Cuestionario en modo avión

Blanca Suárez: "De países no tengo una lista, pero sí de restaurantes, sobre todo de Nueva York"

La actriz pone punto y final a la serie 'Las chicas del cable', cuya última temporada llega a Netflix.

Ha sido un recorrido largo e intenso. Y pionero, supuso el desembarco de Netflix en España. Ahora toca despedir el viaje, porque Las chicas del cable ha cerrado sus líneas para siempre: desde el 3 de julio, su última temporada está disponible en la plataforma. Con mucha ilusión y ganas de cambio, Blanca Suárez (Madrid, 1988), una de sus máximas protagonistas, inicia una nueva etapa, con el fantasma de la Covid-19 merodeándolo todo y la incertidumbre sobrevolando fechas y proyectos de trabajo. De esto, y de viajes muy lejanos en la distancia y en el tiempo, hablamos con la actriz, que el próximo otoño estrena la película El verano que vivimos.

Blanca Suárez

Foto: Cordon Press

Suarez BN

Han sido casi cuatro años y cinco temporadas. ¿Cómo describirías el lugar hasta el que te ha llevado Las chicas del cable?

Ha sido un proceso lento y ahora, echando la vista atrás, siento que ha pasado rápido. Sé que suena raro, pero, a veces, cuando estás sumergido en algo, no te das cuenta de la envergadura que tiene. Ha sido una experiencia vital y creo que muy importante a nivel profesional. Significó el aterrizaje de Netflix en España.

Cinco nuevos capítulos cierran la serie. ¿El poder de la amistad y el compromiso entre mujeres que la ficción lleva por bandera alcanzará su punto más álgido?

Por supuesto, acabar y cerrar una serie no es nada fácil, uno tiene que ser consciente de que ese final nunca va a ser a gusto de todos. El pilar más importante de Las chicas del cable, a lo largo de estas cinco temporadas, es precisamente el poder de la amistad, y no solamente para los personajes de esta serie sino para todos los seres humanos. Sin duda, este alcanzará el punto más álgido para acabar de una forma redonda y única.

¿Qué comienzo toca ahora?

¡Pues es un misterio! Antes de la crisis sanitaria, iba a empezar un proyecto muy chulo para Netflix del que tenía muchas ganas y ahora mismo no tiene fecha de comienzo. Pero, desde luego, lo que creo que me pide al cuerpo es alejarme de Lidia –su personaje en Las chicas del cable– e intentar encontrarme con un proyecto muy diferente que me lleve a lugares muy lejanos.

De los años 20 y 30 en Las chicas del cable a los años 50 en el drama romántico El verano que vivimos, que estrenarás en cines este otoño. ¿Qué tal la experiencia de rodar entre viñedos y bodegas en Jerez de la Frontera?

Ha sido una experiencia muy especial que he compartido con gran parte del equipo que comenzó conmigo en Las chicas del cable, por lo que, de alguna manera, el círculo se cierra. El personaje de Lucía en El verano que vivimos está muy alejado del de Lidia en Las chicas del cable. Poder abordar otros personajes diferentes mientras haces una serie con el mismo personaje te airea mucho la mente.

Bodega

Jerez, protagonista de la próxima ficción de la actriz madrileña. 

Si avanzamos en el tiempo hasta la década de los 90 (en adelante), en que eras una niña, ¿cómo eran tus veraneos? ¿Viajabais siempre a un mismo destino de vacaciones?

Recuerdo mis vacaciones viajando en un Fiat ranchera blanco por España y, de vez en cuando, cogiendo un avión para conocer otros países. Casi todas las vacaciones eran para conocer lugares nuevos, hacer turismo y conectar con la naturaleza o la montaña. Pocas veces fueron veraneos de tirarse a la bartola. Pero nunca o casi nunca repetíamos destino, todos los años esos 15 días eran diferentes.

Ya de mayor, siempre que puedes, haces la maleta y tiras millas. ¿De dónde te viene ese carácter trotamundos?

Desde pequeña, siempre he sido un muy inquieta y mis padres se han esforzado mucho por enseñarme mundo, así que, cuando empecé a trabajar y a viajar bastante, no lo viví como un sufrimiento ni un suplicio. Obviamente, estar mucho tiempo alejado de los tuyos no es nada agradable y combinar eso con volver a verlos en visitas es bastante complicado. Pero, sinceramente, me siento muy afortunada de viajar mucho y conocer sitios nuevos continuamente. Ahora que he estado tres meses sin moverme de mi casa no sé muy bien si habré conservado la práctica haciendo maletas.

¡Pongámoslo en práctica esa capacidad viajera! Estamos en Madrid y vamos al norte, ¿adónde nos llevas?

