¡Arribes el vino!

Ruta del Vino de Arribes: de vinos y mucho más por el Far West castellano y leonés

Ubicada en uno de los confines de España, esta región se descubre mejor a golpe de bodega, viñedo y sabor.

No es Colorado, pero sus cañones no tienen por qué envidiar al Lejano Oeste americano. Por fortuna, las (y los) Arribes del Duero escriben su leyenda con las letras de plata que el río encajona en esta tierra de frontera que une Salamanca y Zamora, y que en la otra orilla saluda con acento portugués. Una ruta del vino que glosa a variedades centenarias y casi olvidadas como la juan garcía, la bruñal o la singular puesta en cruz. Por fortuna, no están solas en la copa; ni mal acompañadas en la mesa, como demuestra la Ruta del Vino de Arribes.

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los dominios de la juan garcia. Los dominios de la juan garcía

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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Los dominios de la juan garcía

El granito marca un paisaje de viñedos antiguos enclaustrados en diminutas parcelas. A Arribes no llegó la concentración parcelaria, ni la extinción de las variedades autóctonas, decenas permitidas por el consejo regulador. Se entiende así que apenas haya 270 hectáreas por este confín donde el campo charro y el zamorano conviven. Allí una uva habla un lenguaje propio, la juan garcía, reina de estas tierras, que ofrece de forma natural vinos con poco grado, frescos, minerales y nervio, valores que reivindica ahora la viticultura moderna.

Arribes. viñedo viejo. Un presente cargado de futuro

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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Un presente cargado de futuro

No fue siempre así. Los designios del mercado no acostumbran a coincidir respecto con lo que una uva ofrece. Le pasaba a la juan garcía, delicada y corta de azúcar, a la que se exprimía en la viña hasta pasificar parte de ella y buscar el grado alcohólico de los vinos comerciales. Aunque aún se hace, son cada vez más los viticultores y bodegueros que se han percatado de que no hay que obligar al viñedo (centenario y de baja producción) ni a la uva (sutil y de poco azúcar) a dar aquello para lo que no está habituada.

Arribes. excursión en barco por los cañones de Arribes. Baile entre fronteras y orillas escarpadas

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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Baile entre fronteras y orillas escarpadas

El Duero no está solo en las Arribes (si se lo decimos a un zamorano) o en los Arribes (si lo comenta un salmantino). Afluentes como el Ágreda, el Tormes, el Uces y el Huebra también perfilan el paisaje. Distinta agua, mismo ritmo, pero un escenario parecido. Entre alcornocales, encina y monte bajo, la Ruta del Vino de Arribes de Arribes marca un recorrido de 180 kilómetros a la estela de las riberas, concentrando así 47 pueblos donde el vino y la mesa comparten una Castilla no tan transitada y aún por descubrir, parte de la cual es visitable en el crucero ambiental Europarques a lo largo del río.

Fermoselle, el pueblo horadado

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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Fermoselle, el pueblo horadado

Se dice de Fermoselle, capital de facto de la zona zamorana de las Arribes, que tiempo atrás tenía más vida por dentro que por fuera. No falta razón al aforismo, porque se encuentra completamente horadada por casi un millar de bodegas, algunas hoy visitables y acondicionadas, como Bodegas Pastrana, una de las más afamadas de la región (y cuya visita incluye cata), o la ruta de los Tesoros Escondidos, que incorpora varias bodegas restauradas al recorrido.

Un zona que corta el bacalao

Foto: Shutterstock

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Un zona que corta el bacalao

Entender esta lime natural entre España y Portugal obliga a hablar del rey de los pescados de ‘secano’: el bacalao. Poca envidia se presta así en la parte zamorana al Gadus morhua, que era el sustento proteico habitual de estas tierras. Hoy, con la misma fidelidad al producto y a la tradición, restaurantes como el España -una institución en Fermoselle-, ponen en valor recetas tradicionales como el bacalao a la tranca. Como postre, no conviene marcharse sin probar los periquillos, un dulce típico similar a la rosquilla pero con forma redondeada cuyo gran reto es contenerse y comer solo uno.

Viña Romana. detalle depósitos decorados. Tradiciones recuperadas

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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Tradiciones recuperadas

Visitar un viñedo en Arribes es comprender el significado del refrán “de todo hay en la viña del Señor” porque están salpicados de variedades blancas y tintas, fieles a la forma de plantación ancestral de la zona, donde cada propietario hacía el vino que más le gustaba. Esa mezcla de uvas es visitable en bodegas como Viña Romana, en Villarino de los Aires, en la vertiente salmantina de la zona, que ha recuperado además una antigua cooperativa local para elaborar sus vinos.                                           

El Hato y el Garabato. ¿Qué hace un danés como tú en un sitio como este?

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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¿Qué hace un danés como tú en un sitio como este?

