Vino verde (que no vinho verde)

Robert Parker elige una bodega española entre las más ecológicas del mundo

Nueve países concentran los 24 negocios que se han alzado con el Green Emblem, un sello que valora los vinos más sostenibles.

Robert Parker Wine Advocate, considerada como una de las mayores autoridades mundiales sobre vino, ha lanzado la distinción Robert Parker Green Emblem, centrada en la sostenibilidad de bodegas y productores vitivinícolas. Esta distinción, para la que se han evaluado más de 5.000 productores de 32 países diferentes, premia a aquellas empresas que extienden su compromiso por el medio ambiente más allá de la calificación de cultivo orgánico o biodinámico. Las ganadoras son 24 bodegas que han enarbolado la bandera del desarrollo y se han posicionado como embajadores de la sostenibilidad, liderando el cambio de la industria y aportando su grano de arena al bienestar del planeta. País a país, estas son las primeras viticultoras reconocidas. 

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España

Foto: iStock

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España

Descendientes de José Palacios es la única bodega española en la selección de Parker. La finca, ubicada en la comarca de El Bierzo, ha aplicado los principios biodinámicos desde sus inicios, más de dos décadas de cultivo sostenible del que el productor nunca ha querido hacer alarde. Su experiencia avala un congreso anual sobre viticultura en la que expertos de España y Portugal aprenden a trabajar con animales en sus cultivos y a conseguir una producción cada vez más ecológica. Ricardo Pérez vive de la forma más artesanal y sostenible posible: elabora, cultiva y cría prácticamente todo lo que come y bebe, creando un ecosistema sostenible de autosuficiencia y aun así sacando tiempo para elaborar algunos de los mejores vinos de la región y de todo el país. De esta manera, Descendientes de José Palacios demuestra que una forma de vida ecológica y un cultivo biodinámico de la vid está mucho más al alcance de lo que se creía.

Bodegas Milton

Foto: Facebook by Milton Vineyard

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Nueva Zelanda

Desde el comienzo de la historia de Millton, fundada por James y Annie Millton en 1984, la familia ha apostado no solo por aumentar la calidad de sus vinos, sino también la de su tierra, dos objetivos que, sin duda, van de la mano. Solo cinco años después de su fundación, Millton se convirtió en el primer productor en obtener la certificación BioGro en Nueva Zelanda para la producción de vino orgánico. En 2009 consiguieron ser la única bodega de todo el hemisferio sur en sumar a su palmarés la distinción Demeter por su vino de producción biodinámica.

Austria

Foto: Triebaumer

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Austria

La familia Triebaumer forma parte de la cultura vitivinícola austriaca desde hace más de 300 años, una saga de agricultores y campesinos que producen vinos excelentes, como los Ruster Ausbruch, entre los mejores vinos dulces del planeta, o el Blaufränkisch Ried Mariental, considerado como el primer gran vino tinto de Austria. La fórmula de su sistema ecológico: el uso de un sistema fotovoltaico y una producción cada vez más comprometida, que incluye procesos como la recuperación del suelo verde de la viña, en la que pastan sus ovejas, y el cuidado del hábitat de las abejas, un conjunto de acciones que contribuyen a mejorar sustancialmente la fertilidad del suelo y aumentar sus propiedades.

Alemania

Foto: Weingut Odinstal

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Alemania

Una finca cerca de un volcán, a 300 metros sobre el nivel del mar en Alemania parecía una locura para muchos, pero Thomas Hensel, dueño de Weingut​ Odinsal, estaba decidido. El resultado es una bodega biodinámica que ha hecho posible que su vino se alce con una certificación Demeter. La naturaleza está por todas partes y todo parece estar pensado para que fluya por si misma: muros de piedra, postes de madera y arbustos generan una mayor afluencia de insectos que enriquecen el terreno, abonado durante todo el año con estiércol. En cuanto a la producción, Hensel se ha deshecho de los plásticos en sus envíos, cambiando incluso la cinta adhesiva convencional por otra de papel y sus corchos están lacrados con cera de abeja. Toda una declaración de intenciones con las que pretenden lograr un equilibrio neutro en CO2 en un futuro próximo.

henschke

Foto: Henschke

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Australia

Dos bodegas han australianas han conseguido colarse entre las más ecológicas del mundo. Por un lado, Cullen Wines, certificada como biodinámica desde 2008 y con Vanya Cullen al frente. Además de compensar las emisiones de carbono a través de proyectos locales, el 40% de la energía de esta bodega se consigue a través de paneles solares, mientras que el porcentaje restante se compra a fuentes solares y eólicas externas. Botellas de carbono reducido, cartón local y un buen programa de reciclaje son algunas de sus señas de identidad.

En cuanto a la segunda bodega, se trata de Henschke, una bodega cuyos viñedos tienen más de un siglo de antigüedad. Aunque el negocio no está oficialmente categorizado como biodinámico, su dueña, Prue Henschke, se ha comprometido con este tipo de prácticas desde 1987, realizando ensayos y estudios con varios composts y pastos. Su esposo, Stephen, fue uno de los primeros en implementar un sistema de gestión de calidad con paquetes reciclajes, restauración de la vegetación original y la mejora de vida de la comunidad local. Toda una declaración de intenciones de cara a un futuro mucho más sostenible.

iStock-1173825447. Sudáfrica

Foto: iStock

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Sudáfrica

Los dos únicos representantes africanos en esta distinción se encuentran en Sudáfrica: las bodegas Reyneke y Sadie Family. Las bodegas Reyneke tienen numerosas certificaciones, entre las cuales se encuentran Demeter y Ceres. Guiado por Johan Reyneke, este proyecto vinícola ha rechazado el uso de materiales químicos y cambiándolo por algo tan sencillo como patos, que cuidan por sí mismos del cultivo; maleza, que aleja la cochinilla de la vid; preparaciones biodinámicas, con las que favorece la biodiversidad del suelo, o el seguimiento del calendario lunar para la plantación, la poda y la vendimia.

