El manifiesto

La revolución en defensa de las verduras feas

¿Por qué desperdiciamos comida por ser imperfecta? Estas iniciativas reivindican que el sabor no tiene por qué ser estético.

Los descartes, el destrío, lo desestimado, lo marginado o, lo que es lo mismo, las verduras feas. No llegan a supermercados, a lineales ni a comercios. Las frutas, hortalizas y verduras con defectos se convierten en desechos forzados en el momento de la recolección. Más bien, en compost, porque sus agricultores no tienen a quién vendérselas. Sin embargo, son alimento.

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Desperdiciando comida

El destrío es el mismo producto que nos llevamos a la boca con la diferencia de que puede tener una mota en su piel o pueden tener siluetas disformes, como una zanahoria con tres patas o con un tamaño superior o inferior al habitual, o que su color no sea el de siempre.

Todo lo que no tenga una apariencia bella ni complete unos estándares físicos determinados, se deshecha, a pesar de que esto no afecta a su buen estado para el consumo ni a su sabor. Se trata, simplemente, de la apariencia y la percepción humana. Este es un problema real de nuestra agricultura, hasta el punto que de cada cosecha un 30% o 40% de producto se descarta por ser feo y se queda sobre la tierra hasta llegar a pudrirse.

Un problema mundial

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Un problema mundial

Según Naciones Unidas, más de 820 millones de personas en todo el mundo padecen hambre cada día. Al mismo tiempo, un tercio de los alimentos producidos a nivel global, la mayoría frutas y verduras, se desperdician y terminan en la basura. En España, un 27% de la población vive en situación de pobreza, con dificultades para acceder a una alimentación saludable. La pregunta es: ¿Por qué se desperdicia tanta comida solo por ser fea? La respuesta no la tenemos, pero sí las empresas que están buscando soluciones para luchar contra este desperdicio.

Agricultura sin complejos

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Agricultura sin complejos

En esa lucha está Rafa Monge, de Cultivo Desterrado, quién desde su navazo -un tipo de huerto típico de Sanlúcar de Barrameda ubicado en los arenales próximos a las playas, que se riegan de forma natural con el agua salada de las mareas- está creando la revolución sostenible de las verduras feas.

“En la agricultura al menos el 30-40% de la producción no llega a entrar en la cadena de alimentación por no cumplir con los cánones de belleza establecidos a las verduras. Son las marginadas, las consideradas verduras feas. Estas pérdidas pueden llegar al 40% o el 50% en el caso de los cultivos de raíces y las frutas y hortalizas”, cuenta Rafa en sus redes sociales.

Cultivo Desterrado tiene un compromiso de sostenibilidad con el navazo: Primero, por haber recuperado la zona en la que su padre trabajaba la agricultura a la manera tradicional; Segundo, por aprovechar al máximo los singulares productos que la agricultura litoral de Sanlúcar brinda. Bajo estos dos pilares ha desarrollado un proyecto de sensibilización y colaboración bajo el nombre Arte+ Sostenibilidad+ Gastronomía, gracias al cuál, mediante el arte fotográfico, se busca demostrar el sorprendente perfil que las verduras feas pueden ofrecer, otorgando protagonismo a los alimentos que quedan invisibles para el mercado.

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#AdoptaSostenibilidad

“En Cultivo Desterrado queremos que esto sea una revolución sostenible, que las verduras feas sean aún más visibles, que invadan aún más cocinas, y que sean las protagonistas en aún más escaparates”. Por eso, busca hacer partícipes de su proyecto a los ciudadanos de a pie, convirtiéndolos en activistas de su proyecto Adopta Sostenibilidad. Para ello, cada semana ofrecen un lote de verduras feas -las mismas que suministran a sus clientes pero que se descartan por su forma singular, color o daño- de dos kilos por 21€ para disfrutar de ellas realizando ingeniosas imágenes y demostrar que estas verduras feas son extraordinariamente sabrosas en la cocina.