No es una película, es parte de la historia de Thyge Jensen, apodado ‘Chus’, un elaborador de vino que aparcó su Dinamarca natal y su carrera en Bolsa para dedicarse a hacer vino de autor en Fermoselle en Bodegas Frontío. No está solo en esta ‘new wave’ de Arribes porque bodegas como El Hato y El Garabato (Formariz, Zamora), propiedad de José Manuel Benéitez (en la imagen) y Liliana Fernández, hacen lo mismo poniendo en valor la frescura, mineralidad y peculiaridades de las uvas locales con vinos que se cotizan al alza fuera de nuestras fronteras y en la hostelería. Ecléctico, elaborado con la escasísima uva puesta en cruz, Sin Blanca o De Buena Jera, dan fe de esta vitivinicultura sostenible que lucha por recuperar el terroir y las variedades locales.

Sayaguesa baby. Sayaguesa, baby

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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Sayaguesa, baby

Que el bacalao sea santo y seña de la cocina de los Arribes no implica que los placeres de la carne no quepan en el menú. Incluso delicias con nombre propio, como el Bos Taurus Primigenius, una carne de ternera de raza sayaguesa, actualmente en vías de recuperación, que se considera heredera natural del extinto uro. Mito o realidad, lo cierto es que esta sabrosa y jugosa carne se encuentra bien repartida por la zona en hamburguesas, chuletas y filetes. El restaurante La Enoteca del Marqués (en la imagen) y la Posada Doña Urraca (un antiguo cuartel de la Guardia Civil convertido en posada y restaurante, ambos en Fermoselle, o Mesa del Conde, en el salmantino San Felices de los Gallegos, pueden dar buena cuenta de esta exclusiva carne.

Arribes San Felices de los Gallegos. castillo. El pan más antiguo de Castilla y León

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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El pan más antiguo de Castilla y León

Dice Daniel Cangas, oriundo del San Felices de los Gallegos y guía local, que “su pueblo es el de las tres mentiras porque ni son santos ni felices ni gallegos”. Lo que sí es felicidad, y casi santidad, es comprobar que en este pequeño rincón de las Arribes salmantinas se encuentra el horno de leña más antiguo de toda Castilla y León. Más de tres siglos de historia que ahora custodia -y amasa- Vicenta Hernández, Vicen para los locales, y que elabora a diario un pan esponjoso de harina prieta candeal y de crujiente corteza que bien vale la visita al pueblo. Como tentación golosa, de nuevo periquillos.

Olivos el regalo de atenea. La tercera parte de la trilogía

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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La tercera parte de la trilogía

Las clases de Historia remiten a la trilogía mediterránea de vid, trigo y olivo. Las dos primeras ya están tratadas, pero el cultivo centenario de la aceituna también hace patria en Arribes. Nombres como el de Luis Fernando Cabrero pasan así al repertorio gourmet con el aceite El Regalo de Atenea, 100% de la variedad manzanilla cacereña -sí, la que se suele ver en aceituna en conserva-, y del que apenas elabora 1.000 litros al año. Primera prensada, intenso, ligeramente afrutado y procedente de olivos centenarios situados en el municipio zamorano de Formariz, ideal para empapar el pan antes mencionado.

Arribes San Felices de los Gallegos. Museo del Aceite. Una lección de historia

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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Una lección de historia

Para tener un presente, hay que comprender un pasado. Y en San Felices aprovecharon la coyuntura para conceder al aceite su necesario protagonismo. Un recorrido etnológico por la historia del cultivo de la aceituna y la extracción del ‘oro líquido’ esperan al viajero en Museo del Aceite El Lagar del Mudo, una antigua almazara convertida en centro de interpretación donde se guía al visitante por todos los procesos de la antigua elaboración y que incluso tiene la medalla Europa Nostra (concedida en 2002) a la mejor restauración.

Botes de alegría

Foto: Ruta del Vino de Arribes

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Botes de alegría

Se podría pensar que la rudeza del clima castellano imposibilita que los frutales campen a sus anchas, pero Arribes es una excepción. En las protecciones que el río brinda se crea un microclima que permite que la fruta esté a buen recaudo. Mejor recaudo todavía le procuran en la Mermeladería Oh Sauco, en Fornillos de Fermoselle, donde convierten las excelencias locales en golosas y muy creativas tentaciones -no subidas de azúcar- con productos 100% ecológicos y locales como manzanas, peras, kiwis o, si la temporada lo permite, tomate.

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Foto: La Setera

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Broches redondos

Concebir una Castilla y León gastronómica sin meter al queso en el zurrón es un disparate y una afrenta. Más aún cuando en Arribes encontramos tentaciones lácticas como las que presenta Quesos de Hinojosa, una empresa familiar en Hinojosa del Duero (Salamanca) que ronda los setenta años de historia y que hace maravillas curadas con la leche de oveja. De lo tradicional a lo contemporáneo, Arribes también entiende de vanguardia. Hacer un alto en La Setera (Fornillos de Fermoselle), que es a la vez bodega y quesería, es fundamental para ver un plus ultra quesero a base de leche de cabra, incluyendo una delicia de queso azul completamente sorprendente.

El Hato y el Garabato