Navegar sin timón...

Atyla, la goleta clásica con la que dar la vuelta al mundo

Surgió con el ideal de hacer la ruta de Magallanes-Elcano y ahora invita a todo aventurero a surcar los mares desde su cubierta mientras se embarca en una experiencia de desarrollo personal.

En la década de 1970 en Vinuesa, un pueblo de la provincia de Soria, comenzó la construcción de un buque inspirado en los diseños de las goletas clásicas del siglo XIX. Era el sueño de Esteban Vicente Jiménez, piragüista profesional nacido en esta ciudad, y de su pareja de aquel momento, Inés Zalba, cuyo objetivo era lograr la construcción de un barco de madera tan robusto y seguro que le permitiera poder dar la vuelta al mundo siguiendo la ruta de Magallanes-Elcano para después convertirlo en un barco escuela.

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Atardecer en Guernse © Atyla

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La distancia que separaba su lugar de construcción de la costa, 250 kilómetros, era el menor de los problemas. Así en 1979, con el diseño del barco hecho siguiendo los estándares artesanos de los carpinteros de ribera y la aprobación del proyecto por parte de un ingeniero naval, comenzó su construcción. Amigos y voluntarios tallaron todas las piezas de su interior y los primeros mástiles del barco con madera procedente de la zona de pinares en la que se encontraban. Esta fue la primera parte de la construcción, seguida de dos viajes hasta Lekeitio, País Vasco, en donde se terminaron de crear el resto de las piezas y se llevó a cabo el ensamblaje de este barco al que se le llamó Atyla.

Dos intentos fallidos con final feliz

"Cuando se terminó de construir el barco no había fondos, sólo existían los que Esteban y la que era su pareja por aquel entonces tenían", explica Rodrigo de la Serna, sobrino de Esteban y actual Capitán de Atyla."Su idea inicial era construir el casco y comenzar a solicitar la ayuda de patrocinadores. Y así lo hicieron encontrando en Petronor su principal promotor y bautizando el Atyla como “Itxaso Petronor” con el objetivo de dar la vuelta al mundo siguiendo la ruta de Magallanes-Elcano. El problema vino cuando al poco de comenzar el viaje, uno de los directores de la empresa que respaldaba el proyecto fallece y la nueva Junta Directiva de Petronor decide darlo por finalizado" añade.

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© STI - Valery Vasilevsky

Con la idea truncada de recorrer el mundo, pero con las ansias de seguir apostando por un proyecto en el que habían puesto toda su vida y fuerzas en él. Esteban pidió de nuevo ayuda a familiares y amigos para formar la tripulación y se marcharon al Mediterráneo a pasar un verano en el que hicieron chárters y todo tipo de trabajos dedicados al turismo que por aquel entonces llegaba a la isla. Llegó el invierno y, con él, un nuevo intento por cruzar el Atlántico con la mala suerte de que, debido a un temporal, tuvieron que hacer un alto en el camino en Tánger, Marruecos. Una parada traicionera en la que les saquean todo y por la que tienen que buscar una nueva alternativa de vida a bordo del barco.

En ese deseo por seguir apostando por un modo de vida sostenible y la pesadumbre de dos intentos fallidos, en terreno español -concretamente en Lanzarote- encontraron una forma de vida que se compenetraba con su pasión, la realización de pequeñas excursiones de navegación a vela. Allí estuvieron viviendo y trabajando durante 19 años hasta que el gobierno de Cantabria les contrató para convertir Atyla en un buque que representase a su región. Dicho y hecho. Atyla navegó de vuelta hasta Santander en donde el barco se utilizó durante varios años para formación de navegantes, para la muestra de la biosfera de la bahía, para avistamiento de fauna marina...

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Fundación Barco Escuela Atyla © STI - Valery Vasilevsky

Atyla o cómo poder conocer el mundo a bordo de un velero

Una vez terminada su misión en Cantabria, Atyla fue transformado en lo que hasta el día de hoy es un Buque Escuela Internacional con Rodrigo de la Serna al frente de su dirección. Un capitán que, aunque es joven, no le faltan años de experiencia. Desde pequeño ha estado a bordo de la que es ahora su casa y conoce a la perfección el funcionamiento de Atyla y es que, además de ser diseñador gráfico, Rodrigo se formó en Náutica y cuenta con el título inglés de Patrón de Barco.

Siguiendo el sueño de Esteban, en 2013 y con veinticuatro años, Rodrigo retoma el proyecto de convertir Atyla en Barco Escuela Internacional. Desde entonces vive en el navío, pasando los inviernos en muelle del Museo Marítimo de Bilbao -donde se lleva a cabo todo el proceso de mantenimiento del barco- y el resto de meses viajando. La temporada de navegación comienza en Semana Santa y termina en septiembre u octubre dependiendo de las rutas que hagamos. En esos meses hacemos la navegación educativa, explica el capitán.

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Fundación Barco Escuela Atyla © STI - Valery Vasilevsky

“Sail training” como herramienta de desarrollo personal

Cada año, con una ruta diferente, Atyla proporciona a centenares de navegantes de todas las nacionalidades y procedencias, desde los 15 hasta los 70 años, una experiencia cultural. Visitan festivales marítimos, forman parte de regatas de grandes veleros, hacen vida en el barco y desarrollan habilidades que se encuentran fuera de la zona de confort. Un itinerario que en siete meses les lleva a recorrer un total de más de 11.000 millas náuticas y realizar una media de 25 paradas en puertos de diferentes destinos.

Quebec, Boston, Islas Bermudas, Reino Unido, Canarias o Copenhague son algunas de las paradas que ha hecho ya esta goleta. Y entre las que le esperan para este verano: la costa cántabra, Ámsterdam, el suroeste de Inglaterra, Brest, Hendaya y Dunquerque -en Francia- y Bremerhaven – en Alemania-. Destinos en los que suben y bajan nuevos integrantes del barco para experimentar en primera persona lo que es convivir en un barco.

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Fundación Barco Escuela Atyla © STI - Valery Vasilevsky

Como Rodrigo cuenta esta experiencia, que va de semana en semana "no va tanto de aprender a navegar -que también, porque aprenden a hacer guardias, a usar el timón, las cartas náuticas, la radio…- sino que toda esta actividad que se lleva acabo a bordo permite a los navegantes desarrollar y entender las habilidades blandas fundamentales para el desarrollo personal tanto en la mar como en tierra firme. Ese es nuestro goal. Enseñar y educar sobre la importancia de las habilidades que no se aprenden en la escuela y que ayudan en el entorno social como son la responsabilidad medioambiental, el liderazgo, el trabajo en equipo, la empatía, el pensamiento crítico, la resiliencia… todo esto a bordo es necesario para que el viaje funcione. Por eso a bordo trabajan con un coach que, además de crear talleres y dinámicas de grupo, ayuda a los participantes a entender las situaciones que se dan a lo largo del viaje y a saber enfrentarlas".

Una aventura a bordo de un navío cuyo mensaje y trabajo no se centra en culturas ni abarca edades, sino que acoge a todo tipo de personas que estén dispuestos a lanzarse a una experiencia en donde el respeto por el medio ambiente, el compañerismo y la apertura a nuevas culturas -de media hay 8 nacionalidades distintas a bordo- amplíen sus horizontes.

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Trabajando en el Barco Escuela Atyla en un día de lluvia

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