Enoturismo sin vértigo

Lavaux: guía para disfrutar de un viñedo único

Entre Lausanne y Montreux, la ribera norte del lago Lemán triunfa en catas... y en Instagram.

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Lavaux2017(c)MaudeRion-101.  Los tres soles

Foto: Maude Rion

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Los tres soles

Es imposible esbozar Lavaux y no hablar de un milagro. La arqueología vinatera habla de que fueron los romanos los que empezaron a cultivar la vid aprovechando la ribera más soleada de este lago y que, a lo largo de los siglos, monjes y agricultores han ido esculpiendo este paisaje a base de terrazas donde las cepas crecen burlando a la gravedad. En paralelo, las costumbres, fiestas y tradiciones en torno a este tipo de agricultura heroica ha generado un folclore propio con símbolos como los tres soles, el emblema del lugar, que simboliza las diversas formas en las que la viña recibe los rayos de este astro: de forma directa, reflejados en el agua y almacenados en las rocas que cierran cada bancal. Toda esta cultura y tradición hizo que en el año 2007 Lavaux fuera declarado Patrimonio de la Humanidad, siendo el décimo paisaje vinícola en conseguirlo.

Lavaux-general-2012-NL(c)GrégoireChappuis gc-photo. Una vertiginosa introducción

Foto: Grégoire Chappuis/gc-photo.ch

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Una vertiginosa introducción

En Lavaux ya no hay sitio para nada… literalmente. En primer lugar, porque la orografía del lugar, con sus pronunciadas laderas, apenas da margen para construir una plaza o un edificio más o menos extenso. Y en segundo lugar, porque cada metro cuadrado está cotizado y destinado a elaborar unos vinos que gustan, y mucho, en los restaurantes y bares de toda Suiza. En términos wineloverísticos, este vino tiene el handicap de su precio, lo que limita la exportación y su reconocimiento en todo el mundo. Pero volviendo a Lavaux, la falta de terreno hace que no haya un gran complejo vinatero, ni siquiera una bodega gigantesca que cope portadas por su fotogenia. Eso sí, no falta un centro de interpretación, Lavaux Vinorama que recibe a viajeros de todo el mundo para ofrecerles catas y explicaciones sobre las singularidades de estos caldos y de su uva madre, la Chasselas. Una degustación que se complementa con la visualización de la película Une Année vigneronne en la que, en pases de 20 minutos y en español, se explica cómo es un año en la vida de un viticultor. Su ubicación en sí ya es una declaración de intenciones y una demostración de aprovechamiento de espaci:, al final de un torrente a las afueras de Saint-Saphorin donde antes había un molino de agua.

iStock-1037036718. Mejor en tren

Foto: iStock

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Mejor en tren

Si Suiza existe como país es por su amor al chocolate, su pasión relojera y su red de transportes ferroviarios. De ahí que este medio de transporte sea el mejor vehículo para surcar estas cataratas de vides. ¡Y encima hay trenes para todos los gustos! La experiencia más inmersiva es sumarse a la rutina de los pasajeros que, todos los días, van de Vevey a Chexbres a bordo de los convoyes de la línea S7. Esta línea de cercanías, más allá de conectar ambas localidades, sorprende porque su trazado va atravesando los pagos más magnéticos, haciendo que un breve trayecto se transforme en un un espectáculo natural que se va desvelando al otro lado de las ventanillas. Ya en Chexbres espera un pequeño laberinto de caminos asfaltados que, si se siguen en dirección al lago, acaban desembocando en el Vinorama.

 

Más allá de la línea de transporte público, hay otra alternativa con vagones y chimenea. Eso sí, sus caminos no son de hierro, ya que tanto Lavaux Express como Lavaux Panorama utilizan trenes eléctricos para llevar a los viajeros a través de viñas, miradores y caminos que solo los viticultores conocen y surcan con sus tracassets. Puede parecer muy guiri la experiencia, pero el recorrido que diseñan merece mucho la pena.

Lavaux2017(c)MaudeRion-25. Pasito a pasito

Foto: Maude Rion

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Pasito a pasito

Luego está el placer de mezclar turismo activo con panorámicas inolvidables. Con las viñas como protagonistas, Lavaux tiene hasta 15 senderos diseñados para todo tipo de excursionistas, desde los que buscan un recorrido sencillo como el ya citado entre Chexbres y el Lavaux Vinorama hasta los que pretenden explorar sus límites recorriendo los 36 kilómetros que hay entre Lausanne y el castillo de Chillon. Todos ellos están registrados en una app desarrollada por el gobierno local donde no solo están las rutas, también hay una pequeña guía con curiosidades y puntos de interés. Eso sí, para los que prefieran no ir por libres, desde el mismo Vinorama se organizan pequeñas caminatas que acaban con la visita de una bodega y su correspondiente degustación.

IMG 4940. El vino en su casa

Foto: MontreuxRiviera.com

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El vino en su casa

Sí, en Lavaux todo sucede al aire libre, lo que no quita que no haya bodegas que sí que saben sacarle partido al enoturismo. Es el caso de Jomin Vins, que presume de tener la sala de barricas más bella de la región donde organiza catas y eventos en el corazón de Dézaley, uno de los Grand Cru más cotizados. Por su parte, tanto Burignon como Domaine Bovy (en la imagen) lo apuestan todo a sus habitaciones y a su terraza con vistas para una experiencia total mientras que Les Frères Dubois cuentan con un pequeño Chateau donde degustar sus creaciones al que le llaman, con cierta bravuconería, el pequeño Versalles.

iStock-855821032. El viñedo desde el lago

Foto: iStock

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El viñedo desde el lago

No solo el sol se refleja en las aguas reposadas del Lemán. Las vides y sus terrazas también contrastan con el lago de una forma arrebatadora e imprescindible. Lo bueno, además, es que disfrutar de estas panorámicas no está destinado solo a propietarios de barcos o a Briatores presumidos. Las diferentes líneas lacustres de transporte público que comunican las localidades ribereñas son el mejor medio (y el más asequible) para ir de puerto en puerto disfrutando con calma de cada recodo, de cada ladera, de cada mini bahía.

 Lavaux2017(c)MaudeRion-7554. Encanto rural

Foto: Maude Rion

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Encanto rural

Lavaux también es lo que pasa en sus pueblitos. No, no tienen el encanto de los hallazgos alpinos ni la primera impresión que causan las aldeas medievales que pueblan las llanuras y los lagos del norte del país. Sin embargo, sí que merecen un pequeño paseo entre iglesias y casas que, sin ser históricas, sí que han sabido guardar cierto encanto cromático. El absoluto protagonista de todos los rankings al respecto es Saint-Saphorin por su indiscutible tridente de callejones adoquinados, casas de piedra y una iglesia, dedicada al santo que pone nombre al pueblo, cuyo campanario ejerce de emblema. Otros buenos ejemplos con Cully y su encantador muelle, Lutry y sus callejuelas o Epesses y sus mansiones inesperadas.

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Lavaux: guía para disfrutar de un viñedo único

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