Receta de una foto

Cómo captar la magia de la nieve en los Pirineos

Esta instantánea con Montserrat de fondo es capaz de sintetizar la esencia del invierno y del movimiento romántico que surgió en Europa a finales del XVIII.

Lo sublime, el escritor escocés James Boswell lo definió como "aquello que no se puede expresar con palabras". Su búsqueda es la esencia del movimiento romántico que surgió en Europa a finales del XVIII, cuando los artistas se entregaron a pintar tormentas, nieblas y huracanes en una exaltación plena de la naturaleza, con el ser humano inmerso en ella. Su contemplación da sentido a ese cúmulo de sensaciones y pasiones individuales, en una reivindicación de los sentimientos frente a la imposición de la razón imperante en la época.

Es en este contexto cuando Caspar D. Friedrich concibe el cuadro icono del romanticismo, El caminante sobre el mar de nubes, una obra capaz de arrastrarnos hasta el místico paraíso de sueños que evoca.

 

Lo Sublime

Foto: Gonzalo Azumendi

Lo Sublime

Tres siglos después, un trineo recorre las suaves ondulaciones de la Molina en el Pirineo catalán. Una imagen que parece un retrato del silencio, donde las palabras sobran entre los perros radiantes y su líder humano, capaz de bailar con lobos.

La escena puede sugerir un mundo donde las vivencias van por capas. Bajo el mar de nubes se esconden urbes frenéticas entre tráfico y asfalto, mientras allá arriba, más cerca del cielo, la belleza es abrumadora. Tanto que, hasta las montañas de Montserrat, al fondo, rasgan la niebla buscando esa luz, quizás deseosas de salir en la foto. Hay un cierto paralelismo con el cuadro de El caminante; mientras musher (guía del trineo) y perros transitan en lo terrenal, las agujas de Montserrat emergen del mar de nubes como una representación de la espiritualidad y lo divino, en la más pura interpretación romántica. Su figura pétrea semeja un pecio condenado a vagar por ese océano vaporoso o, en una visión más esperanzadora, el mismo Arca de Noe de donde ha desembarcado una primera familia de animales a reconquistar el planeta.

En su avance a lo sublime la escena cautiva al espectador que, inmerso en ella como en una ensoñación, ignora la presencia del fotógrafo que pasa absolutamente desapercibida.

Sin embargo, allí está, olvidado e inmóvil esa mañana glacial, atento al prodigio con su cámara. Sería necesario ponerse en su lugar, esperando hacer el disparo que convierta ese instante en eterno, para así descubrir que el cazador de imágenes y El caminante sobre el mar de nubes comparten un mismo espíritu. 

Pero… ¿hasta dónde puede llegar este sacrificio del fotógrafo por una imagen, incluso preservando su cámara mejor que a sí mismo del frío? La realidad es que ni se lo plantea, solo espera y actúa. Es su misión, pues de alguna forma él es el elegido, para mostrarlo como una memoria del mundo, como un regalo a quien no puede ir allí ni imaginar que esto ocurre. Por eso está ahí. Y así resulta que la fotografía es un recurso fantástico para darle un sentido a la propia vida. Algo que esa persona del trineo encuentra junto a sus animales, mientras, por ejemplo, otros escalan las paredes lisas de Montserrat.

Pero, además, se da un valor añadido; el acto fotográfico gana potencia cuando la imagen se publica o comparte. Es parte de ello y lo que da un mayor sentido a todo, incluso justifica tantos esfuerzos. Y es en ese momento en el que por fin se muestra la imagen, cuando ocurre un pequeño milagro: la foto deja de pertenecer a su autor para atrapar al espectador, que contemplándola se convierte él mismo en un nuevo Caminante.

Puede que esto sea la mejor recompensa para una fotografía, que vuele para que muchos puedan hacerla suya, siempre en esa búsqueda de lo sublime.

Ingredientes

  • El fotómetro de la cámara está calibrado para medir sobre un tono intermedio (gris neutro). Dirigido hacia la nieve blanca y brillante, interpreta que hay más luz, por lo que cerrará el diafragma y la foto quedará oscura. Por eso es importante abrir hasta dos pasos sobre su lectura. 
  • Y más necesario que la técnica es algo tan simple como abrigarse bien. La fotografía es un ejercicio de paciencia que puede resultar helador en estas condiciones.
  • Diapositiva: zoom 70-200, 1/250, F11, ISO 100

Elaboración

Esta imagen sin apenas elementos y colores resulta muy gráfica. Se da un contradictorio equilibrio donde el trineo está cercano a salir de la escena. El encuadre es una elección personal, donde es posible acercarse con el zoom al grupo, o incluir también la montaña en la imagen. Apostando por lo grandioso en este caso, el trineo diminuto atrapa la vista como un imán, para llegar hasta la silueta de Monserrat, sumergida en esa nube que une los dos mundos e integra acción y paisaje.

Solo queda que el espectador complete los significados que la escena le evoca, quizás imaginando el servicio de mensajería de Papá Noel, a un buscador de oro de una novela de Jack London, o recordando aquella histórica epopeya en Alaska, cuando hace un siglo 150 perros y 20 mushers en cinco días y medio de relevos se fueron pasando el suero antidiftérico a lo largo de 1.085 km para salvar al pueblo de Nome aislado en la epidemia.

Retoque y emplatado 

El retoque de esta foto será muy sutil. 

  1. Ajustar blancos y negros.
  2. Seleccionar y potenciar el blanco de la nieve. 
  3. Añadir intensidad y un poco de saturación a este frío amanecer.