CUESTIONARIO EN MODO AVIÓN

Gabi Martínez: "el cambio de verdad es cuando te transformas. Lo demás es superficie y anécdota"

El escritor y colaborador de Viajes National Geographic publica ‘Un cambio de verdad’, la crónica de sus meses como pastor en La Siberia extremeña.

Qué mundo les dejaremos, se preguntó Gabi Martínez (Barcelona, 1971) al salir del Aquarium de Barcelona hace unos años.  Había ido con su hijo pequeño y en un momento de la visita pasaron ante una vitrina en la que había una pieza de la Gran Barrera de Coral. En la explicación, había una advertencia que le inquietó: si la temperatura del planeta aumentaba dos grados, una gran parte de la Gran Barrera moriría. Al poco, se fue a Australia a intentar responder a la pregunta que se había hecho y volvió con un innovador libro de viajes bajo el brazo (En la barrera, ed. Altaïr Heterodoxos).

 

Con una larga trayectoria literaria encima, Gabi Martínez siempre ha buscado dar visibilidad a aquello que está en el margen, eso que no se explica porque el espacio que hay está colonizado por otras historias interesadas. “Ver es la nueva frontera entre lo que existe y lo que no”, escribió en Animales invisibles (Capitán Swing y Nórdica Libros). La nueva frontera entre lo que existe y lo que no la ha encontrado ahora en La Siberia extremeña. Está geográficamente más cerca que Australia, pero le ha llevado mucho más lejos, a todo un cambio de verdad: es el título de su nuevo libro (ed. Seix Barral), y en él explica la experiencia transformadora que vivió como pastor de un rebaño de ovejas merinas en Extremadura. 

 
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Foto: cortesía del autor

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¿Has cambiado de verdad?

Bueno… De eso solo te puedes dar cuenta cuando pasa el tiempo y tus rutinas han cambiado. Pero algo que es muy evidente es que ahora mismo tengo unos amigos de verdad en la Asociación Caravana Negra. Son una presencia constante en mi vida. Eso sería un efecto muy palpable de hasta qué punto la experiencia allí continúa aquí.

¿Entonces te has convertido en toda una oveja negra?

Sí. Estamos en ello… La idea de la oveja negra la vamos a llevar tan lejos como podamos. Eso te lo garantizo.

¿En lo real y en lo simbólico?

La vida, y aquí me pongo un poco romántico, te da sorpresas como este rebaño que aparece después de toda una trayectoria en la que he estado apuntando a lugares marginales y alternativos que creo sirven para explicar muchas cosas de la sociedad. Me fui a Extremadura para hablar de pastores, de apicultores, de queseros, de gente que ayuda a los buitres, de gente que está haciendo una apuesta que no es popular pero sí que es muy decisiva, y que es la que hace que se mantenga todo lo demás. Y claro, cuando estoy allí, aparece ese rebaño de ovejas negras de Miguel Cabello, criado en ecológico... es como si fuera un regalo que viniera a poner la guinda a una trayectoria vital. Los símbolos existen y, a veces, hasta vienen a tu encuentro.

Si uno se repite muchas veces que es un desgraciado, acaba siendo un desgraciado. No es que lo sea, pero tampoco va a salir de ahí

Da la impresión de que a partir de Ático (publicado en el 2003 por la Ed. Destino) has pasado de la vanguardia literaria a un perfil de activismo y compromiso social.

Cuando comencé a escribir tenía mitificadas ideas como la soledad y la cuestión creativa. El paso del tiempo me ha ido enseñando que la redes son importantes, que hay que cuidar a la gente, que asociarse es una fuerza transformadora. Además de la parte creativa, puedes desarrollar una faceta de activista y que las dos pueden coincidir en algún momento, como en este caso, en un libro. Lo que pasa es que se trata de un activismo que tampoco debe ser evidente. Que el libro diga cosas, pero que tampoco vayas ondeando una bandera. He querido que por una parte estuviera lleno de ideas y que a la vez tuviera una gran potencia poética, que el poder inspirador de la naturaleza se tradujera también en la fuerza de cada frase. Cada frase como una semilla, sería un poco eso… Y que a partir de ahí, el lector vea que el campo está lleno de posibilidades.

