Bibliotecas selectas

El despacho nómada de Ramón Gómez de la Serna

El estudio del creador de las greguerías se puede ver en el Centro Conde Duque de Madrid.

Sólo hay una forma de tratar de describir el despacho de Ramón Gómez de la Serna: con una enumeración que podría ser infinita y en la que hay libros sueltos y emparejados y ordenados en las baldas de una librería, un maletín con pinturas, jarrones llenos de canicas, dos gatos cerámicos (negros, estoicos, atentos), un cartel avisando de peligro de muerte, espejos transformadores por todas partes, bolas de cristal colgadas en el techo formando un caótico sistema planetario, un sapo gigante sobre una mesa, vencejos volando en la pared, fotografías del mundo, de monumentos, de un luchador de sumo, de un accidente ferroviario, recortes de revistas, animales disecados, mapas, un tarro antiguo de farmacia para las ideas, un payaso de sonrisa desconchada, una pajarera dorada, un biombo collage… Es el universo creativo del artista que hizo entender a Ortega y Gasset qué era eso del arte moderno, de la vanguardia, de esa otra forma radical de expresar el mundo.

 

Las cosas quieren decirnos algo pero no pueden (​​Gómez de la Serna, Las cosas y ‘el ello’)

 
detalle escritorio

Foto: José Alejandro Adamuz

biblioteca

En el despacho están todos esos objetos entre anodinos y sorprendentes que trascienden y convierten el espacio en una obra de arte en sí mismo: “La asociación fortuita, azarosa y poética de los objetos, liberados ya de su utilidad y de la escala de valores que les da el rito”, dijo Francisco Umbral al respecto. Ramón Gómez de la Serna lo fue creando a partir de sus largos paseos por el Retiro, del que era un incondicional. Con todos esos objetos nutría sus textos, sus conferencias, sus teorías. Ramón Gómez de la Serna, flâneur de mercados. Y cómo no, si todo mercadillo de antigüedades condensa el mundo, lo que fue y lo que puede ser aún, lo que se extravió, lo que se halló, lo que parecía haberse perdido para siempre, el pasado y el atisbo de un futuro: el lugar del acontecimiento, de la revelación, del reencuentro, como dijo Andrés Trapiello en su El Rastro. Historia, teoría y práctica (Destino).

Muchos museos de arte moderno del mundo se batirían a muerte por tener el despacho de Ramón Gómez de la Serna, objeto a objeto, en su colección; pero en ese edificio tan robusto y enladrillado que alberga al Centro de Cultura Contemporánea Condeduque de Madrid, la sala permanente que ocupa el despacho está un poco escondido, casi como un secreto para iniciados o como una de esas revelaciones que aparecen de imprevisto. Este gabinete ya fijado en el tiempo (un diorama kitsch a tamaño real, una casita de muñecas, una bola de nieve, una pecera) fue una vez un despacho nómada porque hay artistas que llevan encima un mundo propio y lo van soltando aquí y allí como otros dejamos la chaqueta en un perchero, un poco como para poder seguir su rastro (otra vez).

Despacho Ramón 21
Foto: Condeduque

Ramón Gómez de la Serna hizo con su despacho como Pablo Neruda con sus tres casas de Chile, compartir su universo allí donde residió: desde sus torreones en Madrid (del número 6 de la calle Velázquez a otras direcciones en la ciudad) a la calle Hipólito Irigoyen de Buenos Aires, a donde llega exiliado en 1936 y donde nutre su gabinete de curiosidades en el mercado de antigüedades de la plaza Dorrego, en San Telmo.

Tras su muerte en 1963, todo el despacho volvió a Madrid en cajas, aunque quedaron atrás todas las fotografías que empapelaron las paredes. Se encargó de la ardua tarea su viuda. Rastrea Jorge Carrión el devenir del último de los despachos de Ramón Gómez de la Serna en Madrid. Libro de libros (Ivorypress). Cómo es que llegó a donde hoy está: en 1980, Juan Manuel Bonet comisarió la exposición sobre Ramón Gómez de la Serna en el antiguo Museo Municipal de la calle Fuencarral. Luego, el despacho regresó a las cajas hasta que el Museo Nacional Reina Sofía albergó la retrospectiva Los ismos de Ramón Gómez de la Serna y un apéndice circense (2002). Y volvió a ser guardado en cajas hasta que, finalmente en 2015, se fijó su ubicación en la sala actual en Condeduque. El despacho que se observa tras las vitrinas es la versión del refugio creativo de Ramón Gómez de la Serna en Buenos Aires, por lo que, además de todos los objetos acumulados, desprende cierta atmósfera de nostalgia.

biblioteca
Foto: José Alejandro Adamuz

Dice Jorge Carrión en esa especie de tablero güija con el que interpela junto al fotógrafo Alberto García-Alix al espíritu literario de Madrid que los despachos de Ramón Gómez de la Serna podrían ser tan centrales en la cultura española como lo es el Guernica: “la verbena y el cementerio, la fiesta y la muerte, el exilio republicano y el exilio voluntario”. Verlo a través de las ventanas practicadas nos convierte en testigos de un prodigioso y creativo viaje interior que revela la topografía de la mente de Ramón Gómez de la Serna: la greguería definitiva o, como escribió su viuda en una carta dirigida al alcalde de Madrid en 1965, la “atracción de turistas y peregrinación de admiradores” perfecta.