CUESTIONARIO EN MODO AVIÓN

Fernando Tejero: "Creo que va siendo hora de que me ponga las pilas y empiece a viajar más"

El actor regresa a la gran pantalla con 'Modelo 77', un drama carcelario con el que viajar a la Barcelona más reivindicativa de la Transición Española​​.

Cambiar la cárcel desde dentro. Ese fue el propósito en el año 1977 de la Coordinadora de Presos En Lucha (COPEL), un colectivo asambleario de presos que reivindicaron la amnistía también de los presos sociales mientras el país se abría a la democracia. Ellos cumplían penas desproporcionadas por delitos juzgados por tribunales franquistas. Si las cosas estaban cambiando fuera, también debían hacerlo dentro. Los presos políticos habían sido puestos en libertad. Ellos, los comunes, no. La película Modelo 77 recoge este capítulo casi perdido de la historia de nuestra transición. En ese coro de personajes de la cárcel La Modelo de Barcelona, que maneja con tino el director Alberto Rodríguez, está el que interpreta Fernando Tejero (Córdoba, 1967), uno de los presos más temidos. Con “El Marbella”, que es como se llama, el actor vuelve a brillar en el rol dramático y demuestra, una vez más, que se las sabe en todos los registros. 

Ya en el terreno viajero, cuando se trata de descubrir afuera, Fernando Tejero apuesta por empaparse de otras culturas. Como le ocurrió con Cuba, como desea que le pase con Brasil. No se mueve tanto como desearía (trabaja mucho y tiene tres perras) y en su propósito está volver a darse a la que, sin duda, es una de sus pasiones: viajar. Amante de los destinos patrios, ha entregado parte de su corazón al vecino Portugal. También a Madrid, donde lleva instalado desde su Córdoba natal más de media vida, aunque desde hace meses viva alejado del mundanal ruido. En plena naturaleza.

 

El actor en su paso por el Festival de San Sebastián para presentar Modelo 77.

Foto: Jorge Fuembuena

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Modelo 77 es más que una historia carcelaria. Es un ejemplo de solidaridad y lucha: la de los presos de la COPEL. ¿Qué sabías de este colectivo antes de la película?

Pues la verdad es que poco. En aquella época yo era pequeño y no tenía mucha información. Luego, con el tiempo, sí que se hablaba mucho de los presos políticos, pero poco de los presos comunes. Y, bueno, para hacer la película es cuando me he documentado y he conocido muy bien todo lo que cuenta y lo que reclamaban los presos. Fue un movimiento, además, tan necesario… Por eso creo que esta es una película muy necesaria para todo el mundo, pero, sobre todo, para la gente joven, que no sabe nada de esta historia. Yo me siento muy identificado con ella, porque, al igual que se encerraba a la gente por ideas políticas con unas condenas horrorosas de 14 ó 16 años o lo que les diese la gana, también se la encerraba por su condición sexual. Igual, si llego a nacer 10 años antes y me hubiese pronunciado abiertamente sobre mi condición sexual, hubiese acabado preso. Me he preguntado muchísimas veces qué hubiera pasado.

A todo esos presos les había juzgado una dictadura, pero les mantenía en la cárcel una democracia. Más allá del retrato de las cárceles en los primeros años de la transición que hace la película, ¿dónde pone el foco Modelo 77?

En lo que pasó realmente, en la diferencia que había entre los presos comunes y los presos políticos. Es una película muy documentalista, que narra perfectamente lo que pasaba en las cárceles, quiénes eran los buenos, quiénes los malos, la violencia que existía, las atrocidades, esas condenas tan absurdas… Yo creo que pone el foco en lo que pasaba con la política dentro de la cárcel, no había los mismos derechos para la sociedad que para la gente que estaba presa.

Cuba es para Fernando Tejero una de las experiencias más bonitas de mi vida.

Foto: iStock

Hasta “El Marbella”, el patriarca gitano al que das vida, el “malo” de la cárcel, termina reivindicando, colectivamente, su libertad. ¿Qué viaje hace el personaje a lo largo de la película? Porque empieza en un sitio y termina en otro bien distinto…

Es un preso que se ha rendido, que ha asumido que tiene que pasar el resto de su vida en la cárcel. Entonces, se convierte en un superviviente y dice: “pues si voy a estar aquí el resto de mi vida, voy a ser el dueño de la cárcel”. ¿Qué hace para eso? Se alía con los funcionarios, que, en este caso, son los malos y sigue delinquiendo dentro de la cárcel. Pero tiene corazón y, al final, acaba uniéndose al resto de los presos que pide la amnistía y la libertad. Al principio, se le ve como a un malo, como un tipo bastante oscuro, porque está claro que lo es, pero todo lo hace por supervivencia o porque piensa que la mejor forma de pasar su vida en la cárcel es siendo el más poderoso.

Hacía tiempo que no te tocaba un personaje así. ¿Cuánto lo has disfrutado?