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Foto: cortesía del autor

Con En la Barrera, tu compromiso medioambiental se hace más fuerte. De alguna forma, en tus últimos libros ya mostrabas cierta tensión entre sociedad y medio ambiente.

Efectivamente. Este nuevo libro es el resultado de dos intereses que están íntimamente ligados en los seres humanos: lo medioambiental y lo moral. Llega en un momento en el que veo que la degradación moral de la sociedad es muy asfixiante. Se trata de un mundo difícil de comprender para mí, y aún más para mis padres. Aún así, ellos logran mantener una posición que, si quieres, responde a una ética antigua; pero que les hace ser firmes y mantenerse en un lugar que yo puedo respetar. El otro mundo que se va deteriorando, que me viene básicamente por pantallas, no lo puedo respetar. Entonces me pregunto cómo mi madre consigue ser fiel durante tantos años a esos sentimientos y a esa ética.

Y para hallar una respuesta te vas a La Siberia extremeña...

En definitiva, somos lo que hemos vivido y ella viene de una zona donde ha tenido experiencias muy fuertes que la han marcado desde niña. De tal manera que busqué reproducir las condiciones en las que ella vivió para así, al menos, tener la intuición y a partir de ahí ver lo que pasaba.

¿A eso te refieres con el cambio de verdad del título?

Hay dos lecturas. Un cambio de paradigma, de verdad, que sería una propuesta para cambiar las dinámicas cotidianas, para sustituir verbos como ‘atacar’ por ‘cuidar’ o como ‘correr’ por ‘ralentizar’. Y luego, un cambio de verdad que es el que yo vivo allí al entrar en contacto con una nueva realidad. Sucede cuando aparece ese otro rebaño de ovejas negras que me lleva a una reflexión que me incita a hacer el segundo movimiento, que es el cambio de verdad. No es el primer cambio hipster de voy a un sitio y luego cuando vuelva a la ciudad, se lo cuento a los colegas como una experiencia muy entretenida, sino que hay una implicación transformadora: el cambio de verdad es cuando te transformas. Lo demás es superficie y anécdota.

Gabi-Martinez en la Siberia

Foto: cortesía del autor

Lo medioambiental y lo moral convergen en tu experiencia en La Siberia; pero a la vez es posiblemente uno de tus libros más íntimos, más que Voy, donde te buscabas a ti mismo, pero en el que había un juego narrativo evidente. ¿No te daba cierto pudor mostrarte en ese grado de intimidad?

Después de Voy, el pudor me quedó ya superado. Aquel libro lo escribí muy fácilmente, después de un momento particular en el que necesitaba pasar página. Un cambio de verdad es un libro para el que me he estado preparando muchos años. No porque sea mejor o peor, sino por los temas que abordo: España, Madre, Naturaleza. Han ido pasando los años, he ido aprendiendo cosas, y ha llegado un momento en el que me he encontrado ya armado, espiritual e ideológicamente, como para que cualquier cosa que pueda venir ahora la pueda responder con garantías… Porque te metes en España. Ahí, digas lo que digas, saltarán chispas y tienes que saber cómo lo vas a defender. Precisamente, eso fue algo nuevo y diferente con respecto a otros libros: un factor responsabilidad, que sí tenía en otros libros, pero de otra manera. Esta es una responsabilidad superior, universal, de esas que como falles te aplasta. Y sabía que incurría en territorios muy peliagudos, y ha sido algo que he intentado trabajar con tanto cuidado que me bloqueé.

Y ahora tenemos a La Siberia extremeña junto a Pakistán, el Nilo Blanco, China, Australia… Pero, ¿por qué justo en este momento preferiste Extremadura?

Tiene que ver directamente con la cuestión de comunicar naturaleza. Cuando comencé a escribir sobre viajes me preguntaba por qué no se había trabajado más el viaje como género en un país cuya obra cumbre es el Quijote, que es un tío a caballo que va recorriendo el mundo, o el Poema de Mío Cid, o Tirant Lo Blanch… Con la naturaleza ocurre algo similar. En España no se ha tratado directamente, cuando en otros países sí se ha estado haciendo. Empiezo a observar que ahí hay una falta de cantera, de narradores, de escritores que estén ofreciendo esa mirada, ese relato que te va a ayudar luego a construir y transformar la realidad. Y entonces me digo, pues por lo mismo por lo que comencé a firmar con diminutivo, por lo mismo que comencé a escribir sobre viajes, ahora voy a escribir sobre naturaleza, y este es el momento.

