Conca de kilo... y de vino

Conca de Barberá: monasterios, modernismo y cuevas entre copas

O lo que sucede cuando se mezclan vinos con mucha personalidad, una naturaleza caprichosa y muchas sorpresas medievales.

No hay motivos que expliquen el porqué la Conca de Barberà -Cuenca de Barberá en castellano- es una de las grandes Denominaciones de Origen (DO) más desconocidas del país. Y es que no son muchas las que puedan presumir de tener una ruta que aúne la viticultura con la arquitectura modernista ni un monasterio cisterciense que haya recuperado la labor vitivinícola.

 

La Conca de Barberá es un diamante en bruto. Es la combinación perfecta entre patrimonio, viticultura y cultura. Y muestra de ello son, por supuesto, las 23 bodegas que pertenecen a la denominación, pero también cada uno de los pueblos que inundan esta comarca como Poblet, Montblanc, Sarral o L’Espluga de Francolí. Una zona plagada de naturaleza e historia para descubrir en primera persona.

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iStock-1281150165. Vida monacal entre viñedos

Foto: iStock

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Vida monacal entre viñedos

Dentro de la Denominación de Origen Conca de Barberá se encuentra un monasterio cisterciense que ha recuperado la labor vitivinícola de los monjes a través de la pureza de la regla benedictina Ora et labora: el Monasterio de Santa María de Poblet, Patrimonio de la Humanidad desde 1991.

Se trata de una parada obligatoria, no solo en el ámbito cultural -fundamental para descubrir de cerca la historia y el patrimonio de la zona, así como para conocer un poco más sobre la vida monacal-, si no también en esta ruta del vino por la Conca. Y es que este es el único monasterio dentro de la Ruta del Císter habitado por religiosos -en su interior conviven 25 monjes cistercienses- y por ser el conjunto cisterciense habitado más grande de Europa.

La bodega del monasterio

Claustro de Santa María de Poblet © iStock

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La bodega del monasterio

¿Qué pinta un monasterio en una ruta del vino? No son pocos los templos donde antiguamente los monjes cuidaban de sus viñas para abastecerse de su propio vino. Concretamente en el del Poblet, en el siglo XII los monjes ya elaboraban sus propios caldos y algunas de las cepas que ahora se utilizan en la elaboración de los vinos de monasterio de Abadía de Poblet datan del siglo XV.

Esta bodega es la única de toda Cataluña que se ubica dentro de un monumento histórico, un dato que sirve para comprender la importancia de la labor de los monjes de la Órden del Císter -procedentes de Borgoña- y de su expertise en el ámbito del vino. Pues la Conca de Barberá es la única zona de la región que ha sabido mantener el cultivo de sus varietales autóctonos además de recuperar variedades locales como el trepat, el garrut y la garnacha, en lo que llaman Vinos de Monasterio. Además, como recuerdo de esas raíces vitivinícolas, el escudo de Poblet, luce un racimo de uvas y un tonel de crianza de vinos.

La ruta por la belleza de las bodegas modernistas

© Agrícola Barberá

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La ruta por la belleza de las bodegas modernistas

Los amantes del vino y la arquitectura encontrarán su espacio en la ruta de las conocidas Catedrales del Vino. Un recorrido que pasa por las siete bodegas modernistas que tiene la zona, fruto del fuerte arraigo cooperativista que surgió en la zona en los siglos XIX y XX después de que la filoxera arruinase a los trabajadores del campo. En ese momento se crearon los primeros sindicatos agrícolas, así como cooperativas y comenzó un movimiento social alrededor del viñedo al que le dieron forma diferentes arquitectos españoles.

El nombre de las Catedrales del Vino proviene de la grandeza de sus edificaciones, de la lucha contra el clero por lograr crear construcciones más altas que las iglesias. Ejemplo de ello es la bodega Cellers Domenys, diseñada por el arquitecto y discípulo de Gaudí Cesar Martinell, o la cooperativa agrícola de Nulles con la bodega Adernats, el máximo exponente de esta arquitectura, cuya imponente fachada deja perplejos a todos los visitantes que apan por allí. Espacios cuasi museísticos, en muchos casos todavía en uso, que forman parte de la historia y del patrimonio vitivinícola de la zona. Lugares a los que peregrinar, se sea o no amante del vino o de la arquitectura.

