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La Garrotxa y el triunfo de su cocina volcánica

Esta comarca de Girona lleva más de 25 años demostrando que lo magmático es, también, sabroso.

No hay lava incandescente ni cráteres humeantes, por mucho que algunos puedan pensar en esas escenas o en alguna atracción de Port Aventura al oír hablar de zona volcánica. Aquí los volcanes se apagaron hace miles decenas de miles de años, pero en cierto modo siguen marcando el territorio de una comarca que los ha convertido en sello de identidad de sus paisajes y también de su cocina.

 

A menos de dos horas de Barcelona, la Garrotxa celebra los recién cumplidos 25 años de su cocina volcánica, una excusa perfecta para organizar una escapada por allí. Y estas son las mejores pistas para viajeros primerizos. 

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iStock-871757656. 900 Kilómetros de rutas

Foto: iStock

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900 Kilómetros de rutas

Con un circuito de rutas y senderos de unos 900 kilómetros, queda claro que estamos en uno de esos paraísos para los amantes de la montaña y la naturaleza. Tanto a pie como en bici, las opciones son de lo más variadas y dependerán del tiempo disponible y las ganas de caminar, pero hay un clásico que siempre se recomienda para quienes vistan la zona por primera vez y quieren hacerse una idea: la ruta circular que pasa por la famosa Fageda d’en Jordà -un precioso hayedo- y recorre los volcanes de Santa Margarida y Croscat.

En total unas cuatro horas de paseo perfectamente señalizado que incluso cuenta con un parking (de pago) donde dejar el coche y empezar a caminar. El único problema es que suele estar bastante concurrida en fines de semana.

Otra opción también muy sencilla es caminar desde Olot hasta lo alto del volcán Montsecopa. Un bonito paseo también muy sencillo y que se puede hacer en unos 45 minutos ida y vuelta, y desde donde tendremos una buena panorámica de la capital de la comarca y su entorno.

Les Cols: un dos estrellas entre lo volcánico y lo vegetal

Foto: Les Cols

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Les Cols: un dos estrellas entre lo volcánico y lo vegetal

Además de la naturaleza, la gastronomía es otro de los grandes atractivos de esta región. Y aunque carnes y embutidos suelen ser los protagonistas, curiosamente el restaurante más reconocido de la zona marca su identidad a base de una cocina de proximidad y donde lo vegetal manda.

 

Se trata, por supuesto, de Les Cols donde Fina Puigdevall luce dos Estrellas Michelin. Si el presupuesto lo permite una visita es más que recomendable. No sólo al restaurante -diseñado por el estudio RCR Arquitectes de Olot, Premio Pritzker 2017- sino que empezar por su huerto I+D ayuda mucho a entender la filosofía y cocina del lugar.

 

No hace falta desgranar aquí al detalle el menú degustación que ofrecen porque parte del encanto es ir descubriéndolo allí paso a paso, pero dos pistas: las mesas con vistas al gallinero -y no es una metáfora- son una maravilla y dejar espacio para el carrito de los quesos es siempre una buena idea.

Captura de pantalla 2020-03-04 a las 17.06.00. Olot: gastronomía y modernismo

Foto: Turisme Garrotxa

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Olot: gastronomía y modernismo

Aunque optar por algún alojamiento rural -luego hablamos de eso- es lo normal, la capital de la comarca de la Garrotxa también merece una visita. De hecho y pese a que a algunos viajeros les suena extraño, la Oficina de Turismo aquí sí que es un buen punto de partida porque además de información, mapas y opciones varias para excursiones guiadas cuentan con una interesante tienda de productos locales.

 

En una ruta gastronómica por la ciudad no debería faltar una visita al cercano mercado. Un buen lugar para llevarse algún souvenir de esos que nos gustan -comestibles, claro- de los puestos. Un mercado que ha puesto al día no sólo su diseño, sino también las tiendas, especializada cada una en algún producto y seleccionadas, según nos explican, por su calidad y por la relación directa con productores locales.

 

¿Apetece un dulce? La pastelería Ferrer representa perfectamente el comercio tradicional (sus hojaldres son tan exquisitos como la decoración interior) mientras que al lado, el hijo y su Ferrer Xocolata suponen una apuesta por mantener la saga familiar y ponerla al día con este local de tres plantas que cuenta con obrador, tienda y zona de degustación.

