Cuestionario en modo avión

Alicia Sornosa: "Por mi experiencia, diría que las mujeres estamos más preparadas para viajar que los hombres"

Tras darse a conocer en 2011 como la primera mujer de habla hispana en dar la vuelta al mundo en solitario, Alicia Sornosa vuelve de una nueva aventura sobre dos ruedas: viajar desde Madrid a Suiza en moto eléctrica.

Alicia Sornosa (Madrid, 1973) es periodista, viajera y activista y todo ello confluye en su amor por las motos, una pasión que viene de familia, y es que su padre es uno de los pilotos españoles más laureados de la historia. Aunque nunca tuvo intención de serlo, Alicia es también una pionera. En 2011, ante la falta de trabajo como periodista freelance, decidió emprender la mayor aventura de su vida. Durante un año y medio estuvo recorriendo los lugares más recónditos del planeta a bordo de Paca, su moto de trail bautizada así en honor a su difunta abuela. De esa manera se convirtió en la primera mujer de habla hispana en dar la vuelta al mundo en solitario. Antes de ella, solo la británica Elsperth Beard lo había logrado, en 1968.

 

En el momento de entrevistarla, justo diez años después de aquella gesta, Alicia acaba de volver de un viaje casi tan grande como aquel. Uno que ella define como del futuro, y es que durante dos semanas ha recorrido los más de 3.000 kilómetros que transcurren desde Madrid a Suiza (viaje de vuelta incluido) y todo ello sin consumir ni un litro de gasolina.

 

Alicia Sornosa - Suiza 4

Foto: Javier Sánchez

Alicia Sornosa - Suiza 6

Este es el primer gran viaje que haces con una moto eléctrica.

Sí, y espero que sea el primero de muchos, ha sido una experiencia espectacular. Antes de comenzar tenía algunas dudas pero se esfumaron todas a los pocos kilómetros. Es cierto que un viaje como este requiere más planificación previa que si lo hiciera con una moto de combustión, pero a cambio te ofrece otras ventajas como el hecho de no generar calor, poseer una potencia de salida tremenda o no hacer ruido. Los motoristas más tradicionales se suelen quejar de esto último pero el silencio me ha permitido escuchar sonidos que serían imperceptibles si viajas con una de gasolina. La naturaleza adquiere otra dimensión en una eléctrica, los sentidos se amplifican, de repente escuchas el canto de los pájaros, las vacas, los grillos, el sonido del aire a través de los árboles o incluso sensaciones como el contacto de la rueda con el asfalto. Es increíble.

¿Los viajes eléctricos son una realidad entonces?

Depende. Soy de las que cree que si te lo propones se puede, pero obviamente hay lugares más preparados que otros. En España o Francia, este viaje hubiera sido mucho más lento, deberíamos haber parado cada sesenta o setenta kilómetros. Aún falta apostar de manera clara por ello, construir más cargadores y electrolineras, facilitar la transición, potenciar la tecnología. Aun así, el relieve tampoco acompaña. España tiene muchas autopistas y el terreno suele ser llano, que es el tipo de superficie por donde más sufren este tipo de motos. ahí es donde este tipo de motos.

En España y Francia aún falta apostar de manera clara por los viajes eléctricos, construir más cargadores y electrolineras, facilitar la transición, potenciar la tecnología...

Suiza, en cambio.

Suiza es todo lo contrario, ha sido muy sencillo. Su infraestructura es impresionante, en el pueblo menos pensado hay cargadores y son gratuitos, funcionan perfectamente y además su energía procede de renovables, es decir, es limpia. Incluso hay hoteles que cuentan con súper cargadores que son bastante más rápidos que los normales y no necesitas estar hospedado para utilizarlos. Al contrario que ocurre en España, su orografía permite disfrutar mucho de estos vehículos. A diferencia de lo que se pueda pensar, los puertos de montaña y las curvas mejoran mucho su rendimiento.

