CUESTIONARIO EN MODO AVIÓN

Fernando Aramburu: "La épica ya no es posible en nuestra sociedad"

Cinco años después de ‘Patria’, el autor publica ‘Los vencejos’, una novela que se desarrolla en Madrid y que cuenta la historia de un profesor de secundaria que decide poner fin a sus días.

Fernando Aramburu llega con la dejadez lánguida de un adolescente al que le han obligado a pasar un fin de semana familiar cuando preferiría estar jugando a Fortnite con sus amigos. Es comprensible, son días agotadores en la Feria del Libro, donde las colas de lectores ansiosos de reencontrarse con la literatura se acumulan y el autor está en plena promoción con firmas allí y en distintas librerías de Madrid. Luego, durante la entrevista con Viajes National Geographic, se va animando cada vez más. Total, también los adolescentes descubren que a veces ni siquiera es tan divertido jugar a Fortnite.

 

La expectación por la nueva novela de Fernando Aramburu tras el exitazo que supuso hace cinco años Patria es máxima. Los vencejos (Tusquets Editores) no está dejando indiferente a nadie, hay a quienes gusta y a quienes no, lo normal cuando decides no escribir otra vez el mismo libro. El protagonista, Toni, no contribuye a ponerlo fácil. Tampoco el tema: este profesor de filosofía en un instituto de secundaria, separado, con un hijo al que apenas entiende, una muñeca sexual siempre dispuesta en el sofá de casa y un amigo votante de la ultraderecha, ha decidido suicidarse en el plazo de un año, justo cuando vuelvan los vencejos de su migración. Mes a mes, un tiempo que dura exactamente 698 páginas, el lector se convierte en testigo del striptease descarnado con el que el protagonista hace balance de su vida. 

 

Los vencejos hace días que ya abandonaron los cielos de Madrid hacia territorios más cálidos del sur, pero tenemos que hablar de qué le pasa a Toni, de por qué ese viaje hacia el interior de sí mismo tan oscuro, de por qué habría deseado ser un vencejo, no haber tocado suelo, no haberse rozado nunca con nadie, que qué le pasó para que la vida le acabara decepcionando tanto.

Fernando Aramburu losvencejos

Foto: Iván Giménez | Tusquets

Fernando-Aramburu

Escribía usted en Autorretrato sin mí que al mirarse al espejo podía sentir cómo ese hombre del reflejo aún le hacía madrugar para cumplir a diario el sueño de un adolescente que quería ser escritor. ¿Cuando no se cumplen los sueños le ocurre a uno como a Toni, que el mundo acaba por decepcionar?

Sí… De hecho, yo he jugado con Toni a imaginar cómo habría sido mi vida si no hubiera cumplido los principales proyectos vitales que me impuse. Afortunadamente, he tenido una trayectoria vital distinta a la de ese hombre que es un poco más joven que yo, pero que a fin de cuentas es de mi generación. Ese es el experimento que quería poner en práctica en esta novela, jugar a ser otro.

Pues menos mal que no se convirtió en alguien como Toni… ¿Sabe que no es fácil sentir simpatía por él en algunos momentos de la novela, verdad?

Bueno... Pero me he encontrado con lectores que sí han desarrollado otro tipo de vinculación con él, incluso simpatía. Al principio, Toni está muy enfadado; pero la novela tiene un basto recorrido durante el cual este personaje se va mostrando desde otras facetas que quizás generan cierta compasión o que lo muestran como un pobre diablo, un perdedor tal vez, o uno que le encontró sentido a la vida cuando creía que ya no había nada que hacer en ella.

Toni es la viva imagen del fracaso existencial, pero en lugar de hacer algo por remediarlo asume su infelicidad como algo inevitable. ¿Cree que ese pesimismo y descreimiento es propio de nuestra época?

