África real

El insospechado palacio de Bruselas que marca la descolonización de los museos

Africa Museum ha iniciado una investigación sobre la procedencia y restitución de sus colecciones que viene a culminar su proceso de descolonización iniciado hace unos años.

El British Museum y las autoridades helenas iniciaron por primera vez contactos para la supuesta devolución de los mármoles de Elgin a principios de 2023. Aún no hay nada decidido, pero es un símbolo de los diferentes procesos de descolonización abiertos en museos de todo el mundo, como el protagonizado por el Real Museo de África Central de Bélgica, todo un modelo a seguir.


Cuando el Real Museo de África Central volvió a abrir sus puertas en Tervuren, en las afueras de Bruselas, tras cinco largos años de reformas, más allá de un museo ampliado y modernizado, lo que todo el mundo esperaba encontrar era un museo “descolonizado”. Así es como la mayor colección de África del planeta ha logrado trascender la visión eurocentrista con la que nació para transmitir una imagen de la África más actual y del futuro. También se aprovechó para acondicionarlo como un centro de investigación especializado en África Central (Congo, Ruanda y Burundi). 

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Real Museo de África Central

Foto: Shutterstock

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Un pasado colonial

El origen del museo se remonta a la exposición Internacional de Bruselas en 1897. El rey Leopoldo II, que gobernaba el Congo entonces con métodos tiránicos, organizó una “sección colonial” a las afueras de Bruselas, en Tervuren, con el objetivo de atraer inversores y ganar prestigio. Este soberano quiso hacer las cosas a gran escala y mandó construir un palacete, el Africa Palace, que albergaría un museo junto a un complejo llamado pueblo africano. Trajo a la fuerza a casi 300 congoleños para que revivieran su hábitat natural entre esculturas de marfil, cabañas, diversos utensilios procedentes del Congo, animales disecados… En definitiva, un zoo humano que reforzaba la idea de que esos nativos debían ser civilizados y así justificar el colonialismo. Por desgracia, los espectáculos étnicos estaban muy de moda en las principales ciudades europeas y de Estados Unidos desde finales del siglo XIX hasta la década de 1930.
Debido al gran éxito de esta sección colonial concebida como algo temporal, pronto el Africa Palace (hoy en día se usa para eventos) quedó pequeño y el rey Leopoldo II mandó construir el actual edificio de estilo parisino. Sin embargo, falleció unos meses antes de la inauguración, el 30 de abril de 1910. Este proyecto se financió con los beneficios de la explotación de los recursos del Congo, en especial del caucho.

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Foto: RMCA

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Una descolonización con muchas trabas

En un país donde viven 250.000 africanos, la mayoría congoleños, no es de extrañar que el pasado colonial del museo generara debate social. Sin apenas cambios sustanciales desde que se inauguró en 1910, esta institución perpetuaba la imagen de que la cultura occidental era superior a la de África, resaltando continuamente la figura del rey Leopoldo II. Al fin y al cabo, fue él mismo quien lo diseñó. 
Era evidente que el gran reto de este museo estaba en presentar una visión de África moderna y descolonizada. Sin embargo, el gran obstáculo para esta transformación fue toparse con un edificio histórico protegido con demasiadas restricciones (incluso las cajas de cristal donde se exponían los objetos se tenían que respetar). Transmitir un mensaje de descolonización donde el logo de Leopoldo II, la doble L, aparece 45 veces en todo el edificio, así como menciones de este soberano y su sucesor, Alberto I, elogiando el colonialismo no iba a ser algo sencillo.

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Foto: RMCA

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Arte contemporáneo para curar las heridas del colonialismo

La Rotonda (el espacio donde antes estaba la antigua entrada) sintetiza cómo el museo ha sabido resolver la contradicción de transmitir un mensaje descolonizador en una sala que sería lo más parecido a un templo dedicado a Leopoldo II. Este imponente espacio circular con una exquisita decoración en mármol y coronado por una gran cúpula tiene dos elementos muy coloniales: la estrella en el suelo, símbolo del Estado Libre del Congo (nombre oficial del país desde 1885 a 1908), y unas esculturas doradas que representan la supremacía blanca dentro de unas hornacinas. Por supuesto, se planteó retirarlas, pero las autoridades competentes indicaron que formaban parte del edificio histórico. 

