De Gadir a la eternidad

Entre vinilos y artesanía, así es el gastrohotel escondido frente a la Catedral de Cádiz

Un hotel boutique para disfrutar de la ciudad y una gastronomía única que hunde sus raíces entre fenicios y el otro lado del charco.

Dando los buenos días cada mañana desde la Plaza de la Catedral, las 16 habitaciones del hotel Olom reivindican luz, duende y artesanía en el corazón de Cádiz. Tan boutique como gastronómico, Olom reivindica a la capital gaditana como embajador de su pasado, pero también de su futuro y su presente. Totalmente diferentes y tematizadas. Hermanas, pero no iguales. Las 16 habitaciones se abren en balcones y ventanas en el casco viejo de la ciudad, convertidas en postal de ensueño para despertar con las panorámicas catedralicias. Un concilio entre legado y tradición que representa esa conexión histórica con la que el hotel se ensambla. No obstante, es en la raíz fenicia de Cádiz donde busca sus orígenes, significando Olom nada menos que eternidad.

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FOTO 01 GALERISMO BOUTIQUE
© Hotel Olom

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Galerismo boutique

Fundada por este pueblo marinero hace más de 3.500 años, la herencia que Olom recoge apuesta por la personalización de los espacios y por convertir cada rincón del hotel en un homenaje artístico. Pinturas, esculturas, cerámicas, dameros, mobiliario… Lo decorativo está en Olom al servicio de lo funcional y lo funcional está a disposición del cliente, pudiendo adquirir prácticamente cualquier cosa que esté a su vista. Todo desde un acento andalucista que ha hecho de la artesanía su razón de ser. Marroquinería, alfarería, trabajos en madera… La apuesta del hotel irradia el nombre y apellido de los artesanos que han puesto aquí su granito de arena, como el de los artistas que pueblan sus paredes y zonas comunes.

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FOTO 02B Música maestro
© Hotel Olom

Música, maestro

Con un tocadiscos recibiendo al huésped en cada una de las habitaciones, el hotel Olom permite una tematización total, en función del gusto musical del alojado. Jazz, música clásica, punk, rock progresivo, flamenco, copla…La viniloteca presente en la terraza del hotel actúa como improvisada gramola a la que recurrir para convertir el hilo musical de las habitaciones en un sello diferencial. Junto a ellas, una apuesta decidida por la sostenibilidad y el confort en torno a la domótica para facilitar cualquier detalle cotidiano en la estancia. Desde regular las luces al control de temperatura, sin olvidar el juego de cortinas y estores. Todo al servicio del cliente para que la experiencia en Olom sea inolvidable y única.

 

FOTO 03 La belleza está en el interior
© Hotel Olom

La belleza está en el interior

Por fuera, el bullicio. Dentro, la calma. Con una insonorización plena, el hotel Olom permite ser remanso de paz en el ajetreado traqueteo gaditano. En el exterior, la vibrante terraza de Momento, concebido como bar informal, donde los clásicos de la cocina gaditana, freidor mediante, toman nueva vida. Es la parada de las ortiguillas, de las puntillas y del cazón. También de dotar de originalidad al serranito o de comprobar cómo la pizza se puede entender de gaditanas maneras al compás del chicharrón. A su vera, acentos mexicanos —imbuidos con delicadeza por los propietarios del hotel— como el guacamole o los totopos, que hilan una vez más la historia de Cádiz con la de América, totalmente indisoluble y que también entiende en Momento de una merienda que une dos continentes como los churros con chocolate.

FOTO 04A Torbellino de sabores
© Hotel Olom

Torbellino de sabores

Con una propuesta gastronómica orquestada por el chef Luis Callealta y ejecutada en el día a día por el chef Álvaro Vela, el hotel Olom se entrega al gaditanismo de producto en su alma gastronómica. Si Momento es devoción por el picoteo, Ettu, el restaurante gastronómico, es la mesa convencida en la que sentar a Cádiz y Andalucía más allá de la barra. Lo hace, además, desde el desayuno hasta la cena y los mimbres van cargados de acento.

 

Tuétano de vaca retinta; atún rojo salvaje de almadraba; corvinas del Estrecho; quesos serranos… El producto se pone al servicio de una cocina que mira al mar, al mercado y se deleita con la generosidad de una provincia que entiende de costa y de campo y, sin olvidarla, de vinos inconfundibles. Es Ettu un paraíso para los amantes del Jerez, pero también para los consumidores inquietos que buscan referencias diferentes, incluyendo vinos tranquilos, con Cádiz por bandera y ponerse a Andalucía por montera. No sólo cabe la provincia, cabe la región. Con la misión de defender Andalucía, como habría narrado Enrique Morente, Ettu encabeza varias rebeldías —con mucha causa— con vinos que van de Huelva a Almería.

 

FOTO 04C Torbellino de sabores
© Hotel Olom

GASTRONOMÍA 24/7

También es Ettu el inicio de las mañanas gastronómicas de Olom. Convertida en desayunador, el idilio matutino de nuevo une lo americano y lo gaditano en un mismo compás. Allí donde cabe la zurrapa de lomo y la manteca colorá también deja espacio para los chilaquiles. Margen donde también entra la bollería de autor del obrador La Cremita, de Chiclana de la Frontera, y de zumos frescos y smoothies marchados al momento, a los que igualmente secundan elementos tan andalucistas como el jamón con su mollete y su chorrito de aceite. Dos mundos que se entiende a través del producto en desayunos a la carta que invitan a iniciar el día con alegría, recargando pilas para entregarse a las calles de Cádiz.

 

FOTO 05 En nombre del agave
© Hotel Olom

En nombre del agave

Tequilas, mezcales, sotoles, raicillas, bacanoras… Todo lo que el agave avala cabe en la carta de Aleph Cocktail Club, la terraza —piscina incluida— del hotel Olom en la que la coctelería se cita con las tardes gaditanas hasta estirarlas, noche mediante. Con una carta cambiante por temporada en la que las opciones con alcohol y sin alcohol tienen misma cabida, Aleph prodiga sus encantos en tonos creativos con una coctelería que no tiene igual en Cádiz y, seguramente, en toda Andalucía. De referencias que retrotraen al paladar a torrijas convertidas en trago o a las icónicas tortas de Inés Rosales hasta clásicos extemporáneos como el espresso Martini. Todo ello con la vecindad catedralicia y las vistas más tentadoras de la ciudad para vivir atardeceres únicos.

 

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