Tinta de aire

El museo favorito de… Okuda: “El Museo de Antropología de Ciudad de México me fascina”

El artista urbano y contemporáneo español ha diseñado una botella en homenaje a Madrid con tinta a partir de la polución del aire.

Óscar San Miguel Erice es el nombre que se esconde tras el pseudónimo de Okuda San Miguel, uno de los artistas contemporáneos españoles más conocidos en el ámbito internacional. Escultor, pintor y diseñador especializado en arte urbano, su obra es especialmente reconocible en casi todo el globo. Las formas geométricas, las líneas rectas y los colores vistosos son parte de su universo creativo y también son su seña de identidad. Ahora, vuelve a sus orígenes con su último trabajo, una colaboración con Johnnie Walker para diseñar una botella en homenaje a Madrid elaborada en cerámica con tecnología AIR-INK®, una tinta creada a partir de la polución del aire.

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Okuda San Miguel © Johnnie Walker

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En este último trabajo has pasado del policromático a un sobrio blanco y negro, ¿te recuerda a tus comienzos?

Sí, es como viajar al pasado. Pero no es sólo por colaboración, justo ha coincidido que estaba inmerso en este proceso del dibujo porque con la pandemia paré de viajar y me dediqué a volver al dibujo. Estaba en ese proceso cuando me lo plantearon y fue perfecto porque antes, con tantos colores y composiciones, me era muy difícil transmitir tanto a través de la línea. Y, de repente, me vi en un momento en que estaba cómodo con la línea y transformé algo negativo, como es la evolución, en algo positivo.

¿Qué diferencias existen a nivel artístico del trabajo policromado a la línea?

Muchísimas. Para empezar que el proceso es mucho más directo, porque la línea la hago directamente con rotulador, no borro nada. Es decir, de un error aparecen elementos nuevos que son divertidos. Es como una especie de trance que me tranquiliza mucho. En cambio, todo el tema de los triángulos y de los colores es un proceso de millones de cintas, cutter...

En el caso de la botella, que es como una especie de piel, sus cuatro paredes son muchos dibujos juntos. Cada uno de ellos puedo tardar en hacerlos diez minutos porque es algo muy directo. Sin embargo, un cuadro va de dos semanas en adelante porque lleva muchísimo retoque, muchísima cinta y muchísima precisión. Además de ciento y pico de colores.

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La botella de Johnnie Walker diseñada por Okuda San Miguel © Johnnie Walker

Si la línea te da paz, ¿el color lo contrario?

No, no, me da mucha paz. Lo que me da paz es el realizar una obra en tan poco tiempo y de forma tan directa. Es como no pensar y dejar que fluya en un cuadro. Porque, aunque le doy muchas vueltas, el avance y el progreso de la misma obra me va diciendo cuáles son los elementos siguientes. Incluso, el propio color me va ayudando a componer.

¿Qué es lo que te ha inspirado de Madrid para este diseño?

Madrid siempre me inspira porque llevo viajando por el mundo 20 años, pero siempre he decidido tener el campamento base aquí, tanto en mi casa como en mi estudio. Creo que es la luz de Madrid. Es una maravilla el color de Madrid. Vivo cerca de los museos y del Retiro, y todo eso me inspira.

Los ladrones son los animales que yo represento. Las flores por todo el tema de los parques... Esas son las cositas que podemos ver en la botella, mis elementos y mis iconos, pero trasladados a un entorno de la ciudad de Madrid.

Has transformado la contaminación en arte. ¿Cómo ha sido ese proceso?

Es un proceso marciano, alucinante. Ha sido muy interesante porque mi obra más mediática fue transformar algo que estaba medio abandonado en un nuevo espacio, como la Iglesia de Asturias, en un skatepark. Es parte de mi identidad el transformar algo negativo en algo positivo. Dar a lo abandonado una nueva vida.

Empecé a pintar en fábricas abandonadas que a nadie interesaban, pero para mí eran como tesoros. Espacios en donde estaba todo el día, en los que nadie te ve y nadie te puede juzgar porque, entre comillas, "a nadie le interesan". Entonces, sacarle partido a elementos negativos de las ciudades, es lo bonito y lo que me une a mi país.

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Okuda San Miguel © Johnnie Walker

¿Es posible crear conciencia de sostenibilidad a través de esta botella y tu arte?

Yo creo que es la idea. Con colaboraciones de este tipo se genera conciencia. Al final es un mensaje súper positivo para el mundo y, como elemento artístico generado a partir de la contaminación, creo que es maravilloso.

