Algodón de azúcar: el dulce que inventó un dentista

De todos los colores y con forma de nube, esta delicia típica de las ferias se llamaba originalmente "hilo de hadas".

Entre los fogones italianos del siglo XV, algunos cocineros ponían en práctica algunas novedosas técnicas culinarias de repostería. Una de ellas consistía en calentar el azúcar para conseguir un líquido que se utilizaba para decorar sus creaciones. Más tarde, una receta de El ama de casa completa, de 1773, explicaba cómo, repitiendo el proceso de aquellos cocineros, añadía un paso más a la preparación y con la punta de un cuchillo dibujaba muy rápida y hábilmente un largo y fino hilo que colocaba alrededor de un molde. De esta manera, obtenía una especie de madejas dulces que formaba un nido o red.

Algodón de azúcar

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Algodón de azúcar

Se podría decir que esto fue el germen de lo que más tarde acabaría siendo el algodón de azúcar. No sería hasta finales del siglo XIX, concretamente en 1897, cuando dos estadounidenses solicitaron registrar una patente para una máquina que evolucionaría el concepto de El ama de casa completa y lo llevaría a otro nivel. Se trataba de William Morrison, un dentista, y John C. Wharton, un pastelero, ambos amigos y socios, que se aventuraron a presentar su creación en la Exposición Universal de París del 7 de diciembre de 1900. En la actualidad, ese día es en el que se celebra el Día Mundial del Algodón de Azúcar, en honor a sus creadores.

El auge del azúcar

Aunque el azúcar tiene una historia que se remonta al siglo I, en la India, no fue hasta la difusión del cultivo y la fabricación de una forma más industrial en las Indias y en América a partir del siglo XVI, y en especial, desde el siglo XIX con el desarrollo del azúcar de remolacha y otros edulcorantes. Este ingrediente tan dulce comenzó a hacerse popular en las cocinas y a abaratarse por su alta producción, con lo cual Morrison y Wharton vieron que aquel era el momento perfecto para probar suerte.

Algodón de azúcar
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“A quien pueda interesar, […] hemos inventado algunas mejoras en máquinas de caramelos”. Estas fueron las palabras con las que empezaba la solicitud de patente de los socios. La máquina, según explicaban en el documento, era “una sartén o recipiente giratorio con caramelo o azúcar derretido que hace que dicho caramelo o azúcar forme masas de filamentos como de hilo o de seda por la fuerza centrífuga, debido a la rotación del recipiente”. El resto es historia. Las hebras se recogen alrededor de un palo de madera, algo que facilita la forma de comer este esponjoso pero pegajoso dulce.

The Fairy Floss

Agua, azúcar, colorante, calor y fuerza centrífuga. Estas fueron las claves de lo que denominaron The Fairy Floss (hilo de hadas), nombre con el que presentaron este dulce, ya en América, en la feria mundial de St. Louis, en Wisconsin, en 1904. Según los periódicos de la época, los socios consiguieron hacer 68.655 ventas a 0,25 dólares cada una. El producto fue todo un éxito, y pronto otros empresarios decidieron subirse al carro de ese “hilo de hadas”.

Pocos años después de la primera presentación de la máquina, cuando esta estaba siendo presentada en París, Thomas Patton ideó una similar, pero con una especie de placa giratoria a gas, que hacía la tarea mucho más fácil y cuyo éxito hizo que mucha gente creyera, aún hoy en día, que fue él el primer inventor. Más tarde, en 1905, Albert D. Robinson registró otra patente, mejorando el sistema de calefacción de la máquina.

algodón de azúcar feria
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Pero fue realmente en 1921 cuando Joseph Lascaux revolucionó todo lo anterior, superando al resto de máquinas con su propio invento, que producía un dulce que bautizó como algodón de azúcar, nombre con el que se popularizó. Como curiosidad, en Francia se le conoce como barbe à papa (barba de papá), acepción que surgió de la popularización en los años 70 de unos dibujos animados con forma de nube rosa al que se llamaba Barbapapá.