Oda al camino

'Dear Werner': cuaderno de viaje de un documental que inspira a seguir soñando

El cineasta Pablo Maqueda lleva al espectador de Múnich a París en un viaje íntimo que tiene como guía a Werner Herzog. Ha compartido su experiencia con Viajes National Geographic.

Pablo Maqueda imaginó la escena de una posible película durante el vuelo que le llevaba a Múnich: un joven director ocupa el centro de un encuadre abierto. El paisaje tiene algo de irreal, medio borrado por una intensa niebla. La silueta oscura de los árboles se recorta sobre un fondo abstracto entre blanco y gris. La hierba del campo está helada. Hay poco donde fijar la mirada. Sin embargo, el conjunto resulta de una belleza frágil y emocionante. Al bajar de ese avión, se preguntó si lograría rodar en algún momento la escena imaginada. ¿Lo logró?

Para averiguarlo hay que ver Dear Werner, el documental que filmó a modo de carta íntima y performativa durante los días que recorrió, a pie y solo, los casi 800 kilómetros que separan Múnich de París. Lo hizo siguiendo las huellas en el pasado del director y documentalista alemán Werner Herzog. La cinta se estrenó primero en la sección Nuevas Olas de No Ficción del Festival de Sevilla. Luego pasó por el Zinebi de Bilbao y por el Festival de Torino hasta ser una de las candidatas a los Premios Goya 2021 como Mejor película documental. Dear Werner se puede ver en las salas comerciales, donde el equipo se ha dedicado a presentar la película en vivo.  

 
 
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quello que escribí durante el viaje no estaba pensado para ser leído (nota previa de 1978 a la publicación de Del caminar sobre hielo)

Foto: Pablo Maqueda

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Un libro como una brújula

El 23 de noviembre de 1974, Werner Herzog comenzó a caminar en dirección a París en línea recta y no paró hasta llegar veintidós días después a casa de la crítica cinematográfica Lotte Eisner. Unas semanas antes, le habían avisado que su amiga se encontraba gravemente enferma y probablemente moriría. Durante el camino escribió un diario que finalmente apareció publicado en 1978 con el título original de Vom Gehen im eis (Del caminar sobre el hielo, que en España se puede encontrar publicado por Gallo Nero). 

Aquello que escribí durante el viaje no estaba pensado para ser leído (nota previa de 1978 a la publicación de Del caminar sobre hielo)

Unos cuantos años más tarde, Pablo Maqueda ha tomado aquel viaje como punto de partida para su documental Dear Werner y el libro del alemán como una brújula para orientarse, tanto en la geografía como en lo emocional. Antes de partir, volvió una y otra vez al texto, críptico, metafórico, lírico y salvaje, de Werner Herzog. Volvió como sólo se vuelve a esa clase de libros en los que uno atisba una salvación, subrayando y anotando en cada uno de sus márgenes. Según él, fueron meses en los que se sintió como un estudiante de una tesis doctoral. “Fue un proceso muy interesante. Me animó a acercarme de nuevo a la filmografía de Herzog de una manera más analítica", explicó el cineasta a Viajes National Geographic.

 
El caminar terapéutico

Foto: Pablo Maqueda

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El caminar terapéutico

Si el viajero y escritor británico Bruce Chatwin hizo tan buenas migas con Werner Herzog es porque los dos coincidían en considerar el acto de caminar como un ritual. Fue esa forma mitológica de entender el mundo la que llevó a Werner Herzog a coger una chaqueta, una brújula y una bolsa de lona para ir caminando hasta París, a casa de Lotte Eisner. “No morirá, no lo hará. Ahora no, no puede. No, no morirá ahora porque no morirá. Mi paso es firme”, escribió el cineasta en el arranque de su diario en 1974. Y Lotte Eisner no murió. Al menos, no hasta algunos años después. Pero la cuestión es que fue una crisis vital la que lanzó a Werner Herzog al camino, de la misma forma que una crisis también fue la que llevó a Pablo Maqueda a seguir el mismo recorrido que el director de Fitzcarraldo o Aguirre, la cólera de Dios hizo muchos años antes.

