Suiza en la mesa

Murten está para comérsela

Un sabrosísimo recorrido por una gastro-meca inesperada

Lo retazos de la historia, la esencia de sus calles y la naturaleza de sus alrededores caracterizan la gastronomía de Murten de principio a fin.

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Foto: Suiza Turismo

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Puente de influencias

A los pies del lago Murtensee, se encuentra una pequeña ciudad perteneciente al cantón de Friburgo, conocida como Murten -en alemán- o Morat -en francés-. Es la capital del distrito de los Tres Lagos y un puente entre las culturas y los idiomas que se hablan en todo el país: alemán, francés, italiano y romanche, una lengua nacional retrorrománica proveniente del latín que une más de 20 dialectos. Su centro histórico mantiene la misma estructura de la ciudad que fue en el siglo XII, cuando Bertoldo IV la fundó: tres largas calles paralelas y una transversal rodeadas por una muralla. Aunque fuera de ellas ha crecido, su pasado medieval perfectamente conservado, permite hacerse una idea de lo que fuera en antaño a través de sus calles empedradas, sus casas hechas de piedra y madera y los retazos del barroco y del gótico tardío que proclaman sus iglesias y edificios oficiales.

Foto: Suiza Turismo

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Mucho más que chocolate y queso

En este paraje lleno de naturaleza que tiene por fondo los Alpes suizos, su gastronomía no se queda relegada a los quesos y al chocolate. Murten se nutre de lo que sus alrededores le ofrecen para crear una cocina exclusiva de zona de interior que produce sus propios vinos, cultiva y distribuye la mitad de los vegetales del país y bebe de la historia que lleva a sus espaldas.

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La huerta de Suiza

En la parte norte de Murten, en la región de los Tres Lagos, se encuentra el área de cultivo de verduras y hortalizas más grande de Suiza. Una tierra que en la actualidad provee del 40% de las verduras y hortalizas que se compran en los supermercados de todo el país y que bien merece una visita.

 

Esta área, de explotación agrícola y de cultivo ecológico conocida como el gran Moos, surgió como consecuencia de las correcciones que se realizaron para bajar el nivel del agua de los lagos durante los siglos XIX y XX. Y es que, lo que antes era agua ahora es una extensa zona llena de plantaciones e invernaderos que sorprenden por su magnitud y que no hacen dudar ni un solo instante de la calidad de sus productos.

Foto: Gutknecht Gemüse

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Vuelta a lo 'slow'

Por eso, hay quienes se acercan hasta los distribuidores con el objetivo de llevarse las verduras recién recolectadas de sus huertas. Es el caso de Gutknecht Gemüse, una empresa ecológica que vende a Aldi 80.000 kilos de tomate a la semana y 15.000 pepinos al día y que cuenta con una pequeña tienda en medio del campo para todos aquellos que quieran acercarse a comprar hasta allí. “Los productos locales cada año van mejor porque la gente es cada vez más consciente de la importancia de comprar productos de proximidad. Los jóvenes han empezado a salir a la calle para concienciar sobre el cambio climático, algo que también afecta a la compra local. Cuando te centras en lo local utilizas menos transporte y generas menos basura y, además, nuestros productos son ecológicos. La gente quiere saber lo que come y de dónde viene”, explica uno de los directores de Gutknecht Gemüse a Viajes National Geographic.

Foto: Gutknecht Gemüse

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Toma tomate

En sus invernaderos plantan 27 tipos de tomates cada año. Son grandes, rojos y brillantes y sus cultivos se alternan con pimientos, rojos y amarillos, berenjenas y pequeñas macetas de albahaca. “La diferencia es que, cuando nosotros cortamos los tomates, en dos o tres horas los tienes en las tiendas de todo el país. Cuando el producto viene de otros países, lleva mucho tiempo viajando en cámaras frigoríficas. En el caso de los tomates, al tenerlos tanto tiempo en frío, el azúcar que contienen desaparece y, aunque por fuera tenga buena pinta, saben a agua. Lo que les diferencia de los nuestros no es la forma de cuidarnos ni de hacerlos crecer, sino que se comen a las dos horas de ser recolectados”, aclara haciendo hincapié en un hecho relevante a la hora de entender el por qué del aumento del consumo local. Y es que tener un buen producto, recolectado y servido, en menos de veinticuatro horas en las tiendas de todo el país es el símil de tener la huerta en casa.

Foto: Suiza Turismo

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Entre viñedos

Con vistas a los Alpes, justo en frente de Murten pero al otro lado del lago, se encuentra el monte Vully. Una zona de esta provincia llena de pequeños pueblecitos de habla francesa rodeados por 150 hectáreas de viñedos en las que se producen alrededor de 30 especialidades de vinos. Blancos como Pinot Gris, el Gewürztraminer, Freiburger Chardonnay o el Sauvignon Blanc. Y tintos como Merlot, Diolinoir, Gamaret o Gamay. Es la región más pequeña de Suiza en la que se produce vino, de hecho, sólo un 1% del total del vino producido en el país procede de aquí. Pero, a pesar de ser una cifra tan pequeña, cuenta con Denominación de Origen propia, Le Vully, y es uno de los más apreciados de la región.

Foto: Suiza Turismo

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Ciclogastroturismo

Ésta, además de ser zona de viñedos, es zona de trekking como toda la que rodea Murten. Por eso y por la importancia que esta actividad tiene en el ocio de los suizos, se han preocupado de crear una red de rutas para hacer a pie o en bicicleta. Existen diferentes formas de recorrer la provincia, bordear su lago y de disfrutar de su entorno y su gastronomía. Lo más sencillo es hacerlo en bici ya que todas las estaciones de tren permiten el alquiler de bicicletas eléctricas y la app móvil Schweizmobil, facilita las diferentes rutas guiadas por geolocalización. De esta manera locales y visitantes pueden crear su propia ruta, andando o en bici, con el objetivo de adaptarla a sus gustos y permitiendo conocer la región de una manera diferente.

Foto: Suiza Turismo

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Añadas y añadas

Una de estas caminatas atraviesa los viñedos de Vully y permite conocer construcciones fortificadas y cuevas que se construyeron y utilizaron durante de la Primera Guerra Mundial. Concretamente cruza las viñas de Cave Guillod, una de esas pequeñas bodegas que producen vino desde 1931. Su viticultor, Cédric Guillod y su mujer, organizan visitas a sus viñedos y catas acompañadas siempre de gâteau du Vully, un pastel legendario del Vully con bacon y comino que hacen en su cocina expresamente para cada grupo de visitantes.

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Un final abizcochado

Un poco más abajo de su bodega, a orillas del lago Murtensee, se encuentra Bel-Air. Un hotel restaurante con vistas al embarcadero en el que probar uno de los platos más tradicionales de esta zona: los filetes de perca de lago, pescados allí mismo frente al restaurante. Los sirven fritos o cocinados en mantequilla y acompañados, siempre, con patatas fritas cortadas a mano. La guinda es una especialidad de la zona como el “Nidelkuchen”, un bizcocho a la crema que se prepara en la panadería Aebersold, de Murten. Pero, para probarlo, hay que volver al casco histórico, y qué mejor forma de hacerlo que cruzar el lago en barco y aprovechar para descubrir Murten desde otra perspectiva, la del agua.

Viaje al origen

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