El pequeño Phileas Fogg

El bebé que ya ha cogido 66 vuelos

El documental 'Hola, mundo' acaba con las excusas (y los miedos) a la hora de viajar con niños.

Dieciocho países, más de 150 camas diferentes, 66 vuelos, subir a más de 4.000 metros de altura, montar en aviones, helicopteros, veleros, entrar en contacto con diferentes culturas e idiomas… No es el currículum de un trotamundos impenitente, sino el singular cuentakilómetros viajero de Koke, un niño que justo ahora cumple tres años de vida.

 
Cuando aún no había nacido, sus padres le hicieron una promesa: “... que todo lo que habíamos visto, vivido y aprendido se lo íbamos a dar a él. Le prometimos regalarle nuestro mundo”. Ahora, Rubén Señor y Lucía Sánchez, los papás de Koke, cuentan la historia en Hola, mundo. Se valen de la voz como narrador del cantante Alejandro Sanz y de la aparición de profesionales como la pediatra Lucía Galán, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, el psicólogo Alberto Soler y la Dra. en biología y conservacionista Katia Hueso.

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“Ser libres, criar hijos libres, es un objetivo muy honesto” (Hola, mundo)

Hola, mundo surgió con la idea de desmontar la retahíla de tópicos y reticencias esgrimidas en contra de viajar con niños. “En realidad, el documental se nos ha ido un poco de las manos explica Rubén Señor a Viajes National Geographic—​. Sí comenzó como para tener armas con las que explicar a padres, abuelos e incluso amigos, porqué viajábamos con Koke; pero luego fue evolucionado más. Al final, el viaje es solo un hilo conductor, como podía haber sido el arte, la música o los libros… El documental, al final, va de una forma de encarar la educación de tu hijo”.

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Foto: algoquerecordar.com

¿Un hijo es el punto final de los viajes?

Rubén y Lucía decidieron dejar atrás todo en Madrid. Publicistas de profesión, crearon el blog de viajes algoquerecordar.com y se fueron a dar la vuelta al mundo en 2013. Y cuando por fin lograron la vida de nómadas digitales que habían deseado, decidieron que no tendrían hijos, que seguirían viajando un tiempo más así. Pero entonces, en sus viajes fueron apareciendo niños viajeros. Y en aquellos encuentros comenzaron a sospechar que tal vez la cosa era diferente a lo que siempre habían escuchado: “las familias viajeras con las que nos cruzamos por el camino cambiaron nuestra perspectiva sobre lo que pensábamos que era la paternidad”, explican a Viajes National Geographic.

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Foto: algoquerecordar.com

Así fue como en 2016 nació Koke, y con él aparecieron los primeros miedos. ¿Cómo sería criar un bebé de pocas semanas? Como todos los padres primerizos, lo afrontarían poco a poco, solo que ellos lo harían viajando. Tampoco era cuestión de comenzar por la selva de Papúa Nueva Guinea a las primeras de cambio. Eso sí, de sus primeros 26 meses de vida, el bebé pasó 20 fuera de España.

Rubén y Lucía descubrieron algo: que el viaje aportaba al niño mucho más de lo que jamás habían imaginado y que aquella vida podía influir positivamente en la personalidad de Koke.

A ello se refiere el psicólogo Alberto Soler en el documental al explicar cómo la experiencia tan cercana a sus padres que Koke vive con los viajes contribuye a cimentar la base de todo su desarrollo futuro: según algunos estudios, afirma este psicólogo, la suma de los momentos positivos vividos de viaje pueden llegar a compensar episodios negativos futuros, como depresiones o casos de acoso escolar.

“Para que un niño esté bien no es suficiente con que no la suceda nada malo, sino que también es necesario que viva cosas buenas” (Alberto Soler, psicólogo)

¿Pero, un niño tan pequeño se acordará del viaje?

Es cierto que Koke no contará explícitamente anécdotas de sus largos viajes. Sí que lo hará a través de lo que le irán explicando sus propios padres, de las fotografías y vídeos que verá. Tal como funciona la memoria, es improbable retener recuerdos propios de vivencias sucedidas por debajo de los seis años.

