Trasiegos en Estrasburgo

El vino bebible más antiguo del mundo se visita en Estrasburgo

Este blanco seco de Alsacia de la cosecha de 1472 descansa en las Bodegas Históricas de los Hospices Civils de Estrasburgo.

Avellana, miel, vainilla, clavo, caramelo…estos son algunos de los aromas y sabores que acompañan al vino bebible más antiguo del mundo, que descansa desde 1472 en la bodega alojada en el sótano de uno de las instituciones médicas más antiguas de Francia, en los Hospices Civils de Estrasburgo. Un blanco seco de Alsacia que ha sobrevivido a guerras, a incendios y al paso del tiempo, concretamente 548 años. Ante estas circunstancias es inevitable que surja una pregunta, ¿cuánto de vino tiene este vino?

 

 

Cave historique des hospices civils de Strasbourg  Philippe de Rexel 3

Foto: Philippe de Rexel. OT Strasbourg

Cave historique des hospices civils de Strasbourg  Philippe de Rexel 3

Mucho, cuenta el bodeguero Lucas Spinner, a cargo de la bodega desde hace un año. “De hecho desde el punto de vista enológico, es de gran calidad” sostiene. Y es que el año de su cosecha fue un gran año para esos viñedos que por entonces ya cubrían las faldas del macizo de los Vosgos, de los que nacen muchos vinos de Alsacia. Una región conocida por sus aromáticos gewürztraminer y con una gran influencia alemana, de donde proceden algunos de los Riesling más prestigiosos del mundo y surcada por la Ruta de los Vinos de Alsacia, con parada en Estrasburgo, su capital.

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Vino y medicina, una historia de amor

La bodega que lo custodia se encuentra en un edificio que se construyó en 1395 inicialmente como iglesia, para luego más tarde ser reemplazada por los primeros hospitales de esta ciudad a orillas del Rin. No es coincidencia que la bodega ocupara los bajos de un hospital, pues en Francia el vino y la medicina han mantenido desde tiempos lejanos una buena relación. Parte de los ingresos de los hospitales procedían de los viñedos – muchos de los enfermos que acudían a él intercambiaban sus servicios por tierras y cultivos- sus sótanos eran lugares con microclimas adecuados para la conservación de sus vinos y además muchos pacientes acudían a ellos para tratarse con enoterapia, una práctica común en la Edad Media. A los que tenían problemas con la tensión, se les recetaba una botella de Bergerac y los que habían perdido la libido, encontrarían su salvación en un par de copas de Saint-Amour.

Los tratamientos dejaron de hacerse hace tiempo, pero la bodega -donde se encuentran algunos de los mejores vintage de Francia- sigue sirviendo de apoyo económico para el hospital, pues funciona como museo y tienda. A día de hoy no solo sirve de hogar al vino más viejo del mundo, y otros cuya cosecha se remonta a 1519 y 1525, también en ella se encuentra un majestuoso tonel con 26.000 litros de vino en su interior y otros tantos a los que acompañan peculiares historias. Incluso se conserva un pequeño túnel remanente de las galerías subterráneas que se construyeron durante la I Guerra Mundial, al que se accede nada más entrar a la bodega. Su función principal, cuenta Spinner era técnica, “permitía conectar los distintos servicios hospitalarios sin tener que salir al exterior, especialmente durante tiempos de guerra. Además, se utilizaba como almacén para las botellas”.

Cava

Una de las prensas que se exhiben en este complejo. 

Foto: Phillipe de Rexel. OT Strasbourg

Tres catas históricas

Se dice que el vino mejora con los años, un dicho que por muy recurrente que sea no siempre es aplicable a todos los casos. No se sabe con seguridad si este ha mejorado a lo largo de estos cinco siglos, “es imposible saber cómo el vino ha evolucionado durante su envejecimiento porque solo se ha catado tres veces. Además, un vino en barrica tiene una evolución permanente, por lo que es difícil seguirla a lo largo de tanto tiempo” cuenta Spinner. Lo que sí puede asegurar es que desde que se abrió por última vez en 2015 “conserva su esencia a pesar de percibirse un sabor a madera más intenso que se refina gradualmente”. Y aunque mantiene una graduación alcohólica del 9.4%, tiene un pH de 2.21, casi tan ácido como el vinagre, lo que lo convierte en un trago solo apto para valientes. Pero es precisamente esta alta acidez la que le ha permitido perdurar en el tiempo según apunta Lucas Spinner. En 1994 fue certificado por los enólogos del laboratrio interregional de la Dirección General de la Concurrencia, de la Consumación y de a Répression des Fraudes como apto para beber.

Es imposible saber cómo el vino ha evolucionado durante su envejecimiento porque solo se ha catado tres veces

Anterior al último año citado, son tres las fechas en las que el barril ha sido abierto para catar su contenido. La primera, en 1576, se hizo para celebrar la alianza entre Estrasburgo y Zúrich. En 1718 con motivo de la construcción del primer hospital público de la ciudad. Dos siglos más tarde, en 1944 fue el general Leclerc quien tuvo el privilegio de brindar con una copa de este vintage para celebrar la liberación de Estrasburgo tras la ocupación alemana.

Copa

Foto: Patrick Lambin. OT Strasbourg.

El trasiego de los años

A lo largo de su extensa vida el vino se ha mudado de barril en tres ocasiones, ya que el original no duraría para siempre. El tonel en el que se depositó el vino inicialmente resistió hasta 1718, el deterioro de la madera hizo que se agrietase y se produjeran escapes. El siguiente aguantaría hasta 2014 y después de conservarlo en uno de metal para que no se perdiera su contenido se hizo el último trasiego, en enero de 2015. Esta operación duró alrededor de 30 minutos y corrió a cargo de dos maestros toneleros de Burdeos. Xavier Gouraud y Jean Marie Blanchard, conocidos por ser los mejores en Francia, fabricaron un tonel ovalado semejante al anterior de 1.17 metros de largo y 97 cm de ancho, que les llevó 200 horas de trabajo. Esfuerzo que no se tendrá que volver a hacer hasta dentro de 300 años, que es la vida estimada de este nuevo barril colocado ahora entre sus dos predecesores, detrás de una verja de hierro forjado en el ala izquierdo de la bodega.

En paralelo a estos trasiegos, el mantenimiento del vino ha ido acompañado de repostajes puntuales necesarios para compensar lo perdido durante la evaporación del contenido. Algo común que ocurre en las barricas de roble y que se conoce como la parte de los ángeles, esa cantidad de vino que se evapora -que en realidad consiste en agua y alcohol- y que ha llevado a los encargados de la bodega “cada año a añadir al tonel tres litros de vino blanco (normalmente Riesling) cedido con los enólogos asociados” cuenta Spinner, asegurando que tras tal proceso el vino sigue siendo el mismo al diluirse en el barril manteniendo una determinada cantidad del original.

Cada año a añadir al tonel tres litros de vino blanco (normalmente Riesling) cedido con los enólogos asociados


Con el tiempo este 1472 ha ido adquiriendo un tono ámbar por el barril de roble donde descansa y quienes lo visiten no lo podrán catar, pero al menos su color si que lo podrán contemplar, pues parte de su interior luce en una preciosa botella que se llenó hace años con este vintage tan especial y que ahora es una reliquia más de esa bodega-museo.

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