urbanismos utópicos

Cinco espacios públicos muestran el futuro de las ciudades europeas

El Premio Europeo del Espacio Público Urbano funciona como un observatorio de los nuevos urbanismos sostenibles.

Basta ver cómo las recientes olas de calor han puesto en evidencia las carencias de las ciudades a la hora de sortear las altas temperaturas para darse cuenta que éstas pueden ser centros de innovación y a la vez de insalubridad. En ese sentido, Nigel Thrift, Catedrático de la Escuela de Geografía y Medio ambiente de la Universidad de Oxford, explicó durante una mesa redonda en el CCCB que las ciudades son una amalgama de espacios que contemplan tanto la esperanza como la desesperanza: “Las ciudades son asesinas, un lugar de la muerte -dijo durante el acto-. Pero no debería ser así, deberíamos propiciar que la ciudad contribuya a mejorar los ciclos de vida. Mucho más, ante la expectativa del futuro del antropoceno”.

 

El Premio Europeo del Espacio Público Urbano se posiciona en esa línea de reflexión acerca de cómo las ciudades deberían experimentar con nuevos urbanismos afines a la época. “Se trata de un indicador, un testigo, una cata de lo que es en un determinado momento del pensamiento urbanístico y del estado en el que se encuentra la arquitectura y el diseño urbano actuales”, explicó Rafael Moneo en una entrevista que le hicieron en 2010 acerca de su papel como jurado del premio. El ganador de esta nueva edición (tras un paréntesis desde 2018) se dará a conocer en un acto público que se celebrará en el CCCB el 14 y 15 de noviembre de 2022, Será uno de estos cinco espacios finalistas, considerados por varios motivos como la vanguardia del urbanismo del antropoceno. 

 

Antes de llegar a los finalistas, el jurado internacional del premio que promueve el CCCB evaluó más de 300 espacios públicos repartidos en 35 países diferentes. Un repaso a las obras presentadas funciona a modo de observatorio sobre la evolución de las ciudades ante los nuevos retos a los que se enfrenta. Hay edificios históricos recuperados e integrados en la comunidad de nuevo, reutilización de materiales, apertura de espacios colectivos, en lugares que estaban abocados al abandono, estructuras temporales y flexibles que mutan. En general, los proyectos presentados tratan de crear nuevas capas de espacios públicos que expanden la ciudad a una nueva dimensión, más saludable, humana y divertida.

 
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Flow

Foto: Publicspace | CCCB

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Flow, Bruselas (Bélgica)

Flow es una piscina flotante que se monta y desmonta cada año cuando llega el verano en Bruselas. La piscina trasciende la idea de un lugar para disfrutar del agua fresca y el aire y se convierte en todo un espacio de encuentro comunitario. La tecnología con la que se construye permite que todos puedan participar en la creación del espacio. Sin embargo, la funcionalidad secundaria de Flow se ha revelado como crítica de una carencia: es la primera piscina al aire libre construida en Bruselas en cuarenta años y eso hace que haya problemas a la hora de reservar un huevo refrescante en la misma. Como ellos recuerdan en la página web: “Una piscina de 17 x 8 m es una gota en el océano para una ciudad de alrededor de 1,3 millones de habitantes”.

Hage

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Hage, Lund (Suecia)

Hage es un jardín público en Lund diseñado por los arquitectos noruegos Brendeland & Kristoffersen y promovido por la junta de la catedral de la ciudad, propietaria de unos terrenos en Brunnshög, un área de 450 hectáreas en el extremo noreste del municipio que protagoniza un incipiente desarrollo urbanístico que incluirá viviendas y centros de investigación. A las diez hectáreas de la Catedral de Lund las han llamado Råängen (que se traduce como 'prado crudo') y van a ser desarrolladas por un equipo interdisciplinar de artistas, arquitectos (en el proyecto participan los españoles Flores & Prats), habitantes locales, desarrolladores, contratistas y personal universitario que se atreven a mirar el futuro de forma creativa. Hage es la primera obra permanente en este sorprendente desarrollo urbano. Diseñado como un jardín amurallado -tres paredes simples levantadas con ladrillos recuperados de una antigua fábrica demolida-, con el tiempo se convertirá en una especie de foro para la comunidad, donde se van a desarrollar diferentes actividades y se celebrarán fiestas. Más allá de la materialidad presente, este es un proyecto que aspira a sugerir nuevos modelos de futuro.

 
Sporta Pils Darzi

Foto: Publicspace | CCCB

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Jardín comunitario urbano "Sporta pils dārzi", Riga (Letonia)

En el solar que ocupaba el antiguo Palacio de los Deportes de Riga han creado una nueva tipología urbana. Donde antes había hierbas y montones de runas, ahora hay un espacio comunitario que se desarrolla desde el retorno a lo natural. La iniciativa busca generar nuevas dinámicas productivas, culturales y sociales como alternativa al capitalismo más desaforado. El espacio queda integrado por un total de 150 pequeños jardines que se alquilan por temporada y que se convierten en el motor alrededor del que giran actos culturales y educativos. Mucho más que un espacio verde, se trata de un espacio de utopías sociales.

Plaza Saint Sernin

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Plaza Saint Sernin, Toulouse (Francia)

La gran mayoría de ciudades han crecido los últimos decenios a golpe de un urbanismo que daba la espalda al tejido histórico de la ciudad y Toulouse no es una excepción. Afortunadamente, pocas cosas son definitivas en el tiempo, tal como demuestra la remodelación de la plaza de Saint Sernin en Toulouse, obra del taller de arquitectura barcelonés BAU, con Joan Busquets y Pieter-Jan Versluys al frente, que supone una activación del espacio mucho más amigable a la que estaba comprometida por los coches hasta no hace mucho. El urbanista catalán ya se cruzó en el futuro urbanístico de la ciudad francesa en 2010, cuando fue escogido para dirigir el nuevo proyecto del centro de la ciudad. Ahora con este proyecto logra una pacificación en el entorno de este importante eje histórico protagonizado por la basílica de Saint-Sernin, obra maestra del arte románico y punto importante en el Camino Francés a Santiago de Compostela.

Catharijnesingel

Foto: Publicspace | CCCB

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Catharijnesingel, Utrecht (Países Bajos)

Si se hace un poco de arqueología urbana con Google Street View aún se ve un canal desangelado, con coches circulando y alguna que otra botella o basura caída en los márgenes. Son imágenes de 2020. Pero ese es precisamente el valor de este proyecto desarrollado en Utrecht: demostrar que la revitalización de los espacios urbanos es posible y que el resultado bien vale la pena pese a las posibles dificultades para llevarlo a cabo. La restauración de la estructura del canal alrededor del centro da como resultado un parque fluvial amigable con los ciudadanos que encuentran en él un espacio donde conectar con la naturaleza. Los elementos que entran en juego, nuevo arbolado y vegetación, materiales de pavimentación,  y mobiliario urbano han sido escogidos para que converjan sinergias hacia la creación de un nuevo microclima en la ciudad. ¿Quién sabe si no serán estos espacios oasis de frescos ante la inminente crisis climática a la que aboca el desarrollo del antropoceno?

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