Cuestionario en modo avión

Patricia Almarcegui: "Me han dicho de todo por viajar"

La viajera y escritora reivindica en su nuevo libro que el viaje no ha muerto y que la mujer que viaja no es peligrosa.

almarcegui Angel Roca

En una charla con el también escritor Juan Trejo, Patricia Almarcegui contó que de todos sus viajes le ha quedado una mirada particular, como si estuviera de viaje constante. Es algo que se le nota de primeras, la forma que tiene de mirar: es pausada, atenta, interesada, como si en lugar de ser entrevistada en la librería Altaïr de Barcelona, estuviera en algún zoco de Irán, su país fetiche.

Cronista, ensayista, novelista, curadora de colecciones, profesora universitaria de literatura comparada… No sorprende que de ella el especialista en periodismo narrativo Roberto Herrscher dijera que “podía ser definida como una mujer del Renacimiento si la frase no estuviera ya demasiado trillada”. Un poco de todo ese humanismo renacentista se encuentra en su último libro Los mitos del viaje (Ed. Fórcola), en el que, en contra de lo habitual entre los viajeros, no explica ninguno de sus viajes. El subtítulo acaba por aclarar de qué va el libro: estética y cultura viajeras.

almarcegui Angel Roca

¿Por qué viajas?

Porque ver mundo te permite acceder a otras realidades y conocer de primera mano las cosas que existen. Creas una experiencia con el lugar, con los habitantes y con el conocimiento de ese lugar. Y eso para mí es muy importante.

¿Y no te han dicho nunca en casa que pares ya un poco de tanto viajar?

Sí me lo han dicho… Además, siendo mujer y viajando durante muchos años por Oriente Medio, pues imagínate, era el miedo, el susto. Me decían que si estaba loca, que a dónde iba yo allí… Me han dicho de todo por viajar. Pero mi padre al final se acostumbró. Cuando volvía de un viaje e iba a verles a Zaragoza, siempre me preguntaba “¿y ahora a dónde te irás?”.

En uno de los capítulos del libro hablas de Annemarie Schwarzenbach. Destacas una frase que la escritora y viajera suiza escribió a un amigo: “La vida debe ser movimiento”. ¿Opinas igual o piensas que a la vida también le viene bien un poco de sedentarismo?

Es que moverte te puedes mover de muchas formas y ser sedentaria, pues también. Lo puedes ser aunque estés en movimiento. Cuando estoy de viaje suelo quedarme en un sitio que me ha gustado mucho diez o quince días… Pero por supuesto que hace falta estar tranquila, estática, en silencio, porque así ves cómo se mueve tu interior, como si fuera una clase de yoga.

¿Tienes en Menorca tu refugio particular?

Sí. Ahí está mi casa. Era algo que yo siempre había deseado: vivir en uno de los sitios que me parecían más bellos de los que había conocido. Y entonces, en un momento determinado, moví gran parte de mi vida para irme a vivir allí. Se trata de hacer de tu casa el viaje que más has querido. Y entonces, vuelvo, ahí está mi refugio y, efectivamente, ahí escribo. Vaya… Que es una gozada vivir en Menorca.

¿Y cómo es la casa de una viajera como tú?

Vivo en el campo, en unos 2.000 metros de terreno, en una casa con energía solar, con pozo de agua. Hay que dedicarle un tiempo diario, pero no al jardín, sino a cómo funciona la casa. Y vivo en las afueras de Ciudadela, a unos 20 minutos caminando. Vivo como yo siempre he querido vivir, en el campo y con la naturaleza muy presente, que es lo que más me gusta. Supongo que nivela un poco esa especie de intelectualidad en la que vive el escritor.

Con tanto terreno no te molestarán los turistas…

Nooo… Además, cuando sabes cómo se mueve el turismo, hacia dónde y las horas, pues tú vas a la inversa, esquivando. Hay que ir siempre por el itinerario paralelo. Pero para mí, vivir en Menorca es una maravilla. Siempre que vuelvo me emociono aún, verla desde el avión...

Eso es que mantienes la mirada de la viajera en todo momento.

Es que es importante mantenerla. Y luego con la edad, cada vez me gusta más la naturaleza. Es el contrapunto, el lugar a donde siempre quieres volver. A lo mejor quieres volver a ver un cuadro, escuchar una música o ver una película; pero cada vez tengo más ganas de volver a una playa, a una montaña o a una puesta de sol.

Dedicas el libro a “aquellas que no han podido ni pueden viajar”. ¿Es todavía el viaje un territorio vedado a la mayoría de las mujeres?