Ese pesimismo afecta a algunos, aunque no me identifico con ello. Yo tengo más bien un talante estoico, de aceptación… Soy partidario de situaciones más de tipo sereno, tranquilo, racional. El personaje va por otro lado y su pesimismo, en realidad, no está asociado a sus condiciones materiales, porque tiene trabajo y tiene salud, ciertos bienes de fortuna… En principio, su queja no es la del desfavorecido social. Su queja es más de tipo intelectual, lo que le hace mantener un pulso irónico con la vida cuyo final no podemos revelar por respeto a los lectores.

Antes, la posibilidad de aventura era muy restauradora. Ahí el hombre se medía con los elementos, rompía su rutina.

Ismael explica al inicio de la novela Moby Dick que cada vez que en su “alma hay un nuevo noviembre húmedo y lluvioso”, él busca enrolarse como tripulación en un barco porque es una forma de dejar atrás esa melancolía existencial. Es un alegato en favor del viaje, del poder curativo de los viajes. ¿No le interesaba poner a viajar a Toni, curarlo en el camino?

Yo creo más bien que mi personaje y los que conviven con él viven en una sociedad que no está implicada en grandes aventuras. Yo no voy a renegar del tiempo que nos ha tocado vivir, pero probablemente la épica ya no es posible en nuestra sociedad. La posibilidad de aventura era muy restauradora. Ahí el hombre se medía con los elementos, rompía su rutina.

¿La aventura sería una alternativa al suicidio?

Pero es que ellos viven en una época de rutina, de política de baja calidad y, en definitiva, de grisura. En esa situación social, la épica, las hazañas y los grandes viajes están vedados al ciudadano de nuestros días. Lo cual también tiene sus ventajas… No podemos negar que tenemos un sistema sanitario y vamos al colegio, por ejemplo.

Vamos, que podemos morirnos poco a poco con total seguridad...

Es que lo hemos querido así. Y si uno llega a una edad en la que empieza a avistar el horizonte de la vejez y hace un recuento de su vida y se da cuenta de que hay una vida mediocre, aunque el hombre sea lúcido, puede llegar a una situación de pesimismo existencial como le ocurre a Toni.

Dice Toni hacia el final de la novela que la única cosa meritoria que ha hecho en su vida ha sido elegir el momento y la forma de su muerte. ¿La forma ya lo sabemos, pero por qué escoge el 31 de julio de 2019 en concreto?

Habría que preguntárselo a él (ríe). Es que si un novelista se tuviera que preguntar antes de escribir una frase la razón de todo lo que está contando o narrar explicando, creo que no llegaría a un resultado valioso, no… Y yo confieso una vez más que a veces hago interpretar a mis personajes acciones o decir algo cuyo significado desconozco, pero sé que el lector avispado sabrá entender bien… No es verdad que el escritor tenga las claves de la posible lectura genuina.

Desde que ha salido publicada la novela, he sabido de dos casos parecidos, más el del célebre poeta Gabriel Ferrater, que en cierta ocasión dijo a sus amigos que se suicidaría al cumplir los 50 años

¿A veces se escapan las novelas?

No, tampoco es eso, porque uno es consciente siempre de lo que hace y uno corrige y revisa, de manera que también tiene la posibilidad de ponerse en el lugar de los lectores y no solo del que está juntando palabras.

¿Entonces no me va a decir por qué es el 31 de julio y no otra fecha?

Podría decirlo, pero no de una manera interpretativa. Simplemente, yo tenía que concederle un plazo generoso de tiempo antes de cometer su posible suicido para que existiera la novela, porque si este hombre decide suicidarse en la primera página y se suicida en la segunda, pues no hay novela (ríe). A veces estas razones, que son un poco pedestres o triviales, al final son muy importantes.

En todo caso, menos mal que no conocemos nuestra fecha de muerte, ¿no? O, al contrario, ¿cree que nos iría mejor sabiendo cuándo vamos a dejar este mundo exactamente?