“Hay muchas vías de recuerdo. Una son las memorias explícitas o declarativas. Pero hay otro tipo de recuerdos. Y por eso es tan importante lo que ocurre durante los primeros años de vida. Asociamos de una manera implícita personas y acontecimientos con emociones”, (Alberto Soler, psicólogo)

Pero, claro, eso no es un argumento para dejar de viajar con un bebé. “Eso sería un error —​cuenta Lucía Sánchez en el documental—​. Si fuera así, tampoco le llevaríamos a casa de los abuelos los domingos, no celebraríamos su primer cumpleaños con una gran tarta, no les daríamos besos… total, si no se van a acordar…”

Viendo el mundo con otros ojos

“Viajar con un bebé es como llevar un arma de socialización masiva”, dice Rubén Señor en un momento del documental. No es que el mundo parezca otro, es que la gente se comporta de otra forma. De pronto, el viajero ya no es ese extraño que llega, cámara en mano, un poco a molestar, sino que se convierte en una persona que muestra su confianza en el país visitado llevando a su propio hijo. Entonces, ocurre la magia: los locales se acercan, todos quieren jugar con él, preguntan y ayudan. El niño se convierte en un generador de empatía entre adultos.

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Foto: algoquerecordar.com

Claro que al viajar con Koke, ahora el ritmo es más lento y tienen en cuenta otro tipo de intereses. En definitiva, ahora son tres y como explica Rubén Señor en el documental: “él también tiene derecho a ir a sitios que le llamen más la atención”. Sitios como Time Square, por ejemplo, del que aún recuerdan la cara de asombro que puso el bebé cuando con solo siete meses se sumergió en uno de los rincones urbanos más vibrantes del mundo.

Vale, todo esto está muy bien, ¿pero y si ocurre algo?

El miedo a que ocurra algo en un país extraño, lejos de la familia, sin conocer el idioma ni tener un hospital próximo controlado es uno de los frenos más importantes a la hora de viajar con niños. Son temores normales, pero es que “además, está la presión del entorno, que es muy grande”, cuentan Rubén y Lucía en el documental.

Aparte de que esta familia siempre viaja con seguro médico, resulta que creen que el viaje dota de superpoderes a los viajeros. Y tal vez no estén demasiado desencaminados: en su primer año viajando, Koke no sufrió ni un solo resfriado. El primero, fue en Madrid, cuando volvieron.

“El sistema inmune de un niño se desarrolla igual en el centro de Madrid que paseando con sus padres en la selva” (Lucía Galán, pediatra)

No es pseudociencia. Tal como se descubre en el documental, resulta que hay una base científica en ello. Según cuenta la pediatra Lucía Galán, los tres primeros meses de vida sí se tiene que tener un especial cuidado porque el sistema inmune aún es muy pobre; pero a partir de ahí, con un año, el sistema inmunológico ya es capaz de encargarse de la mayoría de las infecciones. Así pues, el viaje no debería tener ninguna afectación negativa en ese sentido. Es más, “lo que sí dice la ciencia —​cuenta en un momento del documental la pediatra Lucía Galán—​ es que los niños escolarizados antes de los tres años triplican el riesgo de enfermedades tanto pulmonares como gastrointestinales”.

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Foto: algoquerecordar.com

En cualquier caso, igual lo que hay que plantear como un problema sea la burbuja de sobreprotección en la que se encierra a los niños por pánico a que les suceda algo. Es posible que todas las alertas que se les lanza cuando juegan en un simple parque de la ciudad lo que hacen es limitar su mundo, su propia iniciativa y capacidades físicas: “los niños necesitan nuestra seguridad —​explica el neuropsicólogo Álvaro Bilbao—​, pero para cuando nos la pidan. Es decir, cuando el niño se cae y se hace una herida sí hay que estar ahí para curarla; pero no antes de que se la haga diciéndole que se va a caer y que se va a hacer daño”.

Al final, si es cierto aquello de que los niños vienen sin manual de instrucciones, entonces, ¿no será su crianza el más maravilloso de los viajes posibles?

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