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Foto: RMCA

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El pasado y el futuro

Ante esta negativa, la dirección del museo convocó un concurso dirigido a artistas africanos con el fin de crear una obra de arte que compensara esa propaganda colonial. El elegido fue Aimé Mpané con su obra Nouveau souffle, ou le Congo bourgeonnant (nuevo respiro, o el Congo floreciente), una escultura de madera que representa una cabeza africana erigida sobre un zócalo de bronce para contrarrestar las hirientes esculturas. Sin embargo, muchos visitantes expresaron que no se percibía la intención del museo en borrar las huellas del colonialismo. En respuesta a estas críticas, se encargó al mismo artista una segunda escultura. Representa el cráneo del jefe de la tribu de Lusinga, en el Congo, durante una expedición llevada a cabo por el oficial belga Emilie Storms en 1.884, que en un acto de violencia le decapitó. El cráneo y otros objetos de la víctima fueron trasladados a Bélgica.
Las dos esculturas, una enfrente de la otra, simbolizan la muerte y la violencia del pasado, frente a la dignidad y la esperanza del futuro.

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Foto: RMCA

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Dos edificios en uno

El museo de antes apenas disponía de servicios, solo una pequeña tienda y una cafetería anticuada. Ante la imposibilidad de ampliarlo por ser edificio histórico protegido, se optó por construir uno nuevo: un moderno pabellón de cristal que es por donde se accede y alberga la recepción, las taquillas, zona de picnic para familias, tienda y en el primer piso, el restaurante. Una galería subterránea de 100 metros conecta el nuevo edificio con el antiguo, donde se ubican las salas de exposiciones temporales y es como una antesala a la exposición permanente. Además, alberga una impresionante canoa de más de tres toneladas y con capacidad de hasta 100 personas. Antes (o después) de visitar el museo, para que la experiencia africana quede del todo completa, es más que recomendable reservar en el Bistro Tembo donde sirven platos típicos de África que disfrutar con unas magníficas vistas a los jardines y al palacio.
 

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Foto: Marta Cuadras

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África, un continente fascinante

Tras cruzar el largo pasillo que conecta los dos edificios, el visitante entra en el corazón de África. El museo se divide en cinco grandes apartados. El primero llamado “Ceremonias y Rituales” donde los habitantes del Congo, Ruanda y Burundi explican sus experiencias sobre el nacimiento, la educación, las bodas o las muertes…La sala contigua, la sección “Historia Colonial y de la Independencia”, cuenta a través de una serie de fotografías el periodo de la colonización, acompañado de enormes mapas antiguos de África Central en las paredes. Antes de llegar aquí se cruza la galería “Larga Historia” cuyo objetivo es transmitir que África existía mucho antes que el colonialismo

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Foto: RMCA

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Un viaje al pasado

Imaginar cómo era el Congo hace más de 100 años sin recurrir a la tecnología es posible en el Africa Museum. Basta con dirigirse a la sala del Cocodrilo, la única galería que se ha dejado intacta desde que se inauguró. Como curiosidad, las paredes están decoradas con paisajes del Congo en color, aunque inspiradas en fotos en blanco y negro. Durante algún tiempo era la única referencia que tenían los visitantes de cómo era África. Una de las secciones más interesantes es “La Paradoja de los Recursos” donde invita a la reflexión, ¿cómo es posible que un continente rico en recursos naturales sea pobre?
Los dos últimos apartados, “Paisajes y Biodiversidad” y “Lenguajes y música”, muestran la gran riqueza de este continente en todos los ámbitos. Este completo recorrido africano culmina en el “Rumba Studio”, una pista de baile interactivo donde músicos y bailarines, en una gigantesca pantalla, se mueven a un ritmo difícil de seguir.

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Obras de arte ¿expoliadas?

Visitar el Africa Museum es maravillarse con obras de arte únicas en el mundo del siglo XIX (algunas más antiguas) como esculturas, máscaras, piezas ornamentales... En total, más de 120.000 objetos que incluye unos 8.000 instrumentos musicales, la colección más grande del mundo, más de 3.500 mapas desde el siglo XV, una colección muy completa de minerales, fósiles, insectos… Una parte de estos objetos fueron trasladados por misioneros, militares y científicos durante los primeros años de la colonización (1885-1908), en la época más violenta y posiblemente en condiciones poco éticas. Por supuesto, cada pieza tiene su ficha con toda la información, pero poco se sabe de las circunstancias. Por este motivo y desde septiembre del 2022, el Africa Museum con la colaboración del Institute des Musées Nationaux du Congo (IMNC) ha creado una comisión que investiga si hubo violencia o no en las piezas más controvertidas. 

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