Efectivamente, no sabemos y quizás sea mejor que no sepamos, o quizá no... Habría que probarlo… Pero claro, la ficción permite estas cosas. Y, ojo, que este tema no es solo cosa de la ficción. Desde que ha salido publicada la novela, he sabido de dos casos parecidos, más el del célebre poeta Gabriel Ferrater, que en cierta ocasión dijo a sus amigos que se suicidaría al cumplir los 50 años y lo dijo mucho antes de llegar a esa fecha y lo cumplió. Es decir, que en la vida hay tantos seres humanos que las posibilidades son muy numerosas. A mí lo que me interesaba realmente mostrar era a una persona de nuestros días, habitante de una ciudad que conocemos, en esa situación del que sabe con exactitud el día y la hora de su muerte, porque es imposible que ese conocimiento no afecte de una manera frontal a la vida.

Fernando-Aramburu
Foto: Iván Giménez | Tusquets

Me llamó la atención cierto detalle de la novela… No solo Toni, a todos los personajes les envuelve una especie de melancolía vital, una tristeza que se manifiesta físicamente en el picor: psoriasis en el padre de Amalia y que hereda Nikita, las ulceraciones misteriosas de Patachula, incluso los anónimos que recibe Toni, dice que le producen un efecto como de urticaria ¿La tristeza pica tanto?

No me lo habían planteado nunca salvo en relación con la lluvia, pero efectivamente mi literatura está sembrada de sensaciones físicas, olfativas, táctiles, auditivas, de todo tipo, asociadas al estado de ánimo de los personajes y, por supuesto, eso es una constante en todo lo que yo hago, incluído los textos testimoniales… Pero curiosamente, aunque está muy presente este recurso, no me lo habían señalado nunca, aunque sí hay un estudio sobre la lluvia en mis libros asociados al estado psicológico.

¿Por qué usa ese recurso literario?

Es que yo procuro no narrar explicando y también rehuyo la prosa informativa. Entonces intento crear en la conciencia del que me lee una serie de sensaciones que pueden ser gratas o pueden ser desazonantes y no pocas veces asociadas a problemas o situaciones concretas de los personajes. El lector no es un mero testigo, no está asomándose a un escaparate en el que se le están mostrando vidas ajenas, sino que él también tiene su propia intimidad. Lo hago muy particularmente en este libro, en el que se ofrece hasta el último detalle de la intimidad de un ser humano, una novela de este tipo interpela de una manera muy directa a los lectores ya desde el principio.

Pese a la inacción de Toni, sí hay algo común entre él y los grandes viajeros y viajeras de la historia como es la capacidad de desprenderse de las cosas materiales: él va dejando sus libros, ropa, trastos de casa por toda la ciudad, se libera poco a poco… El viajero lo hace para desplazarse más cómodamente y para no atarse excesivamente a los lugares y tener la capacidad de marcharse libremente, ¿Por qué lo hace Toni?

Él en un momento determinado alude al célebre poema de Machado e incluso lo cita cuando habla del que se va como los hijos de la mar. Es decir, que hay algo liberador en el hecho de que se desprenda de sus bienes materiales, que, por otro lado, podía haber tirado a la basura, pero que no lo hace y ahí hay una prueba más de que este hombre no es un derrotado nihilista, sino que considera que esos objetos puedan servir a otras personas. Por eso los distribuye por la ciudad procurando no dejarlos donde se puedan deteriorar o manchar o mojar. Y por otro lado, y aquí ya interpreto porque no está explícito en el texto, tengo la sensación de que él tiene miedo de tener miedo al final… Entonces, si se deshace de todo eso es como si hubiera cortado otro hilo con la vida, aunque en el fondo, todavía le quedan muchos hilos por cortar.

La Guindalera es un barrio que a mí me venía muy bien para la novela porque es muy auténtico. En él todavía es posible la vida de barrio.

Ha dicho que escogió Madrid porque sentía que le debía una novela a la ciudad, ¿Por qué esa deuda?

Esa deuda es simplemente un gesto de gratitud por el hecho de que a mí la ciudad me ha acogido bien, la he visitado mucho y, bueno, he reunido ciertas experiencias, encuentros y anécdotas que me pedían ser expresadas de forma literaria; pero la razón principal no es que yo sienta una simpatía especial por esta ciudad en la que sí tengo muchos amigos y parientes, sino porque me parecía el escenario necesario para esta novela, dado que junto a las vidas privadas de los personajes va añadido un dibujo social de la España de nuestros días, de antes de la pandemia.