Pero te gusta lo difícil, de hecho llegas a La Siberia en invierno.

Sí. Yo soy muy malo para el frío, no me gusta nada. Pero precisamente por eso, porque te tienes que poner en situaciones que te estimulen y que te lleven a pensar de otra manera y cuando mi madre contaba sus historias, había siempre dos presencias constantes: el lobo y el frío. El lobo ya no lo hay, por lo que no lo podía recuperar; pero el frío, sí. La experiencia física era decisiva para el libro, porque iba a contar un cambio de registro que viene a partir de la exposición física. ¿Y cómo se puede hacer eso? Sintiéndote vulnerable, teniendo miedo, viviendo situaciones que te tienen que llevar a buscar soluciones de otra forma.

rebaño merinas Extremadura

Foto: cortesía del autor

Hay culebras, noches silenciosas, furtivos, hombres con armas de caza, abejas descontroladas... Sin embargo, todo eso parece poca cosa frente a la atmósfera de amenaza que viviste en Bumburet, a donde seguiste las huellas de Jordi Magraner en Sólo para gigantes (Ed. Alfaguara). Son miedos muy diferentes…

Sí. Claro, el miedo en Sólo para gigantes es un miedo cegador… Es un miedo que te bloquea todos los sentidos, como que te van a matar. El de Un cambio de verdad es un miedo estimulante. En este dependes de ti, y depende de cómo reacciones y te eduques. Con el otro, ante asesinos profesionales, no tienes nada a hacer. Es un salto colosal. Sólo para gigantes cambió tantas cosas en mi mi vida… Después de ese libro me separé de mi pareja, a la que continúo adorando, pero me separé. Fue por eso. Fue una situación tan extrema que me llevó a un pensamiento distinto. Ahora veo que lo que quiero es ir aprendiendo desde otros lugares; pero sobre todo, en los que no exponga mi vida y en los que me pueda ir adaptando a las situaciones que pensaba que no podría hacer. Ahora lo estamos viendo con la pandemia… Igual que puedes sobrevivir encerrado, puedes hacerlo en un espacio abierto y ahí es otro cambio de paradigma. Pero hasta que no lo introduzcas en tus coordenadas como una posibilidad no existirá.

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Alguien que fue pionero en salir de la zona de confort fue Henry David Thoreau…

Thoreau es capital. Me reconozco perfectamente en esa línea en cuanto que escribe libros de desobediencia civil. Claro, una cosa lleva a la otra: la naturaleza, a la moral. Todo está vinculado. Es el mismo espíritu crítico que conecta luego con Unamuno o con Juan Goytisolo, y estamos hablando de exiliados, de gente con el espíritu crítico súper desarrollado. Un espíritu crítico por el que, si viene alguien, por muy gobierno tuyo que sea, que comete una insensatez como un impuesto al sol, deberías ser capaz de desobedecer a la ley. Tienes toda la legitimidad de tu humanidad tras haber entrenado ese espíritu crítico.

Este libro llega en un momento en el que veo que la degradación moral de la sociedad es muy asfixiante

Thoreau habló de los sonidos que escuchaba desde la cabaña, tú del silencio, que no existe en la naturaleza. Dices: “el silencio está lleno de ruidos”. ¿Echas de menos en la ciudad esos ruidos de la naturaleza?

