El maridaje definitivo

Los trece pueblos de La Rioja que merecen una escapada gastronómica

La región vitivinícola por excelencia marida sus tintos con localidades muy sabrosas.

Copas aparte, que han dado fama mundial a costa del vino, La Rioja es un pequeño gran tesoro culinario donde la sierra y la huerta llevan en volandas a una cocina tradicional de guisos y brasas que entiende de cucharas, de dignificar a las verduras como pocos y de alzar la parrilla —sarmiento mediante— como santo y seña de una región en la que también quesos y embutidos tienen mucho que decir.

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Haro
© Haro

A setas y chuletas

Pasar por Haro es capital. Epicentro de Rioja Alta, su barrio de la Estación es una constelación de estrellas del vino, pero también la ciudad es un refugio gastronómico de primer orden donde se habla, bajo las mismas siglas, un lenguaje que va de la cocina popular a las mesas más gastronómicas. Dos paradas son impresincidibles. Por un lado, el restaurante Los Caños, que bajo el prisma de las chuletillas al sarmiento se ha reinventado en su tradicionalidad para ser un baluarte de la cocina riojana. Puerta con puerta, el estrella Michelin Nublo, bajo el mando de Miguel Caño (quien también ha revirado el otro restaurante, de casta familiar) en una cocina que aboga por el primitivismo del fuego donde nada de lo que se cocina se vale de elementos modernos como inducciones, gas o electricidad.

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© Venta Moncalvillo

La apuesta verde en Daroca de Rioja

Apenas cincuenta personas habitan este singular pueblo, a unos 20 kilómetros de Logroño. Sin embargo, es una meca gastronómica a la que peregrinar en búsqueda de una cocina purista, muy vegetal y comprometida con la tierra. Es el hogar del dos Estrellas Michelin Venta Moncalvillo, el negocio familiar que iniciaron los hermanos Echapresto hace más de 25 años, y donde han ido evolucionando desde una cocina riojana de producto hasta reivindicar el origen con mimo y dedicación, convertidos en auténticos apóstoles de una gastronomía de recuerdo y frescura.

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00 Venta Moncalvillo
© Venta Moncalvillo

De templo en templo

Difícil fallar el tiro en Fuenmayor. Otra de las capitales del vino de Rioja es, a su vez, el hogar de uno de los restaurantes con más raigambre de toda La Rioja como es el Alameda. Negocio familiar donde los haya, este restaurante recomendado por Guía Michelin ha hecho del purismo y del sabor su valor de ley, alejado de las corrientes demasiado modernas en cocina. Parrilla y huerta coexisten en una armonía que lo mismo marca chuletas y chuletillas —leña mediante— como reivindica menestras, alcachofas y espárragos de primera.

 

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© Echaurren

Desde lo alto de estas mollejas, 125 años os contemplan

Bien podría ser una epopeya napoleónica de conquista, pero aquí no hay ningún Bonaparte, sino el buen hacer de la familia Paniego, que desde hace 125 años regenta Echaurren, en el turístico pueblo de Ezcaray. Un idilio gastronómico que ha hecho de la tradición, las recetas de toda la vida y el aprovechamiento su garantía y que se ha ido perfilando hasta llegar a la actualidad con el modus operandi del chef Francis Paniego, que ha consolidado dos Estrellas Michelin en El Portal de Echaurren, con una apuesta más gastronómica y de vanguardia, y Echaurren Tradición, donde brasa, guiso y cazuela marcan el tempo.

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Bacalao a la riojana © iStock

Para hacer una buena parada

Cruce de caminos por antonomasia, Santo Domingo de la Calzada, como tantos otros pueblos de interior, hicieron del bacalao su santo y seña. De esos mares y de aquel recuerdo, el bacalao a la riojana es ley en el pueblo, donde se borda en restaurantes como Los Caballeros. Sin embargo, si se hace el alto en el camino, también conviene dejarse engatusar por los ahorcaditos, un curioso hojaldre que se rellena de crema de almendra con forma de vieira, como homenaje al Camino de Santiago que pasa por la localidad y que en bordan en Pastelería Isidro. El nombre, algo tétrico, se debe a una antigua leyenda del propio santo al salvar de la horca a un peregrino. 

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Arnedo
Arnedo © iStock

Tributo al ajo

Cuando la primavera despierta en Arnedo, el pueblo se convierte en un totum revolutum hortelano, dispuesto a apostar por el verde en cocinas caseras y restaurantes. Será también en los primeros momentos primaverales, entre marzo y abril —en Jueves Santo, concretamente—, cuando en este rincón en la vega del río Cidacos rinda pleitesía a uno de sus mejores embajadores: el ajo. No tal y como solemos imaginarlo, sino en fresco y asado entre brasas en el centro del pueblo. Un auténtico día de fiesta donde para rematar la faena en la que se asan más de 10.000 ajos no han de faltar tampoco los fardelejos de postre.

