Por qué Turín es la ciudad más chocolatera de Italia

Orígen de las tabletas de chocolate, los helados recubiertos de este manjar y la madre de todas las meriendas, la Nutella.

Corría el año 1560 cuando la importante familia Saboya movió la capital ducal de Chambéry a Turín. Para celebrarlo, Enmanuel Filiberto de Saboya decidió ofrecer a la ciudad una taza de chocolate caliente de forma simbólica, un chocolate que, por cierto, se importaba desde España, traído de las Américas. Aquel gesto despertó la curiosidad de todo un pueblo que acabó haciendo del chocolate toda una seña de identidad. El manjar se extendió pronto por las clases más altas hasta que, en 1678, se abrió la primera chocolatería artesana con autorización real, seguida irremediablemente por muchas más. 

 
Turín

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cremino, gianduja, chocolate

Fue en el mismo siglo XVII que vino a Turín el suizo Cailler para aprender los secretos del arte chocolatero y llevarlos a su país, donde produjo su reconocido chocolate con leche. La familia Saboya consiguió incluso institucionalizar el chocolate como Merienda Real, de la cual existían dos tipos: la Merienda Real de 1700, que consistía en una taza de chocolate caliente con bizcochos hechos específicamente para ser mojados en él, como el torcetti, el confortini, el canestrelli o el savoiardi.

A ello se le sumaba un surtido de turrones de almendra y un diablottini, el que tiene la fama de ser el bombón más antiguo del mundo. Concebidos a finales del siglo XVII por el Conde Alessandro di Cagliostro, se le suponían propiedades afrodisíacas por tener, entre otros componentes, vainilla. Estos chocolates eran muy populares en las meriendas de los Saboya, con lo cual no tardó en extenderse su consumo entre la población.

La segunda Merienda Real, más popular en 1800, consistía en el bicerin, una bebida a base de cacao, café y crema de leche creada en el Caffè Al Bicerin, fundado en 1763 y que sigue abierto a día de hoy. Esta nueva bebida se acompañaba de elaboraciones como el chifel, el foré, el garibaldin o el garibaldi. Ambas se pueden probar aún hoy en algunas antiguas cafeterías de la ciudadpara revivir aquella ��poca en la que la corte endulzaba sus tardes con este delicioso manjar.

Bicerin
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Fue bien entrado el siglo XVIII, concretamente en 1778, cuando se elaboró la que sería la primera tableta de chocolate sólida. Hay dudas entre si fue Doret o Bozelli el artífice turinés que ideó una máquina adaptada a sus necesidades para poder refinar la pasta de cacao que ya se utilizaba entonces en algún bombón. La infraestructura, que mezclaba cacao, vainilla y azúcar, consiguió introducir en el mundo esta nueva forma de consumir el chocolate.

Pero llegaría el siglo XIX, y con él la escasez de cacao por el bloqueo de Napoleón a los productos externos. Ante esta situación, los artesanos turineses tuvieron que reinventarse e intentar utilizar una menor cantidad supliéndola con otros ingredientes, como las avellanas. Fue así como, en el 1865, Michele Prochet creó el gianduiotti, un bombón que recibía el nombre de la máscara turinesa llamada gianduja, dado que era época de Carnaval. Del mismo modo, surgieron otros, también famosos hoy en día, como el cremino, obra de Ferdinando Baratti, creador de la mítica confitería licorería Baratti&Milano.

La historia del chocolate en Turín es un relato de amor y artesanía que se ha desarrollado durante siglos, sin dejar nunca de innovar. La Gelateria Pepino, abierta en 1884, fue la primera del mundo en crear un helado de palo recubierto de chocolate, exactamente en 1939. Pocos años después, en 1946, Pietro Ferrero, reconocido pastelero de la ciudad, creó la Super Crema con la intención de hacer de aquella deliciosa pasta con la que se hacían los bombones una crema que sirviera para elaborar meriendas “nutritivas”. A finales de siglo, su hijo decidió cambiarle el nombre a Nutella, y el resto es historia.

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Gran productor de chocolate en Europa en los siglos XVII y XVIII, en la actualidad Turín sigue siendo una eminencia reconocida mundialmente en el sector del cacao. Es el lugar de Italia con mayor producción de chocolate, lo que le ha permitido construir toda una infraestructura chocolatera a su alrededor, como son los antiguos cafés, las chocolaterías y panaderías, rutas temáticas entorno al producto e incluso la feria ChoccolaTó, un evento con exposiciones, degustaciones y otros eventos en el que se reúnen importantes maestros chocolateros de toda Italia y del mundo.