En el llamado primer mundo, la mujer puede viajar al igual que el hombre; pero aún sigue sorprendiendo que viaje sola. La gente no está acostumbrada. Por eso la mujer tiene que viajar mucho, porque no tiene que llamar la atención allá donde va, ni por ser mujer ni por viajar sola. Aún nos siguen preguntando por qué viajamos, dónde está nuestra familia, si no tenemos pareja…

Aún existen muchas diferencias entre lo que un hombre y una mujer pueden hacer en el viaje.

Y luego están los prejuicios machistas, como la anécdota en el libro sobre lo que decían de una amiga tuya viajera…

Eso es alucinante. Es que no me lo podía creer. Que haya gente que pueda llegar a pensar que yo viajo porque quiero hacer turismo sexual… Me dejó perpleja. Y de eso me di cuenta al volver, con miradas y comentarios de hombres… Sí me ha pasado, por ejemplo en Sri Lanka, que tocaran a la puerta de la habitación del hotel a insinuarse… Pero que te miren raro así en casa… Por eso mismo sigue siendo revolucionario que una mujer viaje. Y esa palabra es interesante: una revolución siempre es una transformación.

Entonces, ¿en tus viajes ejerces cierto activismo?

Exacto. En los últimos cinco o seis años nos hemos vuelto todos más activistas políticamente hablando. Es la manera de hablar, de apropiarte de las cosas, de preguntar a las mujeres sobre ciertos asuntos.

En otro libro tuyo, Una viajera por Asia Central (Ed. UB), explicas cómo volviendo de noche al hotel en una ciudad de Uzbekistán te diste cuenta de que cada vez caminabas más deprisa. ¿Hay mucha diferencia entre lo que un hombre y una mujer pueden hacer en el viaje?

Absolutamente. De la misma manera que hay mucha diferencia en ir por la noche sola en París siendo hombre que siendo mujer. En Barcelona, en Madrid… La diferencia es mucha. Y en los viajes, pues aún más diferencia. Primero, porque el sitio al que vas no lo conoces, y lo que no conoces siempre te crea un poco de miedo. Y luego hay viajes que una mujer no puede hacer, sitios vetados. Una mujer, por ejemplo, no puede ir a Afganistán.

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Bueno… El viaje siempre ha tenido esa parte de peligro.

Sí. Es verdad. Lo decía Nicolas Bouvier, que él siempre antes de viajar tenía miedo. Me gusta mucho que lo dijera, porque yo a veces también he notado ese miedo. Es un miedo raro, el miedo a la salida. No es el que puedes tener paseando sola por la noche en Alepo. Es el miedo que tienes cuando no sabes a donde vas, no sabes cómo va a ser la llegada, cómo vas a encontrar un lugar…

Uno de los dos capítulos que dedicas al viaje y género en Los mitos del viaje es casi un manifiesto. En él reivindicas que la mujer que viaja no es peligrosa. ¿Tú que has estudiado el viaje desde la perspectiva histórica y social, de dónde crees que viene esa idea de que la mujer viajera es un peligro?

El viajero de la antigüedad cuando volvía a la comunidad era considerado un sabio porque había visto más que los demás. Viajar tenía que ver con la sabiduría. Entonces, una mujer que viaja es una mujer que puede aprender, que ve más cosas que si está sola en el territorio de su hogar. Ve más, aprende más, conoce más. Y la mujer que sabe más es una mujer que puede pedir, que quiere ser libre, que es más culta. Por eso es peligrosa, porque lo que no tiene que hacer es conocer más y saber más ni desear otras cosas que las que le da la sociedad patriarcal. También la mujer que lee es peligrosa. Oye... es que a ver si va a ver mundo, y a ver si no va a querer volver, y sobre todo, a ver si va a saber más que yo. Y eso es peligroso. El sistema patriarcal se siente amenazado: puedes subvertir el orden instaurado.

Dices en el libro que es una característica de los viajeros seguirse unos a otros, ¿qué viajeras te han inspirado? Habrán sido mujeres peligrosas…

Cuando empecé a viajar y a escribir libros de ficción viajé sin apenas fuentes viajeras de mujeres. Mi primer viaje a Irán fue en el 2005. Puede ser que entonces hubiera algún libro de Annemarie Schwarzenbach traducido, pero yo no lo conocía. Es que el tema de los libros de mujeres viajeras tiene en España un recorrido muy corto. Yo más bien ha sido a posteriori. A la vuelta de esos viajes, al ponerlos por escrito, ha sido cuando he leído libros. He leído a Annemarie Schwarzenbach, Lady Mary Wortley Montagu, también, maravillosa, Vita Sackville-West, pareja de Virginia Woolf, Gertrude Bell, Aurora Bertrana… En fin, hay ahí muchas viajeras interesantes, cada día más.

