Gastronomía terruña

Gastroturismo por Madrid: Productos que merecen una escapada

La variedad y riqueza gastronómica de la Comunidad de Madrid protagoniza más de un viaje en el que el 'souvenir' se saborea.

Es momento de explorar lugares próximos, de descubrir lo que esconden los pueblos más minúsculos y recónditos, en términos culturales, arquitectónicos y, cómo no, gastronómicos. Madrid tiene mucho que ofrecer, de la Sierra Norte o la Oeste a la Comarca Sur, pasando por la Cuenca del Henares hasta llegar al Área Metropolitana. Porque en cada una de las zonas se esconden productos concretos de los que disfrutar y hacer acopio para cuando lleguen las celebraciones.

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Una de aceitunas de mesa al centro

© iStock

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Aceitunas de mesa al centro

Uno de los aperitivos de mesa más afamados de Madrid son las aceitunas de Campo Real, que cuentan además con su denominación homónima, Denominación de Calidad Aceitunas de Campo Real.

Sus variedades responden a Manzanilla de Campo Real y a Manzanilla Cacereña y su particularidad es su aderezo artesanal preparado con botánicos y tubérculos de la zona como tomillo, hinojo, laurel, cominos, orégano y ajos. De hecho, no hay un aliño concreto, si no que cada productor lo elabora a su gusto haciendo de este bocado su propio producto secreto.

Un vino con el que merezca la pena brindar

© Bodega Marañones

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Un vino con el que merezca la pena brindar

Son 12.000 las hectáreas dedicadas al viñedo en Comunidad de Madrid y, de ellas, 8.900 pertenecen a la Denominación de Origen Vinos de Madrid. En ella se encuentran recogidas 51 bodegas ubicadas en las subzonas de Arganda, Navalcarnero, El Molar y San Martín de Valdeiglesias. Es esa última zona es donde se encuentra la bodega Marañones, concretamente en Pelayos de la Presa, una bodega que muestra su respeto a la vid y a las diferentes variedades de uva y formas de cultivarla con el fin de mantener y transmitir aquello que trae la uva de cada una de las viñas.

De su producción llama la atención que elaboran dos vinos blancos, cinco tintos y uno dulce, bajo la estructura piramidal borgoñana obteniendo desde vinos de pueblo o de comarca a vinos de paraje y parcela. Picarana, Pies descalzos, Marañones, Peña caballera y 30.000 Maravedíes son algunos de sus caldos más llamativos.

Para picotear, un buen queso

Queso La Cabra de Botas © La Cabezuela

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Para picotear, un buen queso

En Fresnedillas, al oeste de San Lorenzo de El Escorial se encuentra la quesería La Cabezuela, donde producen desde hace casi treinta años quesos gourmet singulares a base de la leche de las cabras que pastan en la sierra de Guadarrama.

Su queso más especial es La Cabra de Botas, un queso de pasta blanda y corteza enmohecida, de sabor fresco, un pelín ácido y con un leve toque a Roquefort, en el que se encuentran los sabores de la leche de cabra que ha pastado por los campos comiendo bellotas, tomillo, brezos y gramíneas.

Cerveza a lo ancho y largo de la Comunidad

© Cervezas La Virgen

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Cerveza a lo ancho y largo de la Comunidad

Madrid es una comunidad de tradición cervecera, no cabe la menor duda. Y la conjunción de los sustantivos tapa y cerveza siempre van juntos. Si bien es cierto que el consumo de cerveza en la península ya venía desde la prehistoria, no fue hasta el siglo XVI cuando con Carlos I se introduce esta bebida tal y como la conocemos hoy en día.

Sin embargo, más allá de las marcas cerveceras tradicionales conocidas de sobra por todos, se han ido asentando cada vez más marcas como La Cibeles (Leganés), La Virgen (Las Rozas), La Verbena (Valdemoro), Malasaña (Madrid Capital) o Cervezas Villa de Madrid (Rivas-Vaciamadrid) permitiendo a los amantes del zumo de cebada ampliar su campo organoléptico en el mundo de la cerveza.

Lo que nunca puede faltar: el pan

© Levadura Salvaje

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Lo que nunca puede faltar: el pan

Alcalá de Henares merece una visita en sí misma y aprovechar para probar y comprar pan, dulces y repostería a Levadura Salvaje, finalista en varias ocasiones de la Ruta del Buen Pan de Madrid.

En su obrador, a las afueras del casco histórico, elaboran panes de diferentes tipos con masa madre natural y harinas ecológicas molidas a la piedra. Además, los largos periodos de reposo de las masas, entre 18 y 20 horas, hacen que tengan un menor índice glucémico al tiempo de potencian todo su sabor. Un pan de siempre, de esos de “toma pan y moja”.

Un dulce por pueblo

Rosquillas © iStock

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Un dulce por pueblo

La pastelería tradicional madrileña esconde numerosos manjares no aptos para amantes de lo light y la dificultad reside en quedarse solo con uno.

En Alcalá de Henares se elaboran los típicos Penitentes de Alcalá y las almendras garrapiñadas de las monjas. En Morata de Tajuña, los Pasioncitos, unos dulces tradicionales de Semana Santa coronados con una chocolatina que lleva el logotipo de La Pasión de Jesús. O los Bartolillos, parecidos a las empanadillas pero rellenas de crema pastelera. Todos ellos se encuentran recogidos bajo el Sello Artesano de Calidad, incluso los dulces más típicos de la capital -como los barquillos, las rosquillas, las tejas y los pestiños- con el objetivo de identificar y apoyar a las pastelerías de la Comunidad de Madrid que elaboran sus productos de forma tradicional y artesana. Además, la ventaja es que la mayoría se pueden encontrar en las pastelerías más típicas de la región.

Brindar con (y por) Chinchón

© Chinchón

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Brindar con (y por) Chinchón

Chinchón, además de ser uno de los pueblos más bellos de la Comunidad de Madrid, es el nombre de una bebida espirituosa que se elabora en esa localidad. Concretamente, se trata de un destilado que nace de la maceración de anís verde y que da lugar a cuatro variedades: dulce, seco, seco especial y extraseco.

Sin embargo, esta bebida no es algo nuevo, si no que viene desde hace más de dos siglos pero no fue hasta 1911 cuando más de 300 agricultores decidieron fundar la Sociedad Cooperativa Alcoholera de Chinchón para elaborar y embotellar de manera industrial este anís que en la actualidad cuenta con la Denominación Geográfica Chinchón.

Una de aceitunas de mesa al centro

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