 

Para los amantes del patrimonio, Olot ofrece unos cuantos ejemplos de modernismo (casa Solà Morales, Pujador…) y merece también la pena visitar el claustro renacentista en la Escola d’Art, prueba de la relación histórica de este municipio y su industria textil con el mundo del arte.

 

Una buen plan es acabar el paseo tomando una ratafía -eo licor más popular de la zona- un vino de misa o, mucho mejor, un vino en condiciones de los que sirven en la bodega Farre del Mas, una de las pocas que han resistido el paso de las décadas y que va ya por su tercera generación.

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Foto: Mas la Ferrería

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Entre masías y contemporaneidad

La oferta de alojamientos es suficientemente amplia como para que haya opciones para todos los gustos y presupuestos. Quienes busquen tranquilidad, por ejemplo, Mas la Ferreria es un pequeño hotel ubicado en una casa del siglo XIV que ha sido reformada con todo detalle.

 

Además de unas vistas espectaculares, cuentan con piscina al aire libre, unos desayunos muy buenos con productos locales (embutidos, quesos, bizcochos…) y también se ofrece la opción de cenas. Y es que el salón con chimenea invita a quedarse por allí descansando.

 

Aunque estamos en una zona donde abunda el turismo familiar, quienes prefieran no tener niños alrededor deberían tomar nota de Mas el Barber, uno de los pocos hoteles sólo para adultos de la comarca. Ellos mismos, por cierto, ofrecen una apartamento rural y perfecto para familias en La Xiquella, una quesería artesana que elabora ahora mismo algunos de los quesos más interesantes de la zona. Aunque no se puede visitar, quienes se queden allí seguro que pueden ver cómo se hacen y probarlos.

 

Y, por supuesto, para darse un capricho Les Cols también cuenta con su propio hotel: Les Cols Pavellons, un Relais Chateaux que redefine la idea de lujo y hospitalidad con un diseño de esos que no deja indiferente a nadie.

tronc-bacalla-amb-mel. Más cocina volcánica

Foto: La Deu

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Más cocina volcánica

La lista de productos tradicionales de la comarca es posiblemente demasiado larga para abarcarla en una sola visita, pero no deberían faltar el farro -una harina de maíz, base de muchos platos populares-, el trigo sarraceno, los embutidos y carnes de cerdo, la ratafía y las alubias de Santa Pau, que cuentan con su propia DOP.

 

Lo mejor para poder degustarlos es marcar en esta ruta paradas en algunos de los ocho restaurantes que componen el colectivo de Cocina Volcánica y que, durante estos 25 años, ha sabido poner la Garrotxa en el mapa gastronómico del país.

 

Por citar un par, no podemos irnos sin probar las patatas rellenas de carne y fritas que preparan en La Deu desde nada menos que 1943. Una auténtica institución hasta el punto de que las venden en cajas congeladas y listas para acabar de cocinarlas nada más llegar a casa.

 

Muy recomendable también la cocina de L’Hostalet en el pequeño pueblo de Hostalets d'en Bas cuyo éxito hace imprescindible reservar los fines de semana. Las cocas y su ensalada de alubias de Santa Pau son algunas de las especialidades de este restaurante que ofrece también un estupendo menú del día por menos de 14 euros y un menú de cocina volcánica por 42.

La Fageda, un plan muy diferente

Foto: La Fageda

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La Fageda, un plan muy diferente

Sus yogures son de los más consumidos en Cataluña. Pero detrás de esta marca se encuentra un increíble proyecto solidario y de integración social que merece la pena visitar. De hecho, cuentan que reciben al año más de 40.000 visitantes interesados en conocer una empresa que ha demostrado que se pueden hacer las cosas diferentes, tanto en lo que respecta al trato de los animales -las instalaciones en las que viven las vacas que dan la leche son dignas de ver- como los proyectos laborales pensados para personas con diversidad funcional.

 

Más razones para incluir esta visita en nuestra ruta: sus yogures y mermeladas están francamente buenos y, cuenta la gente del lugar, que la ruta que conduce a esta empresa en medio de la Reserva Natural es la mejor para disfrutar del hayedo de la Fageda d’en Jordà con bastantes menos aglomeraciones.

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La Garrotxa y el triunfo de su cocina volcánica

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