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Coliflor © iStock

El hogar de la dama blanca

Si casi toda La Rioja es una erupción verde y hortelana, hay incluso en ella aún volcanes más activos. Es lo que sucede en Calahorra, donde tienen a bien lucir como princesa de sus huertas a la inolvidable coliflor. Tanto es así que incluso tiene denominación de origen protegida bajo la marca Coliflor de Calahorra. Fragante, lustrosa, de generosos lóbulos y gran versatilidad, encontrar platos con ella en la localidad calagurritana es sencillo, sabroso y necesario. Casa Mateo, La Taberna de la Cuarta Esquina o Coliceo 29 son buenas referencias para no marrar este floreado tiro.

 

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Patatas a la riojana © iStock

A salto de cuchara

La Rioja es una comunidad plagada de ollas y fogones. Imprescindible es reparar en ella cuando el invierno aprieta, marcando un impasse de calma alrededor de la mesa. Si hablamos de legumbres, una es la absoluta reina. Hablamos del caparrón, una alubia entre pinta y blanca, moteada en tonos burdeos, más redonda que alargada y que forma parte del ideario colectivo y sabrosón riojanocon los clásicos caparrones guisados con sus sacramentos, que tiene marca de calidad DOP Alubia de Anguiano y que se borda en restaurantes como Valdevenados, en el propio Anguiano. Aún más protagonismo si cabe tiene el gran plato de cuchara de la región: las patatas a la riojana, tan humildes como sabrosas, y que no resulta difícil encontrar por prácticamente toda la comunidad. Para ella, conviene apuntar un par de referencias infalibles. La Vieja Bodega, en Casalarreina, y el restaurante Casa Zaldierna, en Zaldierna.

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Pimiento del piquillo © iStock

Un pueblo teñido de rojo

Estalla Nájera, uno de los grandes polos turísticos de La Rioja, cuando la primavera cruza las riberas del río Najerilla. Es el momento de que las huertas rompan filas y, entre todos sus tesoros, se alumbren los legendarios pimientos najeranos. Una variedad delicada y fina del pimiento del piquillo que sirve para portentosas conservas de pimientos asados, pero también para pasar directamente por la brasa en restaurantes o para ser rellenado con mimo. En locales como El Buen Yantar, un asador de cuna, el cordero y el pimiento van casi de la mano, formando un matrimonio totalmente indisoluble.

 

San Vicente de la Sonsierra
San Vicente de la Sonsierra © iStock

Vocación casquera

El cordero es santo y seña, si de carnes se habla, en La Rioja. Las chuletillas caen en los sarmientos, los cortes más nobles se fraguan en hornos de leña y sus menudos, independientemente de la proveniencia, se guisan con mimo. De leyenda son los clásicos patorrillos, las delicadas manos del cordero que se enredan en una crespineta que proviene de sus interiores y que se borda en multitud de pueblos, como sucede en San Vicente de la Sonsierra, siendo Casa Toni, un restaurante que navega entre lo clásico y lo actual, uno de los mejores lugares pare saborearlos.

 

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Carpaccio de gamba © Casa Toni

Alumnos aventajados

Tras pasar unos cuantos años en las cocinas de Echaurren, el chef Cristóbal Castillo puso en marcha su aprendizaje en el corazón de Alfaro, otra localidad donde pimiento, huerta y cordero campan a sus anchas. En Morro Tango una cocina tradicional de mucho sabor, no exenta de creatividad, en la que lo mismo voltea al gran clásico de pescado de la región, como es el bacalao en salsa riojana, al tiempo que luce juego de setas, menestras y carnes a la brasa, valiéndose de la despensa que Alfaro le provee en todo momento, pero también jugando con mariscos y pescados que trae del Cantábrico.

 

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Cordero © Allegar

Calados y sarmientos

El calado es otro de los leit motivs del vino de Rioja. En esas profundas bodegas, excavadas en piedra, el vino dormía y los riojanos celebraban. Esa tradición se mantiene al compás del sarmiento, estallando en primavera y verano. Si se hace un alto en Briones, uno de esos pueblos tan bonitos como sabrosos, dos opciones se descubren para un viajero que quiera lo mejor de los dos mundos. De chuletillas y brasa entienden en Asador Los Nietos, propuesta que se refuerza con la creatividad en el restaurante Allegar, dentro del hotel Santa María de Briones, donde bajo el mismo mantra del producto también se reivindica una cocina algo más elaborada donde no falta el cordero.

 

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Un pueblo que piensa casi todo en verde

Apoyado en la margen del Ebro y casi acodado sobre Navarra, Rincón de Soto es un pueblo que puede presumir de que su mejor embajadora es un romance verde. Se trata de una pera legendaria, bajo la variedad conferencia, que ha alcanzado tanta fama y calidad que cuenta con la DOP Peras de Rincón de Soto. Dulce, jugosa, carnosa y de buen tamaño y firmeza, es el imán de un pueblo que, como no podía faltar a su cita, es ideal para darse un capricho de peras en fresco. O de peras al vino, claro, en restaurantes como Casa Javi, una terraza familiar con parrilla y brasa donde no suele falta esta alegría de la huerta.