¿Habías estado antes?

Sí, un par de veces para esquiar pero nunca antes había rodado y me ha parecido tremendo. Suiza es preciosa la mires por donde la mires, es el país del agua y las montañas. Más allá de los paisajes, que son impresionantes, con esas laderas enormes coronada por picos de 4.000 metros de altura, me fascinó su cultura. Suiza tiene mucha historia aunque no se conozca demasiado. El paso por los cantones, por ejemplo, me sorprendió. Allí te puedes encontrar a gente hablando en francés, italiano, inglés y alemán a la vez porque está justo en la frontera.

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"La infraestructura de Suiza es impresionante, en el pueblo menos pensado hay cargadores y son gratuitos"

Foto: Alicia Sornosa

A ti, la pasión por las motos te ha llevado desde Madrid hasta los lugares más insospechados del planeta.

La moto es el medio de transporte perfecto, el más permeable de todos. A diferencia del coche, te permite experimentar el viaje desde una posición mucho más cercana al lugar que visitas. Si llueve te mojas, si cruzas un desierto tragas polvo, si hace calor sudas, si hace frío lo notas. En un coche, en cambio, siempre vas en tu burbuja con olor a pino, con tu música, a la temperatura que quieras, es irreal. Además, las motos se prestan mucho más a entablar una conversación con los demás, despiertan curiosidad en el ser humano y a mí lo que me gusta es conocer personas que al final son el mejor puente para entender el sitio donde estás. Tan solo hace falta levantar la visera y ya eres uno más, en el coche sin embargo, difícilmente alguien se va acercar y hablar contigo si no sales de él.

¿Cuándo comenzó tu amor por el motor y, especialmente, por las dos ruedas?

Desde bien pequeñita. Podría decirse que me he criado en todos los circuitos de España viendo a mi padre competir. Sin duda, él fue quien me transmitió esa pasión por el mundo del motor. A los catorce me regalaron una vespino y aquello fue una revolución porque cambié la bicicleta y de repente, tenía libertad para alejarme varios kilómetros de mi barrio y descubrir nuevos lugares, aunque fueran cercanos. Luego tuve una época en que comencé a viajar en coche, hasta que a los veintiocho años me compré una moto de trail para ir más rápido al trabajo. Pero con la crisis y la falta de trabajo, en 2011 decidí subirme a ella y dar la vuelta al mundo. Después me compré una scrambler de Ducati que es mucho más pequeña pero más potente y descubrí un nuevo tipo de viaje. Ya no era llegar hasta el sitio más alto o el lugar más recóndito, sino disfrutar del camino haciendo más paradas. Y ahora, para esta aventura, me he subido a la eléctrica de Zero y me he quedado con ganas de más, con ella he descubierto otra manera más de viajar.

Desde hace tiempo, organizas viajes de autor en los que cualquiera puede acompañarte por lugares en los que (en tus palabras) un turista no suele acceder.

Sí, suelen ser viajes que ya he hecho anteriormente, que conozco y que por alguna razón me han llamado la atención. Un ejemplo es la expedición que diseñé en la carretera austral de Chile que va desde Osorno hasta Puerto Natales. Es una zona desconocida que muy poca gente se atreve hacer en solitario porque es un lugar bastante inhóspito, pero a su vez precioso. La carretera transcurre entre llanura extensísimas, fiordos y glaciares.

Pero no hace falta ir tan lejos. También organizo viajes a países más cercanos como Marruecos, que a pesar de parecer un destino muy trillado, aún hay mucha gente que no ha visitado. Además, mis viajes están concebidos fuera de los itinerarios turísticos, es decir, que vas a encontrarte con gente muy poco parecida a ti, vas a rodar por carreteras que casi nadie conoce, vas a parar en pueblos minúsculos y descubrir zonas que ni siquiera habrás escuchado en tu vida.

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"La Carretera Austral de Chile atraviesa una zona desconocida que muy poca gente se atreve hacer en solitario porque es un lugar bastante inhóspito, pero a su vez precioso."