Ambos compartíamos la idea de que el paseo no sólo es terapéutico en sí, sino que es una actividad poética que puede curar al mundo de sus males, (Werner Herzog en Ghana, Bruce Chatwin) 

“Estaba pasando por un momento duro en el que comencé a dudar sobre si seguir haciendo cine o no. Esta película fue casi una herramienta contra la ansiedad, fue un lanzarme al camino, a caminar y acabar, para no pensar, no darle vueltas a la cabeza”, explica Pablo Maqueda. Eran días desesperados al encontrarse con que la financiación para su próxima película se volvía a encallar de nuevo. 

Después de años trabajando en el proyecto, ese fracaso le hizo perder su confianza a la hora de contar historias. Pero había algo que la industria no le podía impedir: tomar una cámara y ponerse a grabar. Hacer una película, crear sin esperar permisos y beneplácitos de distribuidoras y agentes. Una película terapéutica, porque “como Herzog dice -prosigue- el mundo se revela a quienes caminan a pie… Y es verdad. Yo, caminando gracias a este documental, me he conocido un poco mejor a mí mismo, he estado más en diálogo con mis propios pensamientos”.

 
inmersión en el paisaje

Foto: Pablo Maqueda

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inmersión en el paisaje

Una cámara en plano subjetivo sorprende a los espectadores de la sala de cine, que se ven así volcados en la épica del camino en plena pantalla. “Tenía la idea de que el propio espectador iba a caminar junto a Werner casi en primera persona”, explica el cineasta. Del mismo modo que la imagen de los paisajes es importante, también lo es el diseño sonoro apuntalado por José Venditti, que logra plasmar los diferentes estados de ánimo que sugieren las imágenes. “Hemos tratado el diseño sonoro casi como en un videojuego -detalla Pablo Maqueda- porque las pisadas no suenan así como en la película en la vida real. Pero yo quiero que sean así, muy sonoras”. 

Una mañana fresca y cristalina. En la llanura todo está cubierto de bruma, pero se oye la vida que hay en ella, (Werner Herzog, el 4 de diciembre de 1974)

El resultado captura la naturaleza de una manera salvaje, interesante y, a la vez, alejada del esteticismo más habitual de las grandes producciones documentales. La naturaleza es también un paisaje emocional, un poco al modo del propio Werner Herzog en cuya filmografía siempre hay un destello de belleza incluso en lo más anodino, como un pequeño torbellino de papeles que se levantan en espiral del suelo al paso de un tren, por ejemplo. Para lograrlo, Pablo Maqueda tuvo que experimentar con las lentes, con el lenguaje de las ópticas de sus dos pequeñas cámaras, de los angulares y del zoom como haría un director de fotografía. 

 
 
De los sueños y de los fracasos

Foto: Pablo Maqueda

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De los sueños y los fracasos

En el año 2010, Werner Herzog pudo entrar con un pequeño equipo cinematográfico no profesional a la cueva francesa de Chauvet para rodar un documental acerca de las maravillosas pinturas rupestres que hay en su interior. El documental se titula La cueva de los sueños olvidados

En este diálogo constante con la obra de Werner Herzog que es el documental Dear Werner, Pablo Maqueda también encontró una cueva durante su camino. Se internó en ella no a la búsqueda de búfalos o caballos pintados hace 32 mil años, sino al encuentro de sus propios miedos y frustraciones. Lo que el espectador contempla entonces en la pantalla es una emocionante epifanía: hay que entrar en lo más profundo de todas las cuevas metafóricas para evitar que queden ocultas allí las historias de las películas, de los libros, de cualquier objeto creativo y, en definitiva, de cualquier sueño.