Con la pandemia los hemos recuperado un poco, pero no es comparable. El ruido es muy agresivo, es algo que se filtra en tu vida y tienes que acomodarte para aceptarlo. De hecho, sobre eso hablo en un libro que acabo de terminar ahora. Es otro tipo de apuesta que se publicará a finales de este año o principios del que viene y que profundiza en las supermanzanas y, digamos, recupera algunas de las reflexiones de Un cambio de verdad, sólo que en lugar de mirar al campo, mirando a la ciudad. Todo forma parte un poco de lo mismo. Y ese libro mira mucho al ruido. Pero, ¿cómo te puedes enfrentar a eso? Pues mi forma de responder va a ser con un libro y va a ser formando parte como miembro fundador de una fundación que impulsa Salvador Rueda, creador del concepto de las supermanzanas. La red, la asociación y el arte… Ese camino lo tengo ahora bastante claro.

Hablábamos de Thoreau y, sin embargo, la referencia textual en Un cambio de verdad es Félix Rodríguez de la Fuente, al que reivindicas más allá de la simple imagen de divulgador simpático de la televisión que se tiene de él.

Él mismo es reflejo de la polarización que sufre España. Félix hace frente a la junta de extinción de alimañas en su momento; pero entonces viene la Transición y llega esa nueva ola de izquierdas que lo que hace es identificarle con la derecha y con la dictadura. El régimen franquista se intentó aprovechar de su trabajo, pero él nunca se vinculó en la política. Conforme fue pasando el tiempo, mucha de la gente de la izquierda que lo había criticado de una manera muy dura, reconoció que su trabajo había sido impecable. Pero eso ocurre una vez que se le había estigmatizado. Ese “eres de lo míos o vas contra mí” es uno de los problemas que tenemos aquí. Ahí no hay diálogo, no hay biodiversidad.

Encina y negras

Foto: cortesía del autor

Félix Rodríguez de la Fuente fue alguien que ayudó a valorar el paisaje nacional. Pero cuando les cuentas una de tus excursiones a unos pastores de allí te responden que el lugar te decepcionará. Sin embargo, lo que describes en el libro es todo muy atractivo, ¿hemos dejado de valorar nuestros propios territorios?

Eso viene del relato que el propio campo se ha contado así mismo. Es un relato de ciudad, libertad y dinero contra campo, tristeza y abandono, culminado por Julio Llamazares con La lluvia amarilla. Si uno se repite muchas veces que es un desgraciado, acaba siendo un desgraciado. No es que lo sea, pero tampoco va a salir de ahí. Si tú te repites que puedes hacer algo, por lo menos estarás cerca de hacerlo. El campo ha asumido el discurso de la ciudad paternalista que lo ve como una postal bucólica o como un tríptico de turismo. Durante toda la Transición, se asoció la ciudad al dinero y a la libertad. Si tú quieres salir de ahí, la única forma de hacerlo es empoderando al campo, igual que empoderas a una persona, lo que está haciendo el movimiento feminista o lo que están haciendo el 'Black Lives Matter' en EEUU.

El empoderamiento no deja de ser un camino complicado...

Sí. Y sobre todo tiene que ser sostenible en el tiempo. Para mí es algo primordial: si vas, vas, que la vida tampoco es tan larga. Es lo que distingue, por ejemplo, los proyectos de Miguel, de los apicultores, de la pastora que aparece en Helechosa… Vamos a intentarlo. Es verdad que hay proyectos que luego se quedan a mitad de camino, pero tú por lo menos que te lo hayas tomado en serio. Luego llegarás hasta donde llegues…

Parece ser que con la pandemia, el turismo será más rural que nunca. Tal vez eso sea una oportunidad…

Sin duda el turismo va a ser más doméstico. Eso puede acercar lazos también entre la propia gente del territorio. Es una esperanza que tenga algún resultado. La cuestión es, ¿después de las vacaciones qué pasará? Porque cuando volvamos de vacaciones, la máquina va a volver a funcionar en todos los sentidos. Y los discursos buenistas están en todas partes, pero a la hora de la ejecución, yo creo que hay una maquinaria demasiado potente que no está dispuesta a renunciar a unos beneficios determinados a los que ya se ha acostumbrado. Vamos a ver hasta qué punto la gente está dispuesta a cambiar eso. No lo sé… Yo, visto lo del 2008, me hace ser un poco desconfiado. Si la deriva es a continuar con lo mismo, veremos si la sociedad civil está ideológicamente preparada para reaccionar y formar un frente contestatario y decir que por ahí no podemos seguir. No lo sé…

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