¿Sigues siendo esa viajera “bastante extraviada y algo romántica” como te describías en Una viajera por Asia Central?

Bueno… Es que aquel viaje fue un poco locura. Cuando vas a sitios como Uzbekistán o Kirguistán son lugares donde todo resulta más difícil. ¿Romántica? Bueno, ahí juego un poco conmigo misma. Lo decía porque yo quería ir a Tayikistán y no pude porque era imposible sacar el visado allí. Tenía que esperarme como once días en Uzbekistán para que me lo dieran... La idea en sí era romántica. Pero no sé si soy romántica… ¡Espero que no! Soy una mujer que disfruta, eso sí. Soy disfrutadora, pero también viajo con precaución y cuidado. Hay cosas que no te las permites disfrutar porque vas sola.

Porque siempre viajas mejor sola, ¿no?

Sí… Hice un viaje en grupo a Yemen… Y bueno, ahora también viajo con mi pareja. Pero lo que son viajes así más largos voy a seguir viajando sola. Ahora me gusta mucho volver a los sitios, repetir.

Los mitos del viaje

Acantilados blancos en Rügen, de Caspar David Friedrich, protagoniza la cubierta de Los mitos del viaje (Ed. Fórcola)

Has dicho que no pretendes ser una viajera romántica, ¿pero eres más de viajar al pasado o al futuro?

Pues es que a mí me encanta el presente. Para eso viajo, para conocer lo que está pasando. El futuro no sé cómo irá. Me interesa lo contemporáneo.

¿Cuánto hay de aventura en tus viajes? En Una viajera por Asia Central te vemos recorrer los lugares sin plano ni guía, dices en el libro que “para encontrarme con lo que tuviera que encontrarme”.

No puedes llevar las cosas cerradas en el viaje. Es que hay sitios que luego te gustan más que otros. Pueden surgir planes improvisados, alguien que te invite a ir al mercado… Todo eso. Hay que estar super atenta. Son oportunidades y hay que modificar el viaje en función de lo que pase ahí. Yo sigo viajando así, a pesar de que ahora tienes internet en el teléfono.

Ser viajero o turista es también una actitud y una elección.

Pero eso, en definitiva, hay poca gente que esté dispuesta a hacerlo. ¿Hay que estar hecha de una pasta diferente?

No sé… Yo ya no lo pienso de esa manera. Sigue teniendo un valor muy importante viajar como experiencia. Es que es dar la vuelta a medio mundo. Es un tesoro, un regalo, y hay que darle el valor que tiene. Y el valor que tiene está en variar el destino, ir sobre la marcha, cambiar, escuchar… Experiencias… No tener una lengua en la que comunicarte. Son cosas que también hay que tomarlas bien porque forman parte del viaje y a mi eso me gusta que ocurra. Es un proceso de aprendizaje y de cambio.

¿Y ese aprendizaje sólo ocurre en el viaje?

Igual me ha ocurrido en otros aspectos. Soy una persona que ha cambiado varias veces de profesión. Fui bailarina de ballet clásico, profesora universitaria… Ahora ya no, ya creo que me voy a quedar de escritora… Ahora ya el tiempo va siendo menos. Pero voy a seguir viajando mucho, moviéndome. Aunque ahora con un lugar de referencia, porque nunca lo había tenido.

¿Echar raíces?

Sí, sí, a nivel sentimental y a nivel de lugar. Pero lo demás es un movimiento constante. El estar jugando con el propio límite. Ir un pasito más, eso es lo que me gusta.

Basta ver tu currículum viajero alejado del circuito turístico: Egipto, Yemen, Uzbekistán, Kirguistán, Irán, ¿Por qué no Cancún?

Bueno… No ha tocado. México sí lo he conocido… Pero bueno, ahora me apetece también de vez en cuando unos días así en la playa, con buenas lecturas, cuatro o cinco libros… Lo de las vacaciones me empieza a complacer. La lectura me gusta mucho. Es básico. En mi oficio es esencial leer al menos 3 o 4 horas al día, si no estamos perdidos.

¿De dónde crees que te viene esa especial vinculación con los libros?

Mi padre era un gran lector. Tenía una buena biblioteca. Y viene de ahí. En mi casa siempre hemos sido muy lectores. Además, vespertinos. Ahora con la edad te das cuenta. Nos hemos acostado todos muy tarde leyendo. Mi padre lo hacía porque trabajaba y entonces solo podía leer por la noche.

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¿Y después de leer y de viajar viene el dejar testimonio?

