Una isla para comérsela

Menorca es una fiesta... gastronómica

Es el momento de fijar el radar comidista en el norte del archipiélago para descubrir sus mejores mesas.

Mucho se habla de sus hermanas mayores, Ibiza y Mallorca, pero ¿qué hay de Menorca? Es una isla inimitable, dispuesta estratégicamente al norte de las Baleares. Los menorquines han sabido hacer gala del regalo que la naturaleza les ha entregado: calas recónditas, aguas de mil tonos de azul, playas paradisíacas de arena blanca, vegetación mediterránea... Lo que le ha valido la distinción como Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Sin excesos, sin estridencias y con multitud de estímulos para todos los sentidos. Es la isla perfecta para desconectar del mundo. Menorca es para descubrirla y vivirla por otro de sus grandes tesoros, la gastronomía.

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Ocho platos para saborear Menorca

Desde hace siglos los payeses trabajan la tierra, los pescadores el mar y los ganaderos laboran para conseguir uno de los tesoros gastronómicos de la isla, el queso artesano de leche cruda de la D.O.P Mahón-Menorca. Pero Menorca son también sus restaurantes, esos que año tras año enarbolan una cocina propia, interesante, marinera y con la impronta de todas las civilizaciones que han pasado por la isla. Estos son los mejores:

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Sa Llagosta y -cómo no- su langosta

Foto: Sa Llagosta

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Sa Llagosta y -cómo no- su langosta

¿Quién no oye hablar de la cocina de Menorca e inmediatamente piensa en sus langostas? No en vano, el plato más famoso de la isla es indiscutible, la caldereta de langosta. Una receta que comenzó siendo comida de pescadores y se preparaba con morralla, hoy ha alcanzado la categoría de manjar con sello propio menorquín. Y es precisamente este plato y otros tantos, los que David de Coca ensalza en Sa Llagosta. Su restaurante, ubicado en primera línea del puerto de Es Fornells, traspasa fronteras. Viaja desde Menorca al resto del mundo.

Y también lo hace su cocinero, que durante el invierno cierra las puertas del restaurante y se dedica a cocinar junto a los mejores chefs y comer por todo el globo. ¿El resultado? Nuevas recetas cada año, con influencias de aquí y de allá, sin olvidar sus raíces menorquinas. Es el caso del pincho de pulpo y callos con salsa anticuchera, recuerdo de un viaje a Perú o un ceviche de pescado de roca. Sin duda, la estrella de la casa en la langosta. Al horno gratinada con all i oli, plancha, salteada, hervida, brava, con civet, en ramen... Así hasta más de una decena de recetas donde el crustáceo es el protagonista. ¿La más célebre? La caldereta de langosta, un guiso con fundamento, por muchos considerada como la mejor de toda la isla. No muy lejos de allí, el cocinero regenta Ses Salines, un restaurante en el Club Naútico de Fornells, donde tomar pescados y mariscos de la isla y fantásticos arroces.

Sala Sa Pedrera. De merendero a imprescindible: Sa Pedrera d'Es Pujol

Foto: Sa Pedrera d'Es Pujol

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De merendero a imprescindible: Sa Pedrera d'Es Pujol

Tras un paseo Binica Vell, que a pesar de su encanto, muchos conocen como 'la gran mentira' menorquina al tratarse una reconstrucción de los 70 que emula un tradicional pueblo de pescadores, el destino es el cercano San Luís. Este año, Sa Pedrera d'Es Pujol cumple su 50 aniversario. Pero no siempre fue el restaurante que hoy se conoce. Primero una cantera de marés, después un merendero menorquín, para pasar, en 2003, a convertirse en uno de los mejores restaurantes de la isla. ¿Los artífices? Daniel Mora y Nuria Pendás, un pareja de asturianos que han tomado la gastronomía menorquina por bandera. Y así lo expresan en sus platos, que beben directamente de la tradición y la riqueza de la isla. Prueba de ello son platos como la clásica sopa oliagua, un plato de origen humilde que se elabora como una sopa de tomate, acompañada de helado de higos, la sobrasada de bufeta que añejan durante cuatro años y sirven con quelitas (galletas saladas), el perol de raya al forn (elaboración menorquina) o su formatjada deluxe, ternera cocinada a modo de Wellington en masa de coca. Los postres siguen identificando la isla, en elaboraciones como la revolución del queso Mahón-Menorca presentado en diferentes texturas o un refrescante helado de pomada, con sopa de melón y piña confitada.