¿Es entonces Toni resultado de la historia nacional?

Él, como el resto de personajes, es hijo de su tiempo, producto de la situación social en la que se crió, de la educación que recibió en su tiempo y de los movimientos sociales de su época. Aunque sea un hombre solitario, no está al margen de todo el barullo social, es profesor de instituto, las reformas educativas le afectan de una manera directa, también tiene que abandonar su casa tras un divorcio, posible en nuestra época, pero no en la de sus padres, Pero yo no busco temas… No trabajo así, yo no voy a escribir la novela de la crisis, ni la novela de la pandemia, ni de la lluvia por la tarde, lo que yo hago es poner a mis personajes en un contexto determinado y entonces se encuentran con lo que hay.

Patachula es una víctima del 11 M, ¿Cómo vivió usted ese terrible día desde Hannover?

Eso no se olvida fácilmente… Yo resido en la República Federal de Alemania y muy temprano recibí una llamada.

Noticias así afectan más estando fuera del país, quizás…

Aparte de que la primera impresión que se difundió fue que los autores habían sido miembros de ETA y, claro, aquello era radicalmente monstruoso. Cuando yo recibí la llamada, se sabía que había habido varias bombas y que se contaban muchos muertos, pero no se sabía más. Sé dónde estaba, qué estaba haciendo… Me enteré por teléfono. Hoy en día lo vería en algún periódico digital y en las redes sociales.

En lugar de derrumbarme psicológicamente como sé que les ha pasado a otros escritores, que han estado intranquilos y temerosos, yo me encerré y, de alguna manera, me resarcí de este maldito tiempo que estamos pasando todavía por la vía de crear literatura.

¿Y qué opinión le merece Madrid?

Es que yo estoy exento de sus problemas por no vivir aquí. Disfruto de la posición inmejorable del que llega y es recibido y me alimento en restaurantes y no tengo que ir a trabajar, soportar el tráfico, el ruido… Entonces, mi visión es demasiado idílica como para realmente tener un juicio justo. A mí aquí me trae la literatura, el ocio, las vacaciones… Vengo a Madrid al teatro, a ver a los amigos, a comer buen pescado… Para decir algo negativo de Madrid tendría que residir un tiempo y ver la verdadera cara de la ciudad, no solo la amable que muestra al visitante. Además, esta es una ciudad muy grande e imagino que no es lo mismo vivir en un barrio que en otro.

Al respecto, Toni escoge La Guindalera, ¿por qué decidió situarlo en ese barrio y no en otro más mediático de la ciudad? Nos recuerda el propio Toni que algunos lo llegan a menospreciar por ser el “patito feo del distrito de Salamanca”.

La Guindalera es un barrio que a mí me venía muy bien para la novela porque es muy auténtico. En él todavía es posible la vida de barrio. Uno pasea por allí y no encuentra grupos de turistas, ve vecinos que se detienen en la acera, la gente pasea con su perro, puedes ver personas haciendo aerobic en el parque, los bares son normales, castizos, hay mucho comercio pequeño, no hay rascacielos, ni edificios vanguardistas, ni nada de eso… Además, La Guindalera siempre la he tenido muy cerca de los lugares donde yo me alojo en Madrid, lo cual siempre me facilitaba desplazarse al barrio y hablar por él, ver a la gente y captar la temperatura, la atmósfera del lugar.

¿Conoce gente allí?

Pues sí, tengo conocidos en La Guindalera que, sobre todo durante la pandemia, me ayudaron por si necesitaba algún detalle, me mandaban fotos de los sitios o iban a preguntar datos prácticos, como horarios de comercios y esas cosas… Y luego creo que para el tipo de personaje que protagoniza la novela me parecía el sitio adecuado porque él es un medio desplazado de Salamanca, y La Guindalera pertenece al distrito de Salamanca.