Antes de nada, he de decir que tengo memoria de pez. Siempre quise copiarle a mi madre una costumbre: allá donde va, coge tarjetas de hoteles, restaurantes… y apunta todo en una libreta, así sabe perfectamente dónde ir en cada punto del mundo o de España. A ver, lo primero que me ha venido a la cabeza es un viaje que hice con dos amigas en coche al País Vasco a hacer surf y comer rico.

País Vasco surf

Al norte, País Vasco y sus olas. 

¿Qué destino eliges mirando al sur?

Pequeños rincones de Cádiz. La verdad es que no soy una persona que viaje dependiendo del surf ni una practicante experimentada ni muchísimo menos. Simplemente, si estoy en el lugar donde hay posibilidad de practicarlo, me tiro al agua y lo intento. Pero, como buena friolera, si consigo estar en un sitio en el que me puedo bañar en bikini mientras me tiro al sol e intento coger olas, mucho mejor. ¡Como en Cádiz! Lo de meterme al agua a menos cero grados a las seis de la mañana, con un neopreno gordísimo, intento evitarlo.

Toca el este, ¿con qué lugar te quedas?

¡Una casa en una calita de Jávea no estaría mal!

¿A dónde viajas al oeste?

A un pueblito de Portugal diminuto, a comer pescado fresco.

Por tu IG, hemos sabido de tus viajes a Tailandia, Tanzania, Costa Rica, China, Grecia… ¿Cómo eliges tus destinos? ¿Por impulso o los tienes bien apuntados en una lista?

No tengo una lista física, pero sí mental, y me suelo guiar por el momento vital en el que esté. Si tengo mucho trabajo, seguramente me apetezca más un sitio donde no tenga demasiado que pensar ni mucho que moverme. Aunque soy de esas a las que les gusta andar y conocer el sitio donde está. El punto en común de mis viajes es que son a lugares muy lejanos, con culturas muy diferentes y en los que normalmente nadie te conoce.

Mi panadería en Brooklyn te llevó a rodar en Nueva York. Y Perdiendo el Norte a Berlín. ¿Viajar por trabajo no es viajar?

Depende de los días que tengas que trabajar, pero siempre he sido de las que dice que ha pasado por ciudades en las que ha tenido que estar por trabajo, que ni siquiera ha visitado. Eso me pasó en Buenos Aires, donde estuve cerca de un mes trabajando y no visité la ciudad ni un poquito. Es como si el chip mental que llevas fuese diferente a cuando coges un avión por placer.

Te has confesado una enamorada de la Gran Manzana. ¿Por qué?

Rodando Mi panadería en Brooklyn, estuve allí alrededor de un mes y medio, con la suerte de tener bastantes días libres entre sesión y sesión. Me dio tiempo a vivir la ciudad como habitante y como turista. La conocí paseando, recorriendo cada rincón y descubriendo muchísimas cosas sin necesidad de hacer la ruta esencial. Me acabo de dar cuenta de que de países no tengo una lista, pero de restaurantes, empezando por Nueva York, tengo una gigante –risas-.

Tus campañas de moda para una firma de baño te han descubierto paisajes paradisíacos. ¿Cuál te ha impresionado más?

La primera vez que colaboré con esta firma de baño, en la primera campaña que hicimos juntos, pensé “vamos a hacer una campaña de baño en Asia, en Maldivas, o en alguna isla paradisíaca donde el agua sea completamente cristalina”. Y justamente ese año, decidieron hacerla frente de Barcelona en un barco. ¡Rodamos el spot a quince grados y con una niebla del copón! Pero entonces llegó la segunda experiencia con esa marca y esta vez decidieron viajar a México. Fue una experiencia estupenda y tuvimos la oportunidad de conocer playas y lugares preciosos. Trabajar en lugares así es extraño, porque se mezcla el placer con el trabajo.

Una de gastronomía… ¿Cuál es el plato más delicioso que has probado durante uno de tus viajes? ¡Venga, puedes decir hasta dos!

El último que más me alucinó fue en mi último viaje a Tailandia. Fueron unos tallarines de arroz con marisco que una señora mayor nos cocinó en un callejón. Pero del viaje anterior a ese, a Suiza, recuerdo perfectamente los croissants y las pequeñas napolitanas rellenas de chocolate que ponían en el desayuno.

Tu primer destino post-Covid 19, ¿cuál será?

No me urge, pienso que viajar es algo excesivamente placentero como para que haya una milésima de preocupación y sufrimiento. Ahora mismo, pisar aeropuertos no es lo más apetecible. De lo que sea estoy segura es de que nuestro concepto de viajar quizá se vea un poco afectado y cambie en cierta manera. Quizá retome la idea de viajar en Caravana, ¡quién sabe!

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