Un museo de Suecia exhibe las comidas más repugnantes del mundo

Más allá de la curiosidad, esta extraña galería trata de abordar el tema del asco desde un punto de vista cultural.

Que un plato sea mejor que otro es, dejando de lado la calidad, algo que va a gustos. Más allá de algunas creaciones que rozan la abominación, hay una gran cantidad de preparaciones que, quizá en sus países de origen sean muy amadas, pero que en el resto del mundo puedan crear puro rechazo. Con esta idea es como nació el Disgusting Food Museum, un museo que se expone como un recetario del asco.

Murciélago de la fruta

Foto: Anja Barte Telin / Museo de los Alimentos Repugnantes

Murciélago de la fruta

Samuel West y Andreas Ahrens son viejos amigos y artífices de esta galería de arte gastronómica, ubicada en la localidad sueca de Malmö. Diseñadores, investigadores e incluso universidades se unieron a ellos en la búsqueda de aquellos platos que se expondrían en el recinto. Finalmente, se seleccionaron 80, evaluados por olor, sabor, textura y fondo.

Para tener el honor de ser valorado como una comida digna de ser expuesta, se han de cumplir tres criterios: ser preparaciones que forman parte de un recetario habitual o histórico, que mucha gente coincida en su nivel de repugnancia y que sean sorprendentes. A través de videos, réplicas o incluso platos reales, la exposición lleva al visitante a través de olores e incluso sabores.

Si los visitantes se atreven, como los del huevo centenario, de China, el batido de rana, de Perú, el famoso surströmming local, el arenque fermentado y maloliente sueco o dulces hechos con elementos químicos usados para limpiar metales. Cómo no, el queso debía tener una sección importante en el lugar, con El Altar del queso apestoso, donde se ubican joyas como el Vieux Boulogne, de Francia, o el queso con gusanos de Cerdeña.

ojo de oveja
Disgusting Food Museum | Sopa de ojo de oveja

Según sus creadores, la función evolutiva del asco es ayudar a evitar enfermedades y alimentos inseguros, y en este recinto se lleva a cada visitante a descubrir cuáles son sus límites en este sentimiento. Además del área de exhibición, hay otra sección importante dentro del museo: la barra de degustación, donde probar desde insectos hasta un vino de arroz elaborado con un pequeño ratón en su interior, pasando por el murciélago de la fruta o natto, un plato japonés hecho con granos de soja fermentados con una bacteria.

Más allá del componente de curiosidad que genera el museo, lo que intentan sus creadores es que las personas que lo visiten vean que la gastronomía de otros países puede ser desagradable para unos, pero no para otros. Que el asco tiene que ver con la sensibilidad al olor, a las texturas, a concepciones personales o a tabús generados por la propia cultura. Toda una experiencia que lleva al límite, y que también puede hacer cambiar la concepción de aquello que se tenía preconcebido.