¿La novela entonces la escribió durante el confinamiento?

En gran parte sí. Yo sabía que era un proyecto largo al que pensaba dedicarle cuatro o cinco años, pero la pandemia me recluyó en casa y entonces he dispuesto de un suplemento de tiempo. Sin viajes ni compromisos he podido dedicarme con gran intensidad a este proyecto. Y no lo digo con cinismo, porque hay muchísima gente que ha muerto y lo ha pasado muy mal. Pero quiero decir que, en lugar de derrumbarme psicológicamente como sé que les ha pasado a otros escritores, que han estado intranquilos y temerosos, yo me encerré y, de alguna manera, me resarcí de este maldito tiempo que estamos pasando todavía por la vía de crear literatura.

Sepa que como no soy de Madrid busqué en Google Street View ciertos lugares del barrio que aparecen en la novela y descubrí que hay un rigor callejero importante.

Sí, lo hay... y también meteorológico. Cuando en la novela afirmo que llovió o que hizo mucho calor es así, lo contrasté en alguna que otra hemeroteca.

Todo eso al final afecta a las emociones, ¿no?

Exacto… Cuando Toni va a Extremadura a sus vacaciones involuntarias, llovió todos los días. Entonces, eso me inspira para escribir determinados episodios y hacer determinadas descripciones. Claro que no se va a caer la ficción porque el novelista afirme que llovió intensamente y luego en la realidad hizo sol, pero hay mucho gente por ahí que busca gazapos y errores e inexactitudes de los escritores y no se contentan con el placer de encontrarlo, sino que luego corren a las redes sociales para señalar que en tal página el escritor dice algo que no es cierto.

Entonces, este índice, que es un calendario, tiene su paralelo real…

Sí, sí… O sea, todo lo que yo afirme a nivel de experiencia colectiva, todo está contrastado, leído… De hecho, sometí la novela a la lectura de otras personas para que me hicieran una revisión de ese tipo, una lectura de barrio y una lectura también desde el punto de vista de un docente...

vencejos en el cielo de Madrid
Foto: Istock

¿Qué bien poder ser tan etéreos como los vencejos, ir de un lado a otro con esa libertad, no?

Efectivamente, Toni se proyecta en estos pájaros que son habituales en Madrid en ciertas épocas, aunque he leído por ahí que cada vez hay menos. Espero que no sea verdad… Y entonces, sí, parece que con ellos se hace la ilusión de despegarse del suelo, de la rutina, de las sujeciones laborales, fiscales, políticas y desarrollar su ciclo vital en el aire, yendo y viniendo a su antojo, emitiendo esos chillidos peculiares, y luego cuando llega la época, podría emigrar ahí hasta el hemisferio sur africano.

¿Sabe que es el ave del año en 2021 según una votación popular?

Sí… Pero yo ya había entregado la novela cuando ocurrió. Lo digo por si alguien piensa que el novelista, un oportuno de esos, se enteró de que los pájaros iban a ser ave del año y rápidamente escribió una página de setecientas páginas (se ríe). No, en serio, fue una grata casualidad para mí...

¿Cómo se le ocurrió vincular los vencejos con Madrid?

Volviendo a mi situación de visitante de la ciudad, yo no voy mirando hacia el suelo, ni con prisas a la oficina, sino que miro a la gente, observo las fachadas, visito lugares atractivos y también mira al cielo, y veo pájaros y los vencejos madrileños están plenamente integrados en esta ciudad. Es decir, que no se limitan a los parques o a los arrabales donde hay algo de campo. Sobre la Gran Vía se ven numerosos vencejos, por ejemplo. Me di cuenta que es un ave muy urbana.

¿Así anda usted por Madrid como un auténtico flâneur?

Un poco sí. Es cierto, siempre, pero con las antenas literarias puestas, a la búsqueda de imágenes, sucesos, anécdotas que me puedan ser provechosas para mis libros.

¿Nunca se quita el traje de novelista?

No, lo llevo las 24 horas del día.