Sí, pero eso ya ha sido mucho más tarde. Yo empecé a publicar hace diez años. Soy una escritora tardía… Tardé porque partió de las editoriales que me lo pidieron. Yo creo que no hubiera puesto por escrito un viaje de no ser que me lo hubieran encargado. Luego llegaron las crónicas de viaje en revistas… Es algo con lo que me lo paso muy bien. Es una manera de recordar el viaje. Volver a revivir la experiencia de lo que has visto es emocionante.

En tus libros acostumbran a aparecen las reflexiones y las notas más íntimas de los diarios… ¿Cuántos diarios de viajes guardas? ¿Vuelves asiduamente a ellos?

Tengo muchos… Veintidós, veintitrés cuadernos. Los escribo desde el primer viaje largo, en el 97. Nunca me habría imaginado que iba a echar mano de ellos, pero cada vez me encargan más cosas. Y los reviso mucho.

¿Son Moleskine?

Qué va… Yo para los cuadernos soy un desastre. Durante mucho tiempo compraba el cuaderno cuando llegaba al lugar. Pero de los baratillos, para verlos…

¿Qué significa para ti el sur?

Pues es que yo soy más viajera de oriente. Lo prefiero al sur. Oriente para mí representa lo conocido. También un viaje más difícil que el que supone el norte de dónde me encuentro. Representa calor. Sí querría viajar más al norte, que representa la luz, la civilización más occidental. Me interesan ciertas disciplinas que allí están más desarrolladas. Ver determinadas bibliotecas, escuelas y museos de diseño industrial...

¿Tal vez viene una segunda fase más de viajes al norte?

Me atrae mucho. Espero hacer más nortes. Sí, seguro. Me gustan cada vez más los viajes al norte y vincularlos al ocio y al descanso. Me gusta ese descanso para pensar el destino, leer más del lugar en el lugar. Y cada vez me voy moviendo más en radios más pequeños. Eso tiene mucha gracia… Cada vez voy más lenta.

A principios de año, Donald Trump casi provoca una guerra en Irán… ¿Cómo viviste esas semanas de vértigo teniendo en cuenta la vinculación especial que tienes con el país?

Yo lo vivo con tristeza y cabreo infinito. Sobre todo a raíz de romper Trump el pacto nuclear. Lo vivo como pasos sucesivos que se van acercando a algo cada vez peor. Desde el embargo y las últimas sanciones, la población lo está pasando muy mal. Son los que pagan las consecuencias del régimen del país y de Trump. La situación no sólo se arregla, sino que va cada vez a peor. El conflicto se extiende y se dilata en el tiempo. Lo vivo fatal y con mucho dolor. Y esto se va a alargar en el tiempo muchísimo porque los dos gobiernos están jugando a buscar posiciones de poder en el territorio.

Y ahora se suma la situación con el coronavirus.

Sí… Ahora me lo comentaban. Parece que tienen un buen sistema sanitario, pero el problema es más el oscurantismo. Para que no hagan negocio han secuestrado todas las mascarillas, porque el gobierno pretende repartirlas gratis a la población. Mientras tanto, la población ha estado sin protección muchos días. A pesar de todo, yo voy a continuar viajando a Irán. Nos tenemos que acostumbrar a este estado tremendo de las cosas porque se va alargar ad infinitum.

En 2018, publicaste Conocer Irán. ¿Qué es lo que más te seduce del país? ¿Crees que interesa que no conozcamos Irán?

Yo a Irán lo quiero mucho. Y sí, posiblemente interesa que no conozcamos Irán, por parte de su gobierno. Pero en todo caso, hay que conocerlo, porque es la única posibilidad de desmontar todos los estereotipos. Los iraníes son gente muy culta. Lo que en Alemania llaman alta cultura, allí está a nivel de la calle. Para el viajero es una gozada, poder hablar de poesía, de cine… En 2005, me pararon en la calle para preguntarme temas sobre mi país. Me acuerdo que una chica me preguntó sobre cómo estaba el tema de Cataluña. Es gente preparada. Muy refinados y sofisticados.

A pesar de las limitaciones al acceso de la información que hay en el país?

Sí. Han aprendido a llevarlo, mal, pero están al tanto de todo lo que ocurre en el mundo… Las redes sociales están prohibidas, pero luego todo el mundo tiene internet.

Oye, y como te preguntaba tu padre, ¿y ahora a dónde te irás?

Mira… Pues el domingo salía a Venecia con mi pareja; pero ya no voy a ir por lo del coronavirus. La conozco bien, pero tenía muchas ganas de ir. Más adelante tengo planificado un viaje a San Petersburgo. Y algo a más largo plazo, tengo en mente el Transiberiano. Pero ya veremos...

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