En cuanto a Sadie Family, que dirige Eben Sadie, se centra en el cuidado y cultivo de viñas viejas y en la mínima intervención en estas, con un proceso totalmente orgánico que dota al vino de una profundidad de sabor reservada a los mejores. Sus botellas son tan codiciadas que el primer día que salen a la venta tardan pocas horas en agotarse. Sadie es un experimentador nato: su curiosidad le ha llevado a afinar durante años sus habilidades para conseguir un vino armonizado con la naturaleza, sabiduría que trabaja para transmitir a sus descendientes y futuros portadores de su legado.

Alois Lageder

Foto: John McDermott / Alois Lageder

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Italia

Alois Lageder es una de las tres bodegas de Italia que han conseguido el Green Emblem de Robert Parker. Esta explotación es la prueba de que se puede hacer un vino biodinámico a gran escala, concretamente en 55 hectáreas de viñedos. Esto le ha situado en el punto de mira de muchos agricultores, lo que le llevó a crear el festival Summa, dedicado a la viticultura sostenible. Otro claro ejemplo a seguir es el de Tasca Conti d’Almerita, una bodega que no solo se preocupa por hacer de sus propios viñedos una plantación biodinámica, sino que ha creado un modelo de agricultura que se aplica a toda la región a través del programa SOStain, un protocolo de sostenibilidad integrado para este tipo de negocio y con un plan de acción.

En uno de los rincones más bellos de la Toscana se encuentra Salcheto, que afirma ser la primera bodega del mundo en certificar la huella de carbono de una botella de vino. Gracias a un estudio con la Università di Siena, calcularon que cada botella equivalía a 1,83 kg de emisiones de CO2, lo que derivó en la iniciativa Salcheto Carbon Free. Hoy en día, la bodega está alimentada por energías renovables, incluidas sus suites.

 

littorai. Estados Unidos

Foto: Littorai

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Estados Unidos

El segundo país con más representación de esta clasificación es Estados Unidos, con cinco bodegas. Eyrie Vineyards está certificada como orgánica desde 2013 y se basa en una agricultura sin labranza, esencial para las viñas viejas, ya que disminuye el estrés por sequía. El método seguido por Jason Lett, que consiste en no regar ni cultivar la tierra, podría verse como un punto importante a estudiar de cara a un futuro agrícola más responsable. Otra de las bodegas escogidas es Horsepower Vineyards, que rinde homenaje a las tradiciones vinícolas más antiguas, como el uso de caballos de tiro belgas. Además, más de dos décadas de estudio sobre la biodinámica avalan su compromiso y su apuesta por una agricultura circular en la que el humano influye mínimamente.

La agricultura generativa, una mezcla de agricultura biodinámica, permacultura y agroecología son las señas de identidad de Littorai, fundada por el matrimonio de Ted y Heidi Lemon. Su labor no se ha limitado solo a producir un vino sostenible, sino también en ayudar a otros a conseguirlo. También hay bodegas que no nacieron bajo la premisa de la sostenibilidad, como Ridge, cuya conversión a lo largo de los últimos años se ha centrado en cambiar los sistemas de funcionamiento de la explotación y en reutilizar materiales, además de utilizar un etiquetado en el que se muestran los ingredientes. Por último Spottswoode, uno de los dos únicos viñedos orgánicos en el Valle de Napa hasta la fecha, con más de 30 años de historia a sus espaldas, con un uso casi exclusivo de energía solar y su donación del 1% del beneficio anual a organizaciones ambientales.

zusslin. Francia

Foto: Zusslin

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Francia

El país que se lleva la palma en esta clasificación es Francia, con ocho bodegas escogidas. En Domaine Bruno Lorenzon las vides se cultivan a más altura y se producen barricas propias, con un proceso monitorizado personalmente desde la recogida de la fruta del cultivo hasta el tostado del vino. Las frutas también tienen un papel importante en Luis Roederer, que dejó atrás los herbicidas y fertilizantes sintéticos y aró la tierra para conseguir raíces más profundas, algo que reviste de fuerza a la vid. Un ejemplo de que la conversión es posible es la bodega Pontet-Canet, cuyos inicios fueron costosos pero que hoy en día tiene triple certificación biodinámica: Biodyvin, Demeter y Ecocert. Arada con caballos y con una bodega alimentada por energía geotérmica, cuatro veces más eficiente que cualquier combustible, hace uso de un sistema innovador: unas ánforas de arcilla hechas en parte con tierra y grava de los viñedos.

Un servicio comunitario en toda regla es el que lleva a cabo Gerard Bertrand, que ha conseguido convertir gran parte de su producción en biodinámica, pero que también quiere que otros viticultores abracen esta forma de agricultura, por eso ofrece asesoramiento técnico y fondos. Otra bodega que sirve de inspiración es Gabin et Félix Richoux, que han demostrado que la viticultura sin herbicidas, pesticidas y fungicidas es viable, inspirando a otros a seguir su ejemplo, al igual que la bodega Larmandier-Bernier, que abandonó estos métodos en los 90. En Borgoña, el Domaine Leroy utiliza regularmente cocciones de dientes de león, manzanilla y cola de caballo en los suelos en un proceso de descontaminación química que llevará años. Por último, merece la pena destacar la bodega Valentin Zusslin, en cuya propiedad se encuentra una reserva natural declarada con plantas mediterráneas y con un viñedo del que se adueñan las ovejas en invierno y las colmenas y pajareras en verano, una apuesta por la vida que mejora el cultivo exponencialmente.

Littorai