La inusual visita a una cueva

Cueva de la Fuente Mayor © Cova de L'Espluga

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La inusual visita a una cueva

Se puede viajar hasta la prehistoria si se entra en las Cuevas de L’Espluga de Francolí, una cueva descubierta hace XX años considerada con sus 3 kilómetros y medio de longitud una de las más largas del mundo -y eso que todavía queda una parte sin explorar-. Su formación fue a causa del paso de un río subterráneo, de ahí que al final de su recorrido se encuentre en lago hasta el que es posible acceder en su visita más aventurera: la que permite recorrer todo el río equipado de un neopreno, un casco y un frontal para llegar a darse un baño en el lago bajo la belleza de una cueva que fue habitada hace 36.000 años.

Una joya del medievo: Montblanc

Montblanc © iStock

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Una joya del medievo: Montblanc

Con kilómetro y medio, la muralla de la ciudad medieval de Montblanc es uno de los encantos de la localidad, por estar completa en su totalidad y por la conservación y el uso de sus torres defensivas. Y es que, con veinte metros de altitud, las 25 almenas de la muralla no sólo cumplen una función estética que completa la estructura de la muralla si no que hacen las veces de casa privada -con estancias pequeñitas y una media de siete alturas- o de espacio público para la divulgación de la historia de la villa. Si por curiosidad se quiere acceder a su interior, existe la posibilidad de conocer un poco más la historia de estas almenas convertidas en vivienda y de los vinos que se elaboran en la comarca de la mano de Vins de Pedra. Y es que, es en su misma casa es donde se realizan las catas privadas interurbanas de sus vinos, permitiendo a los visitantes descubrir sus referencias al tiempo que conocen más a fondo uno de los grandes atractivos de la villa, desde la bodega hasta la última planta con una azotea con vistas a la Conca.

Vinos de riada

Vinos de Barro de Celler Rendé Masdéu © Lucía Díaz Madurga

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Vinos de riada

Celler Rendé Masdéu es una de las bodegas que forman parte de la Denominación de Origen Conca do Barberá y una de las que guarda una de las historias de fortaleza más bonitas. En octubre de 2019 una riada se llevó por completo su bodega, dejándoles prácticamente sin producción y recuperando entre el fango, gracias a vecinos y amigos del pueblo, algunos de los vinos que arrastró el agua.

Tras esto, buscaron una nueva localización en una bodega sostenible y ecológica con una fachada original del siglo XIV que antes era un molino harinero propiedad de los monjes del Poblet. Nada más llegar allí, el visitante puede conocer los orígenes de la bodega y el desastre natural de aquella riada que ahora forma parte de su ADN y carácter con unas botellas que venden bajo el nombre de Vino de Barro y cuya esencia se encuentra dentro y fuera de la botella por el vino de su interior y por los restos del barro que la recubren por fuera.

Bodegas con historia

© iStock

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Bodegas con historia

Sanstravé es por sus dimensiones una pequeña bodega que, todo lo que produce, lo vende en su restaurante -catalogado como Bib Gourmand en la Guía Michelin-. Allí elaboran todo -puesto que además de elaboradores son cocineros-, desde el pan hasta los postres, y lo maridan con cada una de sus diferentes referencias además de la posibilidad de comprarlo directamente allí.

Los desayunos de cata son el punto fuerte de la bodega Josep Foraster. Una forma diferente de conocer una bodega y de descubrir sus vinos con un almuerzo típico de la zona: Pan tumaca con panes tradicionales y aceite propio, embutidos y quesos. Todo ello maridado con vinos frescos y fáciles de beber. Tampoco se queda atrás el evento que cada tercer viernes de agosto organizan en la bodega Carles Andreu y en el que cada año sorprenden con un concierto de jazz, de góspel o una obra teatral a todos sus asistentes mientras disfrutan de una visita y una degustación de sus vinos. Pero, si lo que se busca es conocer más sobre las variedades más ancestrales de la zona, querol y garró, no puede faltar una visita a la Bodega Torres. Allí el visitante descubrirá de primera mano el proyecto de recuperación de variedades antiguas que inició el Señor Torres cuando a principios de los 80 estudiando en Montpellier descubrió que había cepas perdidas que habían superado la filoxera.

Bodegas con historia