Como reyes a remojo

De balnearios en plan Bohemio

Este triángulo de ciudades termales lleva atrayendo a viajeros desde hace décadas.

En el extremo noroeste de Chequia se hallan los balnearios de Karlovy Vary, Mariánské Lázně y Františkovy Lázně. Tres lugares unidos por la exquisitez de sus hoteles, spas y jardines. Y también fundidos en una idéntica sensación de viaje al pasado. Es como si la condición para tomar sus aguas fuera trasladarse a otra época donde el tiempo no se gastaba con prisas. ¡Todo lo contrario! Lo importante era (y es) disfrutarlo con mimos, detalles y calma.

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iStock-929231370. Los baños del rey

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Los baños del rey

Corría el invierno de 1358 y el emperador Carlos IV salió de caza con sus perros. Su propósito era capturar uno de los grandes ciervos que habitan en los bosques de Bohemia. De pronto, tanto perros como jinete olfatearon la presencia de un estupendo venado para la cena. Así que comenzaron a correr en su búsqueda con la intención de agotarlo y poderle hincar el diente. Sin embargo, en uno de los requiebros del cérvido, tanto el rey como sus canes resbalaron y acabaron sumergidos en un manantial de agua casi ardiendo. Aquel día no alcanzaron la presa, pero descubrieron el lugar donde después creció Karlovy Vary, o lo que es lo mismo, las “Baños de Carlos”. Sin duda, un origen de leyenda, tal y como se merece uno de los balnearios preferidos de la aristocracia e intelectualidad europea desde el siglo XVIII hasta bien entrada la pasada centuria.

iStock-835875468. La elegancia de Karlovy Vary

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La elegancia de Karlovy Vary

Karlovy Vary es el balneario más grande y afamado de Bohemia. Su patrimonio histórico reúne espléndidos hoteles como el Grand Hotel Pupp o el Hotel Dvorak con su distinguido café Viena House. Sin olvidar los Baños de Elizabeth o el Sanatorio Bristol y sus instalaciones de spa, a veces modernas y a veces vetustas. Y dada la atmósfera cosmopolita del lugar, para reparar no solo el cuerpo, sino también el alma, hay iglesias de diversos credos, como la anglicana o la ortodoxa-rusa dedicada a San Pedro y San Pablo. No obstante, lo más emblemático son las llamadas “kolonadas”, que son soportales al resguardo de posibles inclemencias meteorológicas y donde hay fuentes públicas de aguas minerales. La más transitada es la Kolonada del Molino, la cual se une con la espectacular Plaza del Mercado, un área en la que tarde o temprano confluye todo el mundo, ya que esta caminata es inexcusable como parte de las actividades sociales y las terapias que se ofrecen en Karlovy Vary.

iStock-854287906. Un abad, un médico y un jardinero

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Un abad, un médico y un jardinero

A inicios del siglo XIX, Mariánské Lázně era una aldea rodeada de bosques. Sin embargo, algunas de sus 40 fuentes termales ya sanaban enfermos. Conocedor de sus aguas era el médico alemán Josef Nehr, quién junto al abad Karl Reichenberger encargaron a Wenzel Skalník el diseño de unos jardines que permitieran un mejor disfrute del lugar. Así que este jardinero, que hoy sería paisajista, creó los parques que son el alma del balneario, y que por supuesto llevan su nombre: Václava Skalnika. Todos los hoteles están en sus inmediaciones, como el aristocrático Hotel Nové Lázně. Y en su corazón se levanta la Kolonada más elegante de los balnearios bohemios. Una construcción decimonónica que usa hierro para la estructura, vidrio para sus ventanales, mármol en las esculturas y pinturas en sus techos. Un espacio que fundía todo el glamour de la tradición y la osadía de la modernidad, y que sigue siendo el paseo más agradable por la ciudad. Además conduce a la Fuente Cantante, donde cada tarde el agua baila al ritmo de un recital musical, convocando aquí a residentes, pacientes y visitantes.

iStock-104188993. Bajo la columnata

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Bajo la columnata

La Kolonada de Mariánské Lázně es el auténtico salón ciudadano, y en fechas señaladas se convierte en el escenario para todo tipo de eventos. Entre ellos el intenso calendario festivalero. El último que se ha sumado en 2019 es el festival del vino, al que han acudido los bodegueros de la vecina Moravia para mostrar sus caldos a los visitantes de medio mundo que pasean bajo las bóvedas de la Kolonada. Y pronto, en otoño, allí mismo se celebrará el festival de las manzanas y el pastel strudel. Pero no se acaba aquí, desde hace décadas el balneario programa el ciclo de conciertos en honor de Chopin, ilustre residente de Mariánské Lázně. Al igual que hay un festival Spa Jazz o un encuentro internacional de cine, surgido de alguna forma a la sombra del gran evento cinematográfico de Chequia, que no es otro que el Festival Internacional de Karlovy Vary, al que año tras año llega un trocito de Hollywood.

iStock-505018736. Františkovy Lázně, el hermano pequeño

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Františkovy Lázně, el hermano pequeño

De los tres vértices de este triángulo de balnearios, el de Františkovy Lázně es el menor, y el menos visitado por los turistas. En sus hoteles y calles predominan los usuarios de sus fuentes termales. Posiblemente sea el lugar que mejor conserva la atmósfera de la Belle Époque, cuando alcanzó su máximo esplendor. Entonces se levantó el gran Hotel-Sanatorio Imperial. Y de esos mismos años, a caballo entre los siglos XIX y XX, datan los rincones más carismáticos del lugar. Auténticos remansos de paz, silencio y aire limpio. No hace falta tener achaques para disfrutar de esas sensaciones. Aquí el tiempo pasa lento, muy lentamente, caminando entre árboles y flores para llegar hasta los pabellones que protegen a los manantiales sanadores, algunos tan bellos como el edificio de las Fuentes Glauber. Y quien busque algo de diversión siempre dispone de los cafés de antaño, un museo del automóvil o un Casino donde jugarse unos euros.