Foto: Getty Images

Viajar a lugares tan alejados tiene sus ventajas y sus desventajas. En tu libro 360 grados, comenzabas preguntándote que hacías sola en mitad del desierto de Australia. ¿Es una pregunta recurrente?

De vez en cuando suelen surgir. Normalmente aparecen en los momentos de máxima tensión, en los que todo se vuelve del revés y te dices a ti misma ¿pero qué estoy haciendo aquí? La respuesta, sin embargo, es siempre la misma. Estás allí porque tú misma lo has decidido y entonces las dudas se esfuman y lo único en que pienso es seguir el viaje porque si eres paciente, siempre te ofrece momentos increíbles. Además, muchas veces pienso en mis amigos que están en una oficina, que no les gusta su trabajo y me doy cuenta de lo afortunada que soy, porque aunque a veces sufra, estoy haciendo lo que quiero.

Tus viajes suelen abarcar grandes recorridos en los que pasas mucho tiempo sola. ¿Tienes algún tipo de rutina para mentalizarte?

Sí, los primeros kilómetros de cada viaje los dedico a hablar conmigo misma. Es una especie de rezo o meditación. En esos momentos pienso en mi abuela, que falleció justo el año en que salí a dar la vuelta al mundo. Es una especie de energía, no se puede explicar con palabras, pero al fin y al cabo, pido que los vientos sean favorables, que el camino sea placentero y aprenda del viaje. Es una chorrada pero a mí me ayuda, supongo que cada uno tiene sus propios mantras.

Además de para escribir reportajes y libros, utilizas el viaje como un altavoz político para reivindicar el papel de la mujer. ¿Viajar sola siendo mujer, por ejemplo, sigue siendo un tabú?

Todos pensamos que la mujer es más frágil y que los viajes son un peligro, pero por mi experiencia te diría que estamos más preparadas y que, quizás no somos más fuertes físicamente que los hombres, pero si más resistentes. Se vende una imagen irreal porque a todos, indistintamente de nuestro género podemos vivir las mismas situaciones que asociamos a las mujeres que viajan solas. Cualquiera que tenga dos dedos de frente y sepa darse cuenta de dónde debe y no debe meterse, no le pasará nada. Es verdad que hay que ir con cuidado pero normalmente basta con sentido común. Si voy a un país asiático no me verás vistiendo tirantes ni enseñando el ombligo ni alardeando de nada. Igual en los países árabes. Cuando voy a algún pueblo, procuro dejar la moto lo más escondida posible y si me preguntan dónde estoy hospedada, no se me ocurre dar el nombre del hotel.

También aprovechas cada viaje para recaudar fondos para alguna causa social, que es otro tipo de activismo.

Sí, la idea surgió hace un tiempo y es una tradición que me gusta mantener. Durante el viaje a Suiza recaudamos más de 3.000 euros para apoyar la investigación contra el cáncer de próstata. Surgió de manera espontánea un día que estaba hablando con un amigo que forma parte de una asociación contra esta enfermedad. En ese momento me dije a mí misma, si la mayoría de mis seguidores son hombres, porque no conseguir fondos para algo que les afecte a ellos. Además, es un tipo de cáncer del que no se habla tanto como otros, como por ejemplo, el de mamá.

Inuvik

"Volvería a Inuvik, un antiguo pueblo esquimal situado en el Yukón (Canadá). Estuve allí durante mi viaje dando la vuelta al mundo y es uno de los lugares más increíbles en los que he estado."

Foto: iStock

¿Siempre son fondos para investigación?