Si te dieran a elegir un espacio del mundo para dar color, ¿cuál sería?

Hay varios espacios abandonados por el mundo, pero hace tiempo encontré una iglesia en China con forma de pollo rarísima. También hay muchos monumentos soviéticos abandonados que son como cimentadas. O estaciones abandonadas como la de Detroit que, de hecho, es la estación más grande del mundo. Hay muchísimos espacios abandonados que me interesan.

El faro de Ajo ha tenido mucha controversia. ¿Por qué? ¿Fue por haberte salido de los cánones?

Fue porque estábamos en medio de la pandemia y la gente no tenía nada más que hacer que hablar, hablar y hablar. Además, la gente detrás de la pantalla es muy valiente. Fueron una serie de elementos pero, sobre todo, una cuestión política en la que yo estoy totalmente ajeno. Ya se habló mucho de él antes de realizarlo y la conclusión de todo es que, hablen mal o bien, está bien que hablen. Además, el faro de Ajo se ha convertido en el segundo monumento más visitado de Cantabria y es por eso que, al final, el camino es positivo.

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Okuda San Miguel © Johnnie Walker

¿Cuál es tu museo favorito?

Hay muchísimos. En Madrid el Reina Sofía, el Museo del Prado y el Espacio SOLO, que cuenta con muchos artistas modernos que tienen más que ver conmigo. Pero el Museo de Antropología de Ciudad de México me encanta porque la antropología y la cultura antigua de Latinoamérica y Asia me fascina. Igual que la ciudad de Roma y todo lo que está allí.

¿Estos museos también te inspiran a la hora de crear tus obras?

Por supuesto. Hay muchas de mis obras que son, directamente, reinterpretaciones de cuadros, arte clásico, transformados y actualizados a mí, a mi entorno y a mi mundo.

¿Y que encuentras, por ejemplo, en el Museo Antropológico de Ciudad de México?

Me inspira toda la cultura maya. Mi trabajo es una especie de lenguaje futurista digital actual pero inspirado de las culturas ancestrales de Asia y Latinoamérica. Y allí encuentro inspiración, en las máscaras, por ejemplo.

Umberto Eco imaginó en una de sus obras un museo con una sola obra en la que todo el discurso giraba en torno a ella, a esa pieza. ¿Si te enfrentarás a este reto, qué objeto o obra de arte seleccionaría?

El jardín de las delicias de El Bosco, que está en el Museo de El Prado. De hecho, llevo ya cuatro o cinco obras en gran formato inspirado en ella. Estoy rescatando el cuadro y transformándolo y reinterpretándolo en mi entorno y en mi mundo.

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Okuda San Miguel © Johnnie Walker

¿Un plato que tengas grabado a fuego en el paladar?

Me crié en un restaurante y tengo muchos platos en la cocina de mi vida. Desde unos mejillones en salsa maravillosos hasta los arroces. Me encanta ir a sitios tipo StreetXO o DiverXO, la cocina actual contemporánea me parece brutal.

¿Eso también se puede trasladar de alguna forma a tu arte?

Yo creo que también me inspira, por supuesto, porque los platos vienen en distintas cerámicas, distintas vasijas... Tanto el contenido como el continente me inspiran mucho. Tuve una temporada que iba cada viernes a un sitio con estrella Michelin para comer y buscar inspiración. Parte de lo que más me gusta hacer es crear y viajar y ahí entra la comida, que es lo principal. Al final comes todos los días y si vas a estos sitios, que son lo más potente del mundo, es parte de la inspiración.

Y si tuvieras que quedarte con un lugar del mundo que te inspire a nivel artístico…

Me quedo en Madrid porque además ahora estamos en un punto brutal a nivel cultural. La vuelta a España ha sido increíble: los artistas que estamos en las nuevas galerías, los restaurantes… La ciudad está súper viva. Yo la destacaría dentro de Europa pero, por ejemplo, tengo muchas ganas de volver a Tokio y me encanta Nueva York.

Tus obras están en medio planeta. ¿Qué es lo que más te gusta de que estén allí?

El hecho de estar en mi casa encerrado me ha hecho darme cuenta de lo bonito de haber estado trabajando tantos años por el mundo. Es como que parte de mí está en todas las ciudades. Me etiquetaban en fotos de Instagram y era como estar en mi casa, pero a la vez estar en todo el mundo. Es muy bonito, es como dejar parte de tu corazón para que todo el mundo lo sienta, lo disfrute y se emocione.