Receta de una foto

La belleza del desierto de Túnez a ojos de 'El Principito'

El oasis de Ksar Ghilane en Túnez es el escenario de una fotografía capaz de hacer volar la imaginación de fotógrafo y espectador.

A veces resulta necesario rodearse de soledad para escucharse, y poder ver un poco más allá. En el Grand Erg Oriental del Sáhara tunecino se encuentra el oasis de Ksar Ghilane (قصر غيلان), donde fue tomada esta fotografía. Una imagen que resulta hipnótica por su grafismo, casi magnético, que atrapa la mirada siguiendo las líneas rojizas del atardecer.

Duna

Foto: Gonzalo Azumendi

Duna

Plena de carga poética, la escena puede sugerir muchas cosas. En un primer momento, al dirigir su cámara, el fotógrafo cree reconocer una ilustración icónica: la famosa portada del cuento El Principito, donde un niño, el pequeño príncipe, se asoma sobre su planeta que flota en el vacío. Es una asociación estética inicial, plástica, pero que inmediatamente le sumerge en el universo de este relato que cuestiona las maneras de percibir, de volver a mirar como un niño. Su autor, Antoine de Saint-Exupéry nos transmite ese mensaje por boca del protagonista:

Únicamente los niños aplastan su nariz contra los vidrios.

Es decir, pone en valor una mirada inocente y absolutamente curiosa para descubrir los secretos del mundo. Sin duda, la mejor actitud para fotografiar.

Y así, abrazando ese mismo espíritu, el fotógrafo aplasta la nariz contra su cámara, comenzando a sentir, a recrearse con otras visiones. En las ondas de la arena puede apreciar un sinfín de siluetas y caras, semejantes a los moáis de la isla de Pascua, que avanzan de perfil como un ejército armado de preguntas. O serpientes dibujadas en esas líneas que se desvanecen igual que relojes en un cuadro de Dalí … ¿Relojes? hablando de ellos, la visión de la chica se transforma en algo más inquietante y turbador, como si se encontrase sobre un gigantesco reloj de arena, que, inexorable, va cayendo grano a grano, tan imposible de detener como el mismo rumbo de la tierra en su imparable cambio climático. Una cuenta atrás del planeta, mientras las arenas del desierto avanzan lentas y fatales, del mismo modo que siempre ha ocurrido, sepultando ciudades gloriosas y reinos invencibles. ¡Oh Babilonia, oh Nínive! ¡El universo nunca volverá a estremecerse bajo el poderoso bramido de tus trompetas!

La imagen, más allá de su belleza, empieza a provocar desazón. La chica parece abrazar el pecho cada vez más exhausto de la madre tierra, e imagina un mundo mejor, que supere guerras y destrucción. Recostada sobre la arena parece confortarla y acariciar las cicatrices de su córtex bajo el cielo protector. Ella es la heredera del planeta, y su juventud un mensaje de esperanza y futuro. Capaz de comprometerse escucha su llanto que, transformado en ríos de lágrimas rojas, empapa la duna como a una esponja.

Todo es una cuestión de percepción, algo siempre personal e individual. Como nos muestra El Principito en su famoso dibujo que en apariencia es un sombrero, pero dirigida de nuevo la mirada emerge una boa comiendo un elefante. ¿Cuál es la verdad en una fotografía? Al final todo depende de la propia visión, siempre buscando mirar la vida con ojos diferentes, como los de un niño eternamente sorprendido que pega su nariz a los cristales. Y así, seguir soñando siempre, para no perder esa chispa, esa mirada limpia y no viciada sintiendo todo el calor que emana de una foto. Aunque (a veces) los sueños sean castillos de arena que derrumban las olas.

Tras la experiencia de esta fotografía, cuando el sol se retira y el momento desaparece, el fotógrafo vuelve al libro de El Principito y se encuentra con estas palabras, que comprende dirigidas a él:

He aquí mi secreto: solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

Ingredientes

  • Profundidad de campo: imprescindible cerrar lo más posible el diafragma para que esté enfocada toda la escena.
  • Gran angular: potencia el efecto de fuga de las líneas hacia la protagonista.
  • Diapositiva: Zoom 16-35 en 16 mm. 1/15, F 16, ISO 100

Elaboración

A diferencia de un teleobjetivo que aplana la perspectiva, el gran angular posibilita "abrazar" toda la escena ganando en dinamismo.

Igual de importante es la luz. En los últimos minutos del día o al amanecer, la iluminación rasante provoca sombras y formas, y el paisaje yermo y monótono durante las horas centrales del día, se transforma sublime con el color de los últimos rayos de sol. Es el milagro diario de la luz en estos áridos paisajes. También lo avisa El Principito: “Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo”... Para el fotógrafo, esta imagen.

Retoque y emplatado

El retoque de esta foto es muy sencillo. Los colores del atardecer son cálidos y vibrantes facilitando el trabajo.

  1. Ajustar blancos y negros.
  2. Potenciar colores azules y magentas.
  3. Añadir un poco de saturación en azules y magentas con cuidado para que los rojos no salgan fuera de gama.