No, realmente nunca sé para que se destinará hasta que no comienzo el viaje. Los temas suelen surgir naturalmente. En 2019 hice un viaje por el oeste de Estados Unidos y recaudé en favor de la laminopatía, una enfermedad muy extraña que sufren solo 40 niños en todo el mundo, pero no siempre es así. Mi último viaje fue a Senegal. Llamé a un amigo mío que es arquitecto y que tiene unos campamentos solidarios allí para que me explicara un poco acerca del país. Una cosa fue llevando a otra y terminó hablándome del líder de los Bassaris, una tribu del este del país. Por lo visto, el hombre caminaba cada día veinte kilómetros para ayudar a los suyos y lo único que pedía era una moto para poder hacerlo más rápido. Hablé con mi amigo que lo conoce bien y cuando llegamos allí, había recaudado lo suficiente como para comprarle una moto. Son acciones pequeñas pero considero que ayudan al cambio.

Dice Leila Guerriero, otra gran periodista y viajera, que ella viaja no para visitar museos o admirar paisajes, sino para ejercitarse en la improvisación y en el ascetismo. Y tú, ¿por qué viajas?

Yo viajo para vivir. Siempre digo que un año de viaje equivale a diez de vida y es que la vida es muy corta, el tiempo que estamos aquí es efímero y viajar es la única manera que conozco para sacarle el máximo jugo posible. Por eso viajo.

Viajar es la única manera que conozco para sacarle el máximo jugo posible a la vida

Volver es uno de los desafíos más grandes de todo viajero. Volver a un lugar conocido y ver que inevitablemente algo ha cambiado. Si volvieras a un destino en el que ya estuviste, ¿cuál sería? Empecemos por el norte.

Me iría lo más al norte posible, rozando el círculo polar. Volvería a Inuvik, un antiguo pueblo esquimal situado en el Yukón (Canadá). Estuve allí durante mi viaje dando la vuelta al mundo y es uno de los lugares más increíbles en los que he estado. Su homólogo estadounidense sería Prudhoe Bay (Alaska), en la misma latitud aunque un poco al este. Según en la época del año en que vayas tienes que atravesar las famosas ice road, las rutas heladas por donde circulan grandes camiones, con el peligro que eso conlleva.

Un destino al sur.

Aquí tengo dudas. Podría decir perfectamente que la carretera austral de Chile, aunque pensándolo bien creo que me decanto por la isla de Tasmania (Australia). Al igual que Inuvik, también la conocí durante la vuelta al mundo. Es una isla curiosa, con paisajes preciosos como sus bosques primarios y una historia truculenta alrededor de la mítica cárcel de Hobart, una de las tantas prisiones construidas por el Imperio Británico y donde ocurrió una de las peores masacres de Australia.

Tasmania

 "Tasmania es una isla curiosa, con paisajes preciosos como sus bosques primarios y una historia truculenta alrededor de la mítica cárcel de Hobart".

Foto: iStock

Un destino al este.

Al este está claro, Japón. En 2016 hice un viaje desde España hasta allí conmemorando el 400 aniversario de la embajada Keicho, que en 1613 llegaron hasta la localidad sevillana de Coria del Río. Pasé por Rusia, Kazajistán, Mongolia y Japón hasta la isla de Honshū a través de Hokkaidō y la isla de Sajalín. Sin duda, es el país del este que más me ha impresionado y que más distinto es a nuestra cultura.

Un destino al oeste.

Aunque no sea un gran viaje como el resto, me quedo con Portugal. Es un país que me encanta y con el cual compartimos muchos lazos. Siempre sorprende, su gente es muy amable, la gastronomía es estupenda y además tiene una historia magnífica, repleta de exploradores y grandes viajeros como nosotros. ¿Qué más se puede pedir?

Eres la primera mujer hispana en dar la vuelta al mundo en solitario y una de las primeras en embarcarte en un gran viaje a bordo de una moto eléctrica. ¿Cuál es el siguiente reto?

Nunca me he planteado hacer los viajes como retos, digamos que siempre se han cruzado en mi camino y la cuestión es aprovecharlos o no. No sé qué deparará el futuro pero por el momento puedo decirte que en breves recorreré Ischia subida en una Vespa.