¡Viva Francia!

Motivos por los que la baguette francesa ya es Patrimonio Inmaterial Cultural

La Unesco acaba de introducir la elaboración francesa en un listado con más de 600 tradiciones.

La baguette, uno de los grandes símbolos de la gastronomía francesa y una de las variedades de pan más conocidas del mundo, es ya Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Un premio que celebra el saber hacer de los panaderos y pasteleros galos que llevaban años luchando, junto al mundo de la gastronomía, por su reconocimiento.

Baguette

baguette

Un alimento clave

Común a todas las culturas, el pan es el producto básico y fundamental sobre el que se han sustentado a lo largo de la historia las diferentes dietas. Un alimento que ha ayudado a sobrevivir a hambrunas y a guerras, al tiempo que se le ha conseguido elevar a la categoría gourmet y ahora, también, a Patrimonio Inmaterial.

Con este nombramiento, la baguette se une al listado de más de 600 tradiciones, de entre más de 130 países, que forman parte de Patrimonio Inmaterial Cultural. “Es un ritual diario, un elemento estructural de la comida, sinónimo de compartir y convivencia. Es importante que estas habilidades y hábitos sociales sigan existiendo en el futuro”, dice Audrey Azoulay, directora general de la Unesco.

La historia de la baguette

La popularidad de la baguette llegó a Francia en los años 20, cuando a raíz de la aprobación de una ley sobre la jornada laboral nocturna en la que no se permitía trabajar antes de las 04:00h de la mañana, los panaderos tuvieron que cambiar sus horarios y su manera de trabajar para lograr reducir los tiempos de cocción de sus masas y tener pan recién hecho para la hora del desayuno. Para ello, y sin modificar las cantidades, alargaron y estrecharon sus masas creando barras de pan más finas y alargadas, con una longitud de entre 60 y 70 centímetros, una anchura de 6 centímetros y un peso de 250 gramos.

baguette
© iStock

Al comienzo se le llamaba pan de fantasía pero, debido a su forma, su nombre terminó derivando en baguette. A día de hoy, bajo el real decreto que se estableció en Francia en 1993 en relación con la baguette y el pan de tradición francesa, se precisa que la baguette se elabore según las normas tradicionales: los ingredientes con los que se elabora han de ser agua, harina, levadura y sal; la fermentación de la masa debe durar entre 15 y 20 horas a una temperatura de entre 4 y 6 grados.

La importancia de un legado

Toda esta historia, y el cuidado con el que se elabora cada una de estas baguettes, son motivos más que suficientes por los que la Unesco ha decidido proteger este producto y la tradición que lleva a sus espaldas. La solicitud la presentó la Confederación de Panaderos Franceses a la Organización de Naciones Unidas con el objetivo de que esta elaboración se incluyera en el listado, junto a la pizza napolitana y a los panes planos de Irán y Kazajstán con la intención de proteger un conocimiento que ha ido pasando de generación en generación y el savoir-faire francés, evitando que se maltratase esta elaboración.