Querido Werner: desde que me bajé del autobús decidí que caminaría. Por los bosques. Por la niebla. Por mis sueños, (Pablo Maqueda, en el inicio de Dear Werner)

El ejercicio de honestidad del cineasta frente a la cámara es total. Y lo hace con una franqueza difícil de encontrar en un mundo hechizado por la apariencia más superficial del éxito. Explica que él lo ve ahora así, que “hay que darle importancia a las cosas de manera relativa, y vivir el presente… No estar pensando en la meta todo el rato. Yo era un poco así antes, no disfrutaba del camino. Da igual llegar el primero o el último -concluye-. Lo único que importa es seguir caminando”.

 
Un canto de amor al cine

Foto: Pablo Maqueda

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Un canto de amor al cine

Cuenta Pablo Maqueda que de niño era muy creyente, pero que a los 12 años cambió su fe en Dios por la de Werner Herzog: “Gracias a su voz cavernosa siempre ha sido algo así a una deidad para mí, casi como uno de los grandes cineastas clásicos, aunque siga vivo. Para mí está a la altura de un Kubrick o de un Hitchcock”.

Dear Werner arranca con una reflexión acerca de los pioneros de la historia del cine, con una mención a esos fotogramas famosos en los que se ve la salida de los obreros de la fábrica que grabaron los hermanos Lumier. Para Pablo Maqueda se trataba de una declaración de intenciones: dejar fuera la contemporaneidad y mirarse en figuras como Lotte Eisner y otros cineastas clásicos. Recuperar, en definitiva, la figura del maestro: “Yo lo veo como un acto urgente -explica- porque ya no reflexionamos sobre las obras. Cada película o serie que se estrena está pensada para un consumo rápido. Esta película es justo lo contrario”.

Querido Werner, hoy he decidido caminar sobre el hielo. Y aunque no te hayas dado cuenta todavía, tú caminas conmigo (Pablo Maqueda, Dear Werner)

En un cierre simétrico, la película y el camino acaban en la Cinemateca francesa de París, principal templo del séptimo arte. Allí, Pablo Maqueda se encuentra con muchos documentos y guiones escritos a mano, entre otros, de Jean-Luc Godard y también obras maestras como El Gran Dictador, de Charles Chaplin (1940) o El ángel azul, de Josef von Sternberg (1930), películas expresionistas alemanas y revolucionarias rusas que los nazis habrían destruido de haber caído en sus manos durante la ocupación de Francia. Sin embargo, en su escondite en la zona libre, Lotte Eisner logró salvarlas, aunque para ello casi muriera de frío, ya que en pleno invierno debió renunciar a encender un fuego con el que calentarse porque aquellas películas eran altamente inflamables. El gesto heroico no deja de ser una bella metáfora del amor por el cine.

 
 
epílogo

Foto: Pablo Maqueda

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epílogo

Pablo Maqueda descubrió en este caminar de Múnich a París que no iba solamente acompañado de sus maestros, sino que también había otras personas “que caminan a nuestro lado para que los días duros podamos seguir teniendo aliento, nuestras parejas, nuestros productores, la familia”, explica. Así, si en toda la película el cineasta se dirige en inglés, en el epílogo lo hace en castellano. Pensó que si Werner Herzog había dedicado su libro a Lotte Eisner, él podría hacer lo mismo con otra persona muy importante en su vida, Haizea G. Viana, su compañera y productora. Y para ello, pasó del tono general, al íntimo. Y de un idioma al otro.

Camina por los bosques. Camina por la niebla. Camina por tus sueños. Camina hasta alcanzar la cima de cada una de las grandiosas montañas en tu camino (Werner Herzog)

En el epílogo, desaparece el plano subjetivo y aparece un único encuadre abierto. En él, hay un joven director en el centro grabando el paisaje. El paisaje tiene algo de irreal, medio borrado por una intensa niebla. La silueta oscura de los árboles se recorta sobre un fondo abstracto entre blanco y gris. La hierba del campo está helada... 

 

DEAR WERNER - TRÁILER from Pablo Maqueda on Vimeo.

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