Vídeo: las Islas Canarias en siete playas únicas

No solo de vulcanismo vive este archipiélago, también de arenales que enamoran por su singularidad.

El maravilloso clima lleva marcando la vida de las Islas Canarias en las últimas décadas. El hecho de tener el sol garantizado durante todo el año ha hecho que el turismo sea el principal motor del archipiélago durante todo el año. Pero sería injusto reducirlo todo a una climatología benigna. La naturaleza aquí ha sacado su lado más creativo y original, con volcanes inquietos y bosques primitivos muy raros de ver en otros rincones del planeta. Un conjunto de microcosmos en el que las playas tienen también un escaparate único. Y es que si cada isla tiene sus peculiaridades, se podría decir que cada litoral tiene un acento playero diferente. 

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El catálogo de playas de Las Islas Canarias es, cuanto menos, de lo más variado. Por eso no es extraño encontrar en los litorales de estas ocho ínsulas un arenal para cada tipo de viajero en un abanico que hace que nadie se pueda aburrir. Para los que quieran inmensas explanadas de arena donde no parece haber pasado la humanidad, la playa de Cofete, en Fuerteventura, es perfecta ya que mantiene su virginidad protegida por las montañas que vertebran esta franja de tierra. Si llegar hasta aquí es toda una aventura sobre pistas de grava, difrutar de la naturaleza es, directamente, una experiencia de lo más primitiva. Algo parecido sucede en Maspalomas, con todo un enorme sistema de dunas que separan los resorts del litoral, aunque en este caso es una de las playas más conocidas de Gran Canaria.

En la otra vertiente están las calas y playas de la península de Papayo, en Lanzarote, una reserva natural en la que el mar ha dado una serie de mordiscos a la tierra, creando una sucesión de medias lunas que siguen siendo un secreto en la isla. No en vano, el paso de vehículos está controlado y es de pago mientras que la ausencia de infraestructuras grandes mantienen su virginidad. Algo parecido le sucede a la playa de Benijo, en Tenerife, aunque en este caso es su escarpada orografía la responsable de su fotogenia y, también, de su estatus de paraíso salvaje.

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Playa de las Teresitas, Tenerife. Foto: iStock

A medio camino entre lo civilizado y lo natural se encuentran tanto la playa de Las Teresitas como la de Corralejo. La primera, emplazada en Tenerife, es una media luna perfecta que se ha ganado el corazón de los vecinos de Santa Cruz de Tenerife, municipio al que pertenece el pueblito de San Andrés. La segunda, más que una playa, es un gran estadio deportivo donde los amantes de los deportes náuticos aprovechan los fuertes vientos para hacer sus virguerías. Eso sí, en esta ecuación no podría faltar la playa del Charco Verde, una de esas rarezas de Lanzarote que se han convertido en un destino geológico más que bañista.