Receta de una foto

Fernando de Noronha, cuando la felicidad no está en la postal

Retratar este paraíso protegido supone ir más allá de su exuberancia natural. Implica estar atento hasta encontrar ese instante en el que todo se para.

Perdido en el océano Atlántico, un hombre flota en una piscina de lava en la isla volcánica de Fernando de Noronha, como una representación exacta de la desconexión y de la tranquilidad plena. Contemplándole tan despreocupado y ajeno al universo, resulta difícil no desear acompañarle en su serena rebelión, con la frase popularizada por Groucho Marx como consigna: "Que paren el mundo que me quiero bajar". 

 

Pero, aunque aparentemente la tierra gira despacio, apearse resulta imposible, y como cualquier solución ya estará contemplada en refranes y sentencias, él ha elegido inspirarse con Bruce Lee y adaptarse: “be water my friend”. Así que, “con el mundo por montera”, una inesperada figura capta toda la atención, convertida en un regalo para el fotógrafo y la clave que construye la narración de la imagen, para llevarla más allá de la bella postal, suscitando innumerables lecturas. Con su presencia en primer plano la escena se impregna de surrealismo, mientras la lava divide la imagen en dos escenarios, y de fondo aparecen los icónicos mogotes conocidos en Brasil como Dois Irmãos. Con ese nombre y en este lugar, imposible no fantasear con dos hermanos petrificados como en Pompeya, que por efecto de las nubes semejan ser volcanes latentes.

 

A pesar de ello, él sigue como Juan Sin Miedo en el castillo encantado, relajado sobre sus brazos que parecen formar una V de victoria, como si al fin fuese ganando en el oficio de vivir, o al menos la existencia le concediese una tregua. Ante el impulso inmediato de preguntarse qué hace ahí, en apariencia levitando como si tuviese una ventaja natural para flotar, sería demasiado fácil leer la imagen como algo burdo. El maestro Botero, nos pone sobre la pista: “No he pintado una persona obesa en mi vida. He expresado el volumen, he buscado darle protagonismo, hacerlo más plástico, más monumental. El arte debe ser sensual”.

BRqF5404 b2

Foto: Gonzalo Azumendi

BRqF5404 b2

De alguna manera el protagonista de la foto crea esa belleza diferente, nueva. Opuesto al modelo de físico admirable y moreno perfecto, que banalizaría la imagen transformándola en tópico publicitario, este personaje transmite felicidad conectado con la naturaleza, resulta humano y popular, y no renuncia a su camiseta porque no anuncia bronceadores. Resulta sublime en este lugar y momento preciso sin él, no hay paraíso. En realidad, es difícil no identificarse y envidiar su situación en esta fotografía, que, siendo en color, en ningún momento cansa y por más que se observe, cada vez transmite más paz. Por su parte, el fotógrafo ante tanta calma, retrata la escena y rápidamente desaparece. Para no invadirla. Como quien descubre a un Poseidón en su bañera de lava, que no conoce amenazas, ni boca de tiburón, ni tentáculos de medusa capaz de inquietarle.

En la mitología griega, Perseo sí toma precauciones, y se enfrenta a Medusa sin mirarla a los ojos, pues todo aquel que lo haga se convierte en estatua. Quizás recordando esta historia, el hombre de naranja prefiere contemplar solo el cielo, despreocupado así de ver algo que le deje de piedra, como a los infortunados Dois Irmãos. Por eso nunca sabrá, que igual que la de Medusa, la mirada del fotógrafo ya le ha petrificado para la eternidad, en un instante en el que paró su mundo.

Ingredientes:

  • Simetría: ante una escena estática, será tarea del fotógrafo desplazarse buscando el ángulo donde se dé ese equilibrio en la composición.
  • Persona y contexto: el uso de un gran angular integra paisaje y ser humano, permitiendo contar esta historia. Un teleobjetivo le hubiese aislado en este caso, no siendo posible este relato.
  • Datos EXIF: zoom 24-105 en 24 mm 1/250, F7’1-ISO 100

Elaboración:

Representar un sueño en una fotografía es una tarea complicada. Primeramente, es cuestión de suerte toparse con esta persona en este lugar y en tan atípica situación. Para mayor fortuna, va vestido, y con un color que le hace resaltar, mientras su tamaño es el exacto para integrarlo en el centro de la imagen, sin romper la simetría de volúmenes. La vista recorre el color verde del agua, para reencontrarlo en la vegetación de las rocas, mostrando que siempre existe un paraíso de esmeraldas y aguamarinas, aunque a veces solo sea posible ver el cielo desde una ventana.

Retoque y emplatado:

El retoque de esta foto es sumamente sencillo, porque las luces no están quemadas y los colores son espectaculares.

  1. Ajustar las zonas de luces y sombras en el archivo RAW, resaltará los colores. Añadir un poco de contraste y saturación para potenciarlos aún más.
  2. Un filtro cálido y un leve viñeteado cerrará la foto con un toque más evocador.