Desde Cultivo Desterrado, Rafa ha demostrado que la sostenibilidad se implementa colaborando directamente con la restauración, que se implica en el aprovechamiento de esas verduras que inicialmente son marginadas por la cadena habitual de consumo, devolviéndole su capacidad y valor como alimento. Uno de esos restaurantes, que colabora con este proyecto, es Ciclo del chef Luis Callealta, de Cádiz, en cuya cocina se sirven verduras feas en cada una de las elaboraciones de sus platos.

Im-perfect, la primera marca española de excedentes alimentarios

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Evitando el desperdicio y garantizando la alimentación saludable

Espigoladors es una de las organizaciones sin ánimo de lucro que están promoviendo el aprovechamiento de los alimentos al tiempo que garantizan el derecho a una alimentación saludable y genera oportunidades para colectivos vulnerables. Al frente del proyecto está Mireia Barba, quién gracias a él ha recibido este año el Premio Tierra de Mujeres, de Fundación Yves Rocher, un galardón que reconoce el compromiso y la labor de mujeres anónimas que lideran proyectos medioambientales y sociales.

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© Espigoladors

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Im-perfect, la primera marca española de excedentes alimentarios

Mireia, junto a otros agricultores y voluntarios, se encargan de recolectar las frutas y las verduras desestimadas para su consumo por motivos estéticos que, en lugar de tirarlas o dejarlas en el campo hasta convertirse con compost -como suele ser lo habitual-, ahora tienen una nueva vida. “Somos parte de la solución y concedemos una segunda oportunidad a frutas y a verduras imperfectas y a personas bonitas. Desde Espigoladors ayudamos a revertir el problema a través de un modelo transformador de triple impacto: económico, social y ambiental”, dice Mireia.

Esos productos que nacen de la tierra con imperfecciones y que no llegan a los stands de los supermercados forman parte ahora de Im-perfect, la primera marca española en comercializar productos elaborados a partir de excedentes alimentarios ayudando a revertir el problema actual del despilfarro alimentario e incentivando la economía circular. Gracias a la labor de Espigoladors y su proyecto de recuperación de alimentos, desde 2015 se ha evitado el desperdicio de 1.220 toneladas de frutas y verduras, se ha evitado la emisión de 875 toneladas de CO2 y se han ahorrado 790 millones de litros de agua.

Frambuesas de montaña

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Frambuesas de montaña

Hace cuatro años en El Royo, un pueblo de no más de 260 habitantes de la provincia de Soria, se comenzó a buscar una forma de generar empleo ligado a la agroecología con el fin de evitar la despoblación. La solución: cultivar frambuesas, arándanos, fresas y moras ecológicas de montaña a 1.250 metros de altura y a cielo abierto.

BosqueSoria, así es como se llama la empresa tras la que se producen unas de las mejores frambuesas de la península, está en manos de un grupo de familias de la provincia que buscaban volver a dotar de vida a su pueblo, recuperando las tierras abandonadas que, en su momento, trabajaron sus antepasados.

De destrío a mermelada

Mermelada de frambuesas elaborada con destrío © BosqueSoria

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De destrío a mermelada

A día de hoy estas frambuesas, que se exportan a países como Alemania y Holanda, cuentan con una calidad extrema y un sabor y dulzor intenso gracias a la climatología de la provincia soriana, pues los cambios de temperatura típicos de esta zona les confieren a los frutos un mayor dulzor. Pero como en todos cultivos, más aún con la delicadeza de estas frutas, los frutos rojos no están exentos del destrío.

Para evitar su desperdicio, desde BosqueSoria el año pasado lanzaron su mermelada frambuesa extra - se le puede denominar así por contener un alto contenido en fruta- y su mantequilla de Soria con frambuesa, una combinación de la conocida mantequilla dulce de Soria con uno de los frutos rojos más excepcionales de la región-.

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