Viñas afrikáners

Los viñedos que apuntan a la Antártida

Sudáfrica produce vinos desde el siglo XVIII gracias a las cepas traídas por hugonotes franceses. La principal región vinícola se localiza en Stellenbosch, a 50 km de Ciudad del Cabo.

Es inevitable sentir un déjà vu cuando se conduce junto a los extensos viñedos de Stellenbosch, 50 km al este de Ciudad del Cabo, la capital legislativa de Sudáfrica. A pesar de las hileras y más hileras de viñas, el paisaje de esta región vinícola no tiene nada que ver con La Rioja, el Penedès, el Valle del Rin o la Borgoña: las montañas de largos lomos verdes que emergen al fondo recuerdan más a los escenarios de Jurassic World que a Europa. Esto es África, el sur del continente, y por estos campos hace apenas tres siglos campaban elefantes, gacelas, rinocerontes, jirafas y leones.

stellenbosch
Foto: Shutterstock

Stellenbosch, legado holandés

Segundo asentamiento más antiguo de Sudáfrica después de Ciudad del Cabo, Stellenbosch es un agradable y ordenado núcleo fundado en 1679 que creció en torno al fuerte militar donde ahora hay una amplia plaza. El nombre de esta ciudad universitaria, considerada el núcleo de la cultura afrikáner, se debe a Simon van der Stel, su fundador, y procede de Stel’s Bush: "Stel está en el bosque o campo" (lo que contestaban los esclavos cuando le preguntaban por el amo) o el bosque de Stel. 

Stellenbosch
Foto: stock

Cafés encantadores, tiendas de ropa y de decoración jalonan las calles Dorp, Mill y Church, flanqueadas por robles que en verano ofrecen una generosa sombra. Cerca de la iglesia anglicana de Santa María se levantan los edificios históricos que forman parte del Museo de Stellenbosch.

Los altos cargos de la Compañía de las Indias Orientales que se instalaron aquí a principios del siglo XVIII trajeron consigo su severa religión calvinista y edificaron elegantes residencias que ahora forman parte de una ruta sobre aquella comunidad dedicada a la ganadería y a la agricultura.

 

Stellenbosch
Foto: stock

el vino pinotage

Los hugonotes franceses plantaron las primeras cepas en los alrededores de Ciudad del Cabo en el siglo XVIII y los holandeses continuaron su cultivo a lo largo de los dos siglos siguientes. Sin embargo, no fue hasta 1920 cuando Abraham Izak Perold empezó a desarrollar en la Universidad de Stellenbosch el Pinotage, un cruce de Pinot Noir y Hermitage que ahora triunfa en las mesas de medio mundo, con más de 20 millones de litros exportados al año.

La primera botella etiquetada salió en 1961 de la finca Lanzerac, una buena parada para realizar una cata: por la mesa van circulando las diferentes variedades, cada una maridada con chocolate sudafricano, uno de los más exquisitos del mundo por la calidad de su cacao.

Otras fincas centenarias perfectas para conocer los vinos sudafricanos son Spier, Delheim, Thelema, Tokara o Blaauwklippen. En el área de Stellenbosch hay más de 150 fincas vinícolas.

 

Ruta en bici
Foto: stock

Las catas en las fincas vinícolas se pueden completar con una ruta en bicicleta o pie entre las viñas o incluso subiendo al tren Franschhoek, que conecta las haciendas de esta zona al este de la ciudad de Stellenbosch. Desde la terraza de cualquiera de ellas se contempla el mar de viñas y, en el horizonte, una línea de montañas que parecen salidas del Mundo Perdido de Arthur Conan Doyle, son la imponente Simonsberg y la Papegaaiberg o Montaña del Loro. Un recordatorio de que estamos en África.

Tren del vino Sudáfrica franschhoek-wine-tram/
Foto: franschhoek-wine-tram