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De viñas por Europa: nueve pueblos con encanto rodeados de vino

Estas localidades mezclan el encanto de esta bebida con un patrimonio notable y fascinante.

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shutterstock 1769810822. Sasbachwalden (Selva Negra, Alemania)

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Sasbachwalden (Selva Negra, Alemania)

Pocas localidades en Europa son más vertiginosas que esta bella localidad turística ubicada en el norte de la Selva Negra. No, no es que esté al borde de un abismo, es que en su territorio hay cumbres como el Honisgrinde con 1.164 metros del altitud y vaguadas que miran al Rin a poco más de 200 metros sobre el nivel del mar. Pero lo más destacado de esta rareza es que, en cuanto se va bajando desde las crestas de la cordillera, los pinares frondosos se transforman en viñedos, regalando a los ojos un paisaje exuberante de pequeños pagos que se superponen en las laderas. A todo ello hay que sumarle una cooperativa, Alde Gott, en la que hay hasta 300 productores donde se ofrecen unas visitas guiadas muy entretenidas y, también, una experiencia, Sleep in a Wine Barrel, en la que se puede dormir dentro de un gran tonel en medio de las cepas.

shutterstock 1733466230. Hautvillers (Francia)

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Hautvillers (Francia)

Champagne es una región, que eso quede claro. Y, pese a que la gran planicie del Sena no es el paisaje más fotogénico del mundo, en cuanto se pliega la tierra aparecen panorámicas inolvidables. Es lo que sucede en Hautvillers, un pueblito donde se lo deben todo a este vino espumoso. Su principal reclamo es la tumba de Dom Perignon, el monje que descubrió este método de vinificación, pero tras presentarle los respetos, esta localidad regala unas vistas idílicas sobre el valle del Marne, sobre todo en los miradores que aparecen en la carretera a Cumières. Y tras el flechazo natural toca catar y disfrutar de la cocina local, especialmente en el wine bar Au 36, un establecimiento con una carta de champagnes apabullante y unas tapas muy recomendables.

iStock-163134726. Ammerschwihr (Francia)

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Ammerschwihr (Francia)

Cualquiera que haya recorrido la gran carretera de vinos de Alsacia creerá que es una blasfemia elegir esta localidad antes que Riquewihr, Eguisheim o Kaiserberg. Y sin embargo, Ammerschwihr, al estar desprovista de fama y de oleadas de turistas, tiene el plus de saber hacer disfrutar de su vino y de sus Grand Crus al viajero. Bodegas como Kuehn y sus calados centenarios, Alphonse Heitzmann y sus nuevas instalaciones o Jean-Baptiste Adam y su pasión por la biodinámica reciben al curioso con una atención campechana y honesta. Todo ello aderezado por unos caminos entre viñas donde es imposible encontrar aglomeraciones o atascos de segways,

iStock-1209873889. Saint-Émilion (Francia)

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Saint-Émilion (Francia)

¿Acaso alguien puede dudar de que este pueblo cercano a Burdeos es uno de los destinos enoturísticos por excelencia de todo el mundo? La fama de su Grand Cru lo precede, pero al llegar allí el cuerpo pide algo más que disfrutar de las experiencias que ofrecen algunas grandes bodegas como Château Cheval Blanc o Château La Dominique. Por eso, es casi un imprescindible colarse en su iglesia monolítica, pasear por el claustro de Les Cordeliers o asombrarse ante el palacio Cardinal. Todo ello sin olvidar el viñedo y los senderos que permiten circunvalar este municipio Patrimonio de la Humanidad desde donde las vistas son encantadoras.

iStock-1056217920. Barolo (Italia)

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Barolo (Italia)

Probablemente, las Langhe y las colinas piamontesas que tanto amó Cesare Pavese sean uno de los paisajes vitivinícolas más infravalorados del viejo continente. Y es una auténtica lástima, porque los viñedos de uva Nebbiolo son extremadamente bellos e hipnóticos. El hecho de ser una variedad que necesita mucho sol hace que su cultivo sea en grandes espalderas que llegan a superar el metro de altura, lo que hace que los pagos sean más frondosos y exuberantes. Para descubrirlos, nada como ir hasta el corazón de su D.O. más famosa, Barolo, y contemplar cómo este pueblo medieval se erige, con su castillo y sus casas de color pastel, entre este mar de vides. Y como colofón de la experiencia, una cata con quesos y embutidos en la vinoteca La Vite Turchese.

iStock-616112616. Lutry (Suiza)

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Lutry (Suiza)

No, Lavaux no es inabarcable. Por mucho que los viñedos en terraza que se recuestan sobre la ribera norte del lago Lemán parezcan un paisaje infinito, hay maneras y maneras de disfrutarlos. Una de ellas es desembarcar en cualquiera de los barcos de línea en el encantador muelle de Cully, dar un paseo por este pueblo de alegres casas y acabar subiendo al Lavaux Express, un trenecito eléctrico para adultos. O sea, para aquellos que no se quedan con la anécdota de subir a un vehículo pintoresco y saben disfrutar de las subidas y bajadas por los caminos de vendimia que rodean a esta localidad. Todo ello con diferentes paradas desde donde la postal de campanario-viñedo-lago se hace inolvidable.

shutterstock 1323511721. Tokaj (Hungría)

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Tokaj (Hungría)

Aunque parezca temerario, a Tokaj hay que viajar cuando el parte metereológico lo desaconseja. O mejor dicho, cuando la niebla se posa sobre sus viñedos y comienza la magia. El conocido como vino de reyes (así lo definió Luis XIV desde su fastuoso Versalles) se lo debe todo a la botrytis que pudre con nobleza sus uvas y que las dota de un dulzor único único por su elegancia y su estructura. Todo ello se descubre desde esos viñedos que tapizan el valle de Bodrog y que hoy en día están cultivados por las mejores casas de vinos del mundo. Pero toda visita a Tokaj estaría incompleta sin bajar a sus galerías subterráneas donde domestican este fenómenos tan complejo mediante toques de madera y una humedad ma´s controlada.

shutterstock 1573253434. Castellina in Chianti (Italia)

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Castellina in Chianti (Italia)

El valle de Chianti es indiscutiblemente bello. De eso no hay duda. Su combinación de cipreses, viñedos y atardeceres toscanos lo dotan de un magnetismo ante el que se rinden viajeros de todo el mundo. Eso sí, muchos de ellos se alojan y visitan en pueblecitos con más renombre que este, por mucho que este sea uno de los lugares donde comenzó a producirse el vino homónimo cuyas cepas crecían en sus icónicas colinas. La prosperidad de este vino ha hecho que Castellina se haya mantenido casi incorrupta con el tiempo, ofreciendo ahora un perfecto ejemplo de urbe medieval italiana. Por eso, entre bodega y bodega, merece la pena subir hasta su castillo roquero y visitar la iglesia de San Salvatore.

iStock-1209692416. Provesende (Portugal)

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Provesende (Portugal)

Muchos de los cruceros enoturísticos que surcan el Douro suelen hacer parada en Pinhão para, desde aquí, visitar alguno de los viñedos más característicos de este paisaje Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, no es tan común que las excursiones se desvíen hasta Provesende, una de las aldeas históricas mejor conectadas con el viñedo que la rodea. Aunque este rasgos se distingue solamente con realizar una vista panorámica del lugar, lo cierto es que todo lo aquí construido está relacionado con el patrimonio que ha dejado el vino en sus calles y monumentos. Sobre todo, en las casas nobles del siglo xviii que atestiguan la llegada de las grandes compañías vitivinícolas de Oporto que buscaban aquí viñedos con los que suministrarse.

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