Mucho más que Moscú

Viaje por el Anillo de Oro, el corazón de Rusia

Desde Moscú parte esta ruta donde aguarda la esencia más tradicional del país.

Los alrededores de Moscú, repletos de mansiones y dachas (residencias veraniegas) de hombres ilustres, guardan un sinfín de secretos sobre la vida en la capital. Algo más lejos, hacia el noreste, se encuentra una franja de terreno entre el Moscova, el Kliazma y el Volga, que desde hace unas décadas se conoce como el Anillo de Oro. Tierras negras extremadamente fértiles favorecieron allí el asentamiento temprano de tribus eslavas procedentes de la Rus de Kiev y de boyardos y príncipes que encumbraron sus ciudades, cuya expansión política, económica y religiosa fue definitiva para alumbrar Moscú y el imperio ruso.

 
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Sérgiev Posad: a un paso de la gran capital

Se inicia el recorrido en el sentido de las agujas del reloj y el primer alto, a solo 73 km de Moscú, es Sérguiev Posad. Destaca el monasterio de la Trinidad y San Sergio, que contiene una magnífica colección de iconos. 

 
Pereslavl-Zaleski

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Pereslavl-Zaleski: antes que Moscú

De allí, a una distancia similar, se encuentra Pereslavl-Zaleski, ciudad fundada en 1152 por el príncipe Yuri Dolgoruki, que cinco años más tarde puso los cimientos de Moscú. Sus monasterios e iglesias revelan la creciente importancia de la fe ortodoxa abrazada a finales del siglo x.

Rostov

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Rostov: parada y fonda

Situada a orillas del lago Nero, Rostov es una de las ciudades más antiguas de Rusia y un lugar excelente para hacer noche y disfrutar con calma del entorno y de su bello kremlin. 

 
Yaroslavl

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Yaroslavl: antiguo hogar de vikingos

A la mañana siguiente espera Yaroslavl, que procede de un asentamiento vikingo y se extiende a las orillas del Volga. Su casco histórico es un colorido conjunto de iglesias y monasterios que revelan el auge económico de la zona, que en el siglo xv, como casi todo el Anillo de Oro, pasó a formar parte del gran principado de Moscú, predecesor del imperio ruso. 

 
Kostromá

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Kostromá: lo más lejano

Kostromá, a 340 km de Moscú y sede del monasterio de Ipatiev, es el punto más lejano del recorrido.

Ivánovo

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Ivánovo: el armario de los zares

 Ivánovo destaca por ser el principal centro textil del imperio. Tejedoras y bordadoras vistieron tradicionalmente a los zares y cuando la ciudad se industrializó se integraron en sus fábricas.

 
Suzdal

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Suzdal: por partida doble

El anillo se completa con dos ciudades preciosas, Suzdal y Vladímir, dos auténticos tesoros en piedra blanca, Patrimonio de la Humanidad y muy turísticas, con muchos hotelitos y buena cocina. La más antigua y deliciosa es Súzdal, que formaba parte de la Rus de Kiev hasta su independencia y formación del principado de Rostov-Súzdal bajo el dominio de Dolgoruki. Su kremlin se yergue en piedra blanca desde el siglo xi sobre la orilla del río Kamenka y alberga, entre otros monumentos del mismo material, la catedral de la Natividad de la Santísima Virgen, con sus cinco cúpulas azules y la puerta dorada, ricamente decorada. 

La mayor curiosidad de este importante centro religioso –la villa perdió su relevancia cuando la absorbió Moscú al final del siglo xiv– son sus iglesias construidas por parejas, al igual que muchas viviendas, una de verano (iglesia fresca) y otra de invierno (cálida), compartiendo el campanario. Sus numerosos monasterios situados en los aledaños desempeñaron la función de vigías y bastiones de la ciudad antigua. Destaca el Monasterio del Salvador y San Eutimio, fundado a mitad del siglo xiv y uno de los más famosos por sus 12 torres, todas enormes y diferentes.

 
Vladímir

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Vladímir: el corazón del Estado ruso

Por último, Vladímir, considerado el lugar donde se forjaron sus valores culturales y religiosos. Nacida a inicios del siglo xii para proteger el principado de Rostov-Súzdal, pronto se convirtió en una fortaleza que absorbió Súzdal y una floreciente escuela de arquitectura y pintura. Sede de los obispos metropolitas rusos, su brillo se agostó, como el de todo el Anillo de Oro, cuando fue asimilada por el principado de Moscú. Pero si Súzdal es hoy un pueblito que vive del turismo, Vladímir es la capital del oblast (provincia) del mismo nombre, con una gran actividad industrial. En el centro histórico destacan la Puerta Dorada y la Catedral de la Asunción, con paredes de piedra blanca y cúpulas doradas, en cuyo interior se conservan algunos frescos del Juicio Final, pintados por Andréi Rubliov, cuya vida llevó al cine Andréi Tarkovsky.

Rostov