Romanticismo. Se trata de una suntuosa galería comercial acristalada de tres niveles presidida por una gran escalinata. El recorrido finaliza en la enorme y animada Plaza Royale donde sobresale una gran fuente en el centro con la escultura del Dios Neptuno que simboliza el pasado marítimo de Nantes.

Quai du village de Trentemoult. Rezé (Loire-Atlantique) © Jean-Dominique Billaud - Nautilus LVAN. En el #3: Un barrio ¡marinero!

Foto: © Jean-Dominique Billaud - Nautilus LVAN

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En el #3: Un barrio ¡marinero!

En una ciudad de pasado industrial donde predominaba el gris cuesta de creer que exista una colorida aldea de pescadores. Así es Trentemoult, la gran sorpresa de Nantes, un antiguo pueblo de pescadores ahora reconvertido en un pequeño puerto deportivo. Su encanto radica en que aquí no hay ningún monumento que visitar, ni tiendas de souvenirs, solo alguna de ropa y complementos de estética marina. Lo que resulta atractivo aquí es relajarse y deambular por sus calles estrechas de llamativas casas de colores. Después de callejear, es el momento de tomar una copa de Muscadet (el vino blanco más famoso de Nantes) en una terraza como la del restaurante La Civelle con vistas al río. Además, llegar hasta Trentemoult es igual de agradable que la visita ya que se accede mediante Navibus (transporte público) desde Gare Maritime en apenas 10 minutos.

Huang Yong Ping, Serpent d'océan, Saint-Brevin-les-Pins (France), oeuvre du parcours Estuaire Nantes  Saint-Nazaire © Franck Tomps   LVAN. En el #2: El estuario del arte

Foto: © Franck Tomps LVAN

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En el #2: El estuario del arte

Este espíritu artístico que tanto define el carácter de Nantes no se limita solo a su centro urbano. En dirección al oeste, siguiendo el discurrir del río Loira hasta llegar al océano Atlántico, aparece Estuaire, un novedoso recorrido artístico de arte contemporáneo al aire libre que llega hasta Saint Nazaire. En 60 kilómetros de recorrido se aglutinan 32 obras de arte permanentes que se reparten por la ciudad, y en ambas riberas. Son tan distintas entre sí y tan curiosas que vale la pena tomarse un tiempo observando cada una. La más fotografiada posiblemente es La Maison dans la Loire (casa en el Loira) del artista Jean-Luc Courcoult, que la define como un cuadro en tres dimensiones. No menos impactante es la obra Misconceivable, de Erwin Wurm, un velero que salta hacia el río lleno de vida huyendo de un cementerio de barcos. Quien prefiera ir más allá de la mera observación y formar parte de este recorrido artístico puede dirigirse al Château du Pé, un hotel en que cada una de sus habitaciones fueron creadas por seis parejas de artistas. Y como colofón, el esqueleto gigante de una serpiente marina (Serpent d’Océan, de Huan Yong Ping) que asoma en la playa.

La visita al Estuaire es libre y gratuita. Se puede ir en coche, en bicicleta o en barco (de abril a octubre) en que el recorrido dura dos horas y media, y se vuelve en autobús.

Les Machines de l'île, parc des Chantiers, Nantes © Franck Tomps   LVAN. En el #1: La isla donde duermen las máquinas

Foto: © Franck Tomps LVAN

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En el #1: La isla donde duermen las máquinas

Si todavía queda alguna duda de que Nantes es la ciudad más creativa e innovadora de Francia, solo hay que dirigirse a Les machines de l’Île. Se trata de un proyecto artístico sin precedentes, un mundo de fantasía que mezcla el mundo imaginario de Julio Verne, el universo mecánico de Leonardo da Vinci y la historia industrial de Nantes.

Un buen comienzo puede ser en La Galería de las Máquinas, una especie de laboratorio donde el viajero observa y hasta puede montarse en algún animal un tanto peculiar: una araña mecánica gigante paseándose a sus anchas, o una garza de ocho metros alzando el vuelo, e incluso una gran hormiga que camina.... Para acabar de entender el funcionamiento de las máquinas, hay que dirigirse a un mirador en que muestra el taller de los creadores de este mundo fantástico: Pierre Orefice y François Delaroziere. Dos artistas que proceden del mundo del espectáculo callejero y de las escenografías urbanas en Europa. Pero lo mejor espera afuera: el Carrusel de los Mundos Marinos y el Gran Elefante. El primero es un tiovivo gigante de tres plantas con bichos marinos muy surrealistas. El segundo, un paquidermo de hierro, madera y cuero con una altura de cuatro pisos, pero está más vivo que uno de verdad. La forma en que se mueve, gritando y lanzando agua por la trompa es todo un espectáculo.

Huang Yong Ping, Serpent d'océan, Saint-Brevin-les-Pins (France), oeuvre du parcours Estuaire Nantes  Saint-Nazaire © Franck Tomps   LVAN

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