Es Molí de Foc y los mejores arroces de la isla

Foto: El Molí de Foc

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Es Molí de Foc y los mejores arroces de la isla

Muchas veces, alejarse del mar tiene premio. Menorca no es una isla donde todo suceda junto al mar, por lo que el interior también puede ser maravilloso. Y así se constata en Es Molí de Foc, un restaurante ubicado en un antiguo molino, en el pueblo de San Climent. ¿A los fogones? El valenciano Vicent Vila, que ha sabido unir lo mejor de su tierra con los productos que Menorca le ofrece. Así, prepara una gran variedad de arroces secos y caldosos. Arroz negro, a banda con gambita, paella de pato y albóndigas, caldoso de langosta... Además, contigua al restaurante, tienen un espacio donde fabrican su propia cerveza artesanal que también puede degustarse allí m

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Foto: Café Balear

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De la barca -propia- a la mesa: Café Balear

Nada menos que tres generaciones han sido las que han estado al frente del mítico Café Balear. Su cercanía al puerto de Ciutadella hizo que fuese uno de los lugares preferidos de los pescadores para descansar y tomar fuerzas antes de empezar su jornada laboral. Más tarde, se transformó en lo que es hoy en día, un restaurante donde el servicio es excelente y la cocina sobresaliente. Uno de sus puntos más interesantes, es que el restaurante cuenta con barca propia, la Rosa Santa Primera, que desde hace más de 20 años, faena los mares y surte las cocinas del Café Balear con los mejores pescados y mariscos frescos de las costas menorquinas. Gambas de Ciutadella, escupiñas, ortigas de mar, chipirones... son los perfectos entrantes, para continuar con algún pescado fresco del día o con la langosta en sus diferentes versiones: caldereta, arroz caldoso, con huevos y patatas y la especialidad, la langosta con cebolla, un guiso que empiezan a preparar en el mismo momento en que empiezan a coger calor los fogones de esta casa.

Non2. Mon, la sorpresa de Ciutadella

Foto: Restaurante Mon

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Mon, la sorpresa de Ciutadella

En la parte alta de Ciutadella se encuentra un restaurante que a simple paso puede pasar desapercibido. Y qué grata es la sorpresa cuando se traspasan sus puertas. Se trata de Mon, restaurante y fonda, un espacio que aúna comedor y un pequeño hotel boutique. El artífice de tan interesante proyecto, no es otro que Felip Llifriu, natural de Menorca. Trabajó en las cocinas de El Celler de Can Roca, para más tarde convertirse en jefe de cocina del hoy extinto Roca Moo. En 2014 sintió la llamada de su tierra y volvió a Menorca. Hoy en Mon, practica una cocina elaborada con producto de proximidad, que bebe de la tradición menorquina, sin dejar de lado la modernidad culinaria. El hecho de conocer cada producto y productor hace que su carta sea cambiante. Aunque hay platos que llegaron para quedarse, como es el caso de un fantástico carpaccio de gamba roja de Menorca con sorbete de albahaca, el calamar relleno a la menorquina, el arroz de conejo con espardenyes, el bacalao con borrida, un plato recuperado del recetario del siglo XVIII o su cochinillo deshuesado, acompañado de salsa de naranja amarga, sobrasada y boniato. Otro de sus hits es el carro de quesos, donde presentan una decena de referencias, todas procedentes de Menorca, que acompañan con confituras caseras.

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Menorca es una fiesta... gastronómica

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