¿Y si se pone el traje de viajero? Toni, Patachula, Águeda, Nikita, Amalia… ¿Con cuál de sus personajes se iría de viaje y por qué?, ¿o tal vez es más de viajar solo?

Yo me iría con cualquiera de ellos… Aunque no es algo que me hubiera planteado, sí sería interesante hacer un viaje con un personaje propio, cierto… Sí, a lo mejor me llenarían la cabeza de reproches. Intentando responder, me imagino la situación y se me ocurre algún que otro texto de este tipo.

¿Es Viaje con Clara por Alemania su novela más viajera?

Sí, claramente. Y quizás la más feliz de todas mis novelas.

Tal vez sea también una de las más humorísticas, ¿nos olvidamos del humor a la hora de viajar y de vivir? No sé si eso le puede llegar a preocupar, que se lea su nueva novela sin sentido del humor…

No, no me preocupa cómo se lean mis novelas… Además, tampoco se lee de una sola manera. De hecho, casi no puedo aguantar la sonrisa cuando veo la diferencia de opiniones que suscita una misma novela, y todo el mundo tiene razón, cuidado porque aunque el texto es idéntico para todos, la persona que llega a él es distinta. Es según como sea esa persona, lo que haya vivido, lo que piense, sus convicciones, gustos, preferencias, que le da un significado o no, porque en realidad, el libro solo contiene un texto. Es decir, un código que el lector tiene que descifrar. La novela la hace el lector, el escritor sólo le pone un suscitador.

Yo soy un vencejo que emigró y no volvió.

Los vencejos emigran al sur en otoño para invernar en África y vuelven cada primavera, ¿Si usted tuviera que viajar hacia el sur qué destino escogería?

Bueno, a mi edad yo creo que al llegar a Doñana ya estaría con la lengua afuera y me quedaría allí. Con los años, cada vez me cuesta más viajar. Sin embargo, no me pesan los viajes mentales o las lecturas de viajes de otros, que me fascinan. Me gusta mucho la literatura de viajes, y no solo la moderna, también la antigua. No es raro que de vez en cuando caiga en mis manos la crónica de alguien que hizo algún viaje. En cambio, me da mucha pereza viajar. Quizás porque los viajes actuales ahora mismo con la pandemia se han vuelto muy incómodos… Ya no es aquello de subirse a una goleta y navegar hacia el poniente.

Buenos Aires

"Buenos Aires es oeste y sur al mismo tiempo"

Foto: iStock

En Autorretrato sin mí escribió: “Mi ventana y mi vida dan al norte”. ¿Cuál es ese norte?

Autorretrato sin mí sí es un libro paralelo a este. Lo que pasa es que ahí fui yo mismo quien se desveló y aquí imaginé que hacía lo mismo otro que no fuera como yo, que tuviera una vivencia completamente distinta. El norte al que me refería allí es la República Federal Alemana, donde llevo como residente fijo 36 años. Yo soy un vencejo que emigró y no volvió.

¿Y si le pido que ponga rumbo al este?

Igual me fijaría en Japón, un destino completamente exótico… Quizás Japón es una experiencia que a mí me falta, que sea ingrata, pues no lo sé, pero sí me pica la curiosidad. Tampoco espero llegar allí y que todo el mundo me abrace. Además, me he acostumbrado al saludo japonés con la pandemia.

¿Y qué me dice si toca viajar al oeste?

Hombre, una temporada en Buenos Aires yo lo firmaría inmediatamente, que también es sur y oeste al mismo tiempo. Es una ciudad que me fascina.

Una última pregunta, dígame, ¿un suicida potencial que acaba de comprarse un libro está buscando ganar tiempo?

Un suicida de estos que se conceden un poco de tiempo, no uno que cede a un arrebato o que tiene un pronto de angustia o que tiene una situación vital insoportable, no descarto que leyendo Los vencejos no se suicidase... No lo descarto porque en el fondo los vencejos triunfan en la vida. Lo que pasa es que yo no puedo hacer spolier aquí, pero por muy negros pasajes que contenga esta novela, en realidad, la ganadora es la vida.