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Vinos y mucho más en Rioja Alavesa

Viñedos, pueblos con encanto, paisajes, modernidad y algunas sorpresas convierten a la comarca alavesa en uno de los destinos más privilegiados de enoturismo en España.

El paisaje de la comarca más meridional del País Vasco apenas ha cambiado en el último siglo. Las vides, repartidas en pequeños pagos, salpican de forma anárquica un territorio que limita con la sierra de Cantabria al norte y con el Ebro al sur. Y allá donde asoma un collado se ubican pueblecitos que han permanecido impertérritos desde la Edad Media.

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Puerta de la ciudad -Laguardia

Foto: iStock

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Laguardia o cómo acceder a la Edad Media

Laguardia es el punto de partida ideal de este viaje por el magnetismo de su estampa, reinando sobre el mar de vides desde una posición que ya en el siglo xXII le sirvió para ser la principal defensa de la Sonsierra de Navarra. Fue entonces cuando comenzó una bonanza medieval que rápido salta a la vista. Sobre todo, gracias a las cinco puertas de la muralla que siguen siendo prácticamente la única forma de acceder a su enrevesado interior. Merece la pena entrar por el arco de Carnicerías porque, en un abrir y cerrar de ojos, se llega a la plaza Mayor, el corazón de la villa. 

La torre abacial anexa a Santa María de los Reyes, la casa de Félix María Samaniego –escritor del XVIII famoso por sus fábulas–, el estanque celtibérico del siglo i a.C. de La Barbacana y la iglesia de San Juan Bautista, notable por sus retablos y por su planta octogonal, completan el inventario de monumentos históricos de esta localidad. No obstante, sería un delito obviar la presencia del vino y de los numerosos calados que hay bajo las casas y que hoy se han adaptado para recibir visitas o para servir vinos y pintxos.

 
 
Santa María de los Reyes-LaGuardia

Foto: iStock

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Santa María de los Reyes: el medievo a todo color

La parada fundamental es la iglesia de Santa María de los Reyes (siglo xii) de Laguardia. Este impresionante templo medieval sorprende por sus dimensiones basilicales y por tener uno de los pocos pórticos policromados que mejor se conservan en la península, cobijado bajo un atrio abovedado añadido en el siglo xvi. Por mucho que las coloridas esculturas de su dintel y sus arquivoltas sean una exquisitez, la auténtica joya es la talla que da nombre al templo y que hipnotiza mucho más por su belleza casi helenística que por su emplazamiento en el parteluz. 

 

 

dolmen rioja alavesa

Foto: iStock

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Paisaje prehistórico

Las vides, especialmente esplendorosas al final de la primavera y tras la vendimia, acompañan cualquier carretera que surca este territorio. Incluso la que zigzaguea hasta llegar a Elvillar y que se desvía hasta el que tal vez sea el monumento más esotérico a este lado del Ebro: el dolmen de la Chabola de la Hechicera, un recinto funerario del año 5000 a.C. Su tamaño, sumado al adoquinado moderno que lo rodea, hace que sea el conjunto megalítico más sobresaliente de la zona. Pero no el único ya que, en paralelo a la sierra se pueden encontrar un total de ocho túmulos similares que atestiguan la presencia del hombre desde  hace milenios. 

 
ElCiego

Foto: iStock

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Un premio Pritzker entre vides

Subir hasta la ermita de San Vicente y vislumbrar desde lo alto la panorámica sobre Elciego es un hallazgo epifánico. La vista está compuesta, de arriba abajo, por las cumbres desnudas de la sierra de Cantabria, las torres de la iglesia de San Andrés y el «flequillo» ondulante del hotel Marqués de Riscal, obra de Frank Gehry, que fue todo un hito para la zona ya que introdujo en España el concepto de bodega arquitectónica. El ganador del premio Pritzker se inspiró en las crestas de las montañas para emular sus formas con planchas de titanio. El resultado fue una imagen icónica que, en ocasiones, eclipsa demasiado al resto de la localidad. Y es que Elciego atesora no solo la citada iglesia del siglo xvi, también casas nobiliarias y una bodega, Valdelana, en cuyas viejas cavas hay instalado un curioso museo etnográfico y natural. 

 
depósitos decorados

Foto: Javier Zori del Amo

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Y otras muchas sorpresas arquitectónicas

El impacto de la vanguardista bodega Marqués de Riscal, obra de Frank Gehry, fue tan potente que, tras su estela, han proliferado otros complejos vitivinícolas contemporáneos como Ysios, proyectada por Calatrava, o Baigorri, cuya arquitectura se adapta a la vinificación por gravedad. Solar de Samaniego ha transformado los olvidados depósitos de hormigón en lienzos para los retratos de vecinos a cargo del muralista Guido van Helten.

 
Calles  Labastida

Foto: Shutterstock

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Labastida, de abajo a arriba (o a la inversa)

Labastida es un perfecto broche final. Su modo de empleo es muy intuitivo: de abajo arriba, ya que se emplaza en la empinada ladera del cerro de la Mota. En sus primeros niveles ya aparecen calles empedradas flanqueadas por casas señoriales entre las que destaca el Ayuntamiento, una casona del siglo xviii tan neoclásica como elegante, y el palacio de los Salazar, hoy transformado en Casa de la Cultura. Eso sí, la sombra de la iglesia es muy alargada, y en este caso la imponente presencia de la iglesia de Nuestra Asunción capta toda la atención. Pero, más allá de su tamaño, lo que fascina de este templo es cómo juega con las proporciones renacentistas y los detalles barrocos, como queriendo usar cada corriente a su antojo creando una suerte de híbrido insuperable.

 
Labastida

Foto: iStock

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Un balcón ancestral

En lo más alto, la ermita del Santo Cristo, de estilo románico, devuelve al hombre a su lugar, y más teniendo en cuenta el mosaico de pagos que se extiende ante la mirada y que demuestra que, por muchos siglos que pasen, aquí todo baila al compás del vino, la piedra y las lunas.

Calles  Labastida

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