"Me voy pa'l pueblo"

Gastro-Pueblos de España que saben muy bien

El maridaje perfecto de vermú, pintxos, alta gastronomía y señoras que saludan.

Ya sea por el reconocimiento de las guías más famosas, por la popularidad de sus horas del vermú o por la cercanía a los productos más sabrosos, estos pueblos de España sorprenden por la calidad de sus restaurantes y, sobre todo, por hacer salivar solo con ser nombrados. Es hora de reivindicarlos y, ¿por qué no?, revisitarlos guiándose por el paladar.

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Ezcaray

Quizás sea la viva imagen de lo que es un gastro-pueblo. Y es que justo cuando La Rioja se empina camino de la sierra Cebollera aparece esta localidad como el último reducto antes de los montes y las cumbres. Una ubicación geográfica que la convirtió desde pronto en un destino para montañistas, principalmente vascos, que venían hasta aquí en busca de otros paisajes. Los vecinos del norte trajeron consigo sus liturgias gastronómicas, sus pintxos y su gusto por el buen comer, de ahí que hoy en día Ezcaray presuma de una de las generaciones de restauradores más exitosa de nuestro país. Una hornada que lidera Francis Paniego, quien no renuncia en Echaurren Tradición a los platos que hicieron famosa esta venta familiar entre los que destacan sus legendarias croquetas y sus callos. Por otro lado, en El Portal pelea por mantener las dos estrella Michelin que ha logrado gracias a su particular visión de los platos de casquería. Pero Ezcaray es mucho más. No en vano, los acólitos de este destino suelen apostar también por la barra y el restaurante de Casa Masip, donde las croquetas (sí, también), los pintxos, la ensaladilla rusa y los boletus de temporada cuentan con un propio club de fans. ¿Otras opciones? Las raciones y desayunos del Roypa y los cócteles del Troika Bar, un pub absolutamente inesperado y maravilloso.

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Sigüenza

La metamorfosis de la ciudad del Doncel podría resumirse como un ¿quién te ha visto y quién te ve? De ser una localidad de asador, lechazo y tintorro ha pasado a ser un destino foodie de primer orden. En cierto modo, la punta del iceberg de todo es Samuel Moreno, el chef de El Molino de Alcuneza que ha conseguido, a base de pan y creatividad, dar con la clave de cómo tiene que ser la cocina de vanguardia castellana. Pero no es el único. De hecho, en el corazón del municipio se encuentra el otro restaurante estrellado, El Doncel, un espacio bipolar donde se puede desde saborear cualquier receta típica meseteña hasta las particulares versiones que Enrique Pérez ofrece en su menú degustación. Y para presupuestos ajustados, la barra del Bar Alameda sacia hasta al más voraz con una buena selección de producto y con pintxos y tapas sabrosas y muy, muy seguntinas.

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Betanzos

Aquí nació la única tortilla de patatas que merecería tener Denominación de Origen propia por su conexión con esta tierra (dicen que la magia viene de los tubérculos gallegos de variedad kennebec) y por su popularidad. Pero como con la fama ni se come ni se da de comer, lo más interesante es pedirse un pincho en las barras de Casa Miranda y Mesón O Pote, donde los más talibanes de la tortilla con cebolla renegarán de sus ideales.

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Trujillo

La tradición gastronómica de esta localidad siempre estuvo ligada a dos realidades: su encanto turístico y su carácter de cruce de caminos. De ahí que, desde que el turismo es turismo, sus bares y restaurantes se hayan empeñado en saciar las necesidades del forastero. Es decir, sorprenderle con migas, bacalao, quesos extremeños y otros platos típicos de la mesta que se aderezan con recetas de asador. Y sin embargo, en la Trujillo de hoy hay mucho más ya que, sin renunciar a este repertorio, lugares sagrados como La Troya y el Bizcocho están empezando a incluir algún trampantojo y alguna fusión. Otras opciones son El Refectorio o Azafrán y, para rematar el día, un cóctel en La Abadía.

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Cadaqués

Hay mucha vida más allá de Dalí y de las fotos idílicas de mar-barquita-barraca blanca en Instagram. De hecho, el ruido turístico que, en ocasiones, sufre Cadaqués no deja ver su verdadero potencial gastronómico. Y lo tiene. En primer lugar, porque su popularidad permite que haya hasta wine bars deliciosos como el de Martín Faixó donde el placer va más allá del postureo asociado a la degustación. En segundo lugar, porque mantiene su esencia marinera en tascas tradicionales y un tanto folclóricas como Casa Anita. Y en tercer lugar, porque acoge iniciativas locas que solo aquí triunfarían como es el caso de Compartir, uno de esos proyectos de Ex Bullis quedan logrado perpetuar su espíritu.

Foto: El Corral del Indianu

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Arriondas

El hecho de estar a medio camino de la playa y de los picos de Covadonga hace de este pueblecito un campo de pruebas para la gastronomía. De hecho, esta oportunidad la ha aprovechado al máximo José Antonio Campoviejo quien, en El Corral del Indianu ha encontrado el entorno y el ambiente perfecto para desarrollar su cocina contemporánea (premiada con estrella Michelin) donde es honesto con el producto logrando creaciones maravillosas. No muy lejos se encuentra Casa Marcial, un espacio biestrellado donde Nacho Manzano cumple con todos los requisitos para atraer a foodies de todo el mundo: innovación, tradición y riesgo. Eso sí, en Arriondas también hay hueco para la sidrina y las comidas relajadas en El Robledal, Los Arcos o La Posada de Granda.

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Getaria

Si hubiera que elegir un lugar neutral en una hipotética contienda gastronómica entre Vizcaya y Guipúzcoa ese sería Getaria. El pueblo que vio nacer a Balenciaga es mucho más que un puerto próspero. Es, también, el lugar donde sea sublimado el pescado a la brasa, en concreto el rodaballo, que suele ser el plato estrella de sus restaurantes más reconocidos. A la cabeza de todos está Elkano  y su estrella Michelin, lo que no quita que en Kaia Kalpe o en Txoko hayan logrado sublimar las recetas en las que mar y fuego se combinan de manera irresistible.

Foto: Meliá Sancti Petri

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Chiclana de la Frontera

Este rinconcito de la costa gaditana tiene el aliciente de tener dos caras. Por un lado, la marinera, la esencial, la que atrae a los viajeros que buscan la esencia y el salitre en templos como Popeye o Casa Pepe. Por el otro, la que trae consigo la urbanización Sancti Petri, un apéndice donde el lujo se agolpa a los pies de la playa de la Barrosa En sus hoteles y restaurantes se puede encontrar maravillas como Alevante, el restaurante que Ángel León tiene en el hotel Gran Meliá Sancti Petri o Cataria, el restaurante del Iberostar Selection Andalucía Playa en el que Aitor Arregi (sí, el de Elkano) importa su modus operandi para aplicarlo a los pescados de la bahía de Cádiz.

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