iStock-495786093. Františkovy Lázně, el hermano pequeño

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En busca de la fertilidad

Los pabellones y sanatorios de Františkovy Lázně ocultan 24 fuentes medicinales especialmente indicadas para el reúma y afecciones cardiovasculares. Aunque los problemas reproductivos femeninos siempre fueron la especialidad. Antaño, las terapias consistían en tomar estas aguas con alto nivel alcalino, además de ricas en yodo, hierro y azufre. No obstante la cura se completaba dando un paseo por la calle principal hasta llegar a la pequeña escultura de Francisco I. Una vez allí había que tocarle sus genitales, literalmente, cuyo pulido bronce deslumbra gracias al continuo manoseo. ¡Toda una garantía de embarazo! Allá cada cual con sus creencias, pero el hecho es que en Františkovy Lázně fueron pioneros usando material de turba en sus tratamientos y experimentando con el empleo de gases minerales, gracias a lo cual sí que han logrado aliviar el problema reproductivo en ciertas pacientes.

iStock-467242150. A sorbos y bajo prescripción

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A sorbos y bajo prescripción

Cada balneario bohemio se especializa en ciertas dolencias. Ya se ha especificado lo tratado en Františkovy Lázně. Mientras que en Karlovy Vary hay hasta 80 manantiales ideales para afecciones digestivas o dolores articulares. Y en cambio Mariánské Lázně posee aguas cloruro sódicas adecuadas para los nervios, infecciones renales y del aparato urogenital. En cualquier caso, siempre tienen enorme carga mineral, así que no hay que abusar. Los pacientes las toman siguiendo las recomendaciones de los doctores que hay en todos los establecimientos. Por otro lado, en las fuentes públicas repartidas bajo las kolonadas, cualquiera puede beber. Una operación que se debe hacer con la típica jarra-pipa de porcelana que solo permite ingerir cortos traguitos. De todas formas, no sería fácil beber mucho más, ya que son aguas a temperaturas muy altas, hasta 70 grados, y además con un desagradable buqué con aromas a óxido o sulfuro. ¡Nada apetecibles!

iStock-652289706. Otros souvenirs

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Otros souvenirs

Aún así es difícil resistirse a probarlas y usar esas peculiares jarritas, llamadas lázensky pohàrek, disponibles en las numerosas tiendas de souvenirs. No obstante, en esas mismas tiendas se adquieren productos de mejor gusto. Por ejemplo, las Oplatky, obleas dulces para aliviar al paladar del sabor mineral de las fuentes. Y otro de los productos comestibles, bebible en este caso, que no falta en los puestos para turistas es el aguardiente más famoso del país: Becherovka, un licor de hierbas elaborado por un farmacéutico de Karlovy Vary en 1807 y que sigue fabricándose hoy. Pese a ser una creación de farmacia y un producto de balneario, no se le conocen propiedades medicinales, más allá de alegrar el estado de ánimo y aliviar del frío con su graduación alcohólica de un 38%.

iStock-1139066018. Por los alrededores

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Por los alrededores

Estando en los tres famosos balnearios, se debe aprovechar la estancia para desplazarse por la región. Una idea, la ciudad de Cheb y su fotogénica plaza mayor dedicada al rey Jorge de Podebrady. Se trata de un colorido conjunto de casas antiguas formando una plaza que pese a estar en pendiente y empedrada es el mejor lugar para sentarse a tomar algo. Otro destino es el Monasterio de Teplá, de origen medieval aunque con la apariencia del barroco más recargado en su iglesia y en su biblioteca rebosante de manuscritos e incunables. Y del mismo modo hay que conocer pequeñas y encantadoras poblaciones como Loket o Bečov nad Teplou. Eso por no hablar del cuarto de los balnearios de la zona. Es Lázně Kynžvart, denominado las termas para niños, ya que sus baños de lodo son muy efectivos contra la bronquitis infantil. ¡El turismo termal no tiene edad!

Bond. Visitantes ilustres

Foto: Cordon Press

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Visitantes ilustres

Todos estos lugares serían distintos si no hubiera pasado por aquí la realeza europea y la estela de sus aduladoras cortes. Venía regularmente el zar Pedro el Grande y Eduardo VIII llegaba desde la lejana Inglaterra. O se escapó desde Viena más de una vez el emperador Francisco José I sin su esposa Sissi. Al igual que estas aguas sanaron a escritores, los hoteles inspiraron a músicos y por sus jardines reflexionaron sobre el bien y el mal desde filósofos hasta científicos. Estuvieron Kafka, Freud, Wagner creando su ópera Lohengrin o un Goethe septuagenario recibiendo calabazas de una jovencita. También aquí Dvorak encontró los acordes de su Bohemian Raphsody, mucho antes de que lo hiciera Mercury. Y además fueron de visita Tolstoi, Paganini, Alfred Nobel,… Así como los nazis estuvieron expoliando y los soviéticos levantando monumentos al mal gusto. También descubrieron la zona Mark Twain, Marie Curie, Karl Marx, el mismísimo James Bond jugando en el Casino Royale, Napoleón, Sharon Stone, Nietzsche, Queen Latifah, Casanova, Kipling,… ¿quién será el próximo?

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De balnearios en plan Bohemio

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