Muchísimo, porque tenía muchísimas ganas de trabajar con Alberto Rodríguez. Y bueno, en este país, tienden a encasillar a los actores que mayormente hacemos comedia, algo que me parece lamentable que todavía siga pasando. Yo ya había demostrado que puedo hacer drama en Cinco metros cuadrados y alguna que otra película, con muy buenas críticas. Me negué a hacer cine porque me seguían ofreciendo más de lo mismo y este año voy tanto con la película de Alberto Rodríguez como con un par más que tengo por estrenar, en las que también me han ofrecido drama. A ver si por fin hay un punto de inflexión en mi carrera y se dan cuenta de que un actor sirve para lo que le pongan por delante. Me parece muy cruel y absurdo que se encasille a los actores de comedia, cosa que no pasa, curiosamente, con los actores que en su mayoría hacen drama.

Me gusta hacer turismo cultural, ir a una ciudad o país que no conoces y empaparte de lo desconocido.

Y si seguimos con lo de disfrutar, ¿cuánto viajas por placer?

Mucho menos de lo que me gustaría, porque, entre que siempre estoy trabajando y tengo tres perras (aunque pueda parecer absurdo), voy a menos sitios de los que me gustaría. Tengo una persona que las cuida y que se encarga de ellas, pero es cierto que he dejado de ir a muchos viajes por no poder llevarme a mis mascotas. Eso sí, viajar es una de las cosas que más me gusta del mundo y siempre digo: “bueno, pues más adelante”. Y ese “más adelante” nunca llega. Creo que va siendo hora de que me ponga las pilas y empiece a viajar más.

¿Qué tipo de experiencias prefieres?

Me gusta hacer turismo cultural, ir a una ciudad o país que no conoces y empaparte de lo desconocido. Los viajes de relax se pueden hacer en sitios más cercanos y no hace falta experimentar otra cultura y otra forma de vida para estar relajado. Siempre que hago un viaje intento empaparme de eso, de la cultura, de cómo se vive en ese país.

"Córdoba me hace volver al niño que fui e incluso al hombre que soy".

Foto: iStock

¿Cuál es el viaje más inolvidable que has hecho en tu vida?

Un crucero con el que visité varios lugares de Miami, Costa Rica... Por la diversidad de sitios que conocí. Aunque es cierto que, al ser un crucero, estaba pocos días en cada lugar. Otro viaje que recuerdo también con muchísimo cariño y como una de las experiencias más bonitas de mi vida es el que hice a Cuba. Era un lugar que tenía muchísimas ganas de visitar. Me llamaba mucho la atención por su gente y cultura.

¿Y ese destino que cada día que pasa tienes más pendiente?

¡Brasil! Me pasa como con Cuba, que, sin haber ido, me siento como muy aliado. Me llama mucho la atención su gente, me gusta muchísimo la música brasileña y todo lo que he visto en documentales y reportajes sobre el país. Sé que me encantaría. Es una cuenta que tengo pendiente y espero saldarla lo antes posible.

¿Cuánto visitas tu Córdoba natal? ¿Cuánto vínculo tienes con ella?

Menos de lo que me gustaría, también. Vínculo tengo mucho, pero allí están mi familia, mis amigos de la infancia… Tengo mis raíces y mi pasado. Siempre que veo que todo esto, todo lo que conlleva mi profesión se me va de las manos, vuelvo para saber de dónde vengo. Siempre digo que, cuando uno no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va. Córdoba me hace volver al niño que fui e incluso al hombre que soy. Me vuelve a colocar en el lugar y eso a veces es muy importante.

Vives en Madrid. ¿Qué te enamora de la ciudad a la que llevas tantos años entregado?

¡Muchísimas cosas! Me enamora lo cosmopolita que es, la variedad de gente, el nivel cultural… Me gusta muchísimo que haya barrios que me recuerdan al barrio donde yo me crié en Córdoba. Es una ciudad que lo tiene prácticamente todo, excepto el mar, si no ya sería totalmente perfecta. A día de hoy, entre Córdoba y Madrid, ya no sé de dónde me siento más. Siento que Madrid me quiere y que la quiero.

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Fernando Tejero

  1. ¿Adónde nos llevas si vamos al norte?

    Soy de los que piensan que viajar fuera es maravilloso, pero que también hay que conocer nuestro país. Lo tenemos todo. Es maravilloso. ¡Es tan distinto el norte del sur! Hay una ciudad que me parece una de las más bonitas de España: San Sebastián, de donde acabo de venir [del Festival Internacional de Cine de San Sebastián]

  2. ¿Qué destino eliges mirando al sur?

    Me quedo con Granada, porque las pocas veces que he ido me ha parecido un lugar maravilloso. Recuerdo un día que fui a hacer teatro y que, paseando solo por el Paseo de los Tristes (igual esto queda muy filosófico), entendí lo que era el embrujo. Es una ciudad muy andaluza y lorquiana. Y tiene nieve, mar, su parte verde, rincones maravillosos… Y mucha juventud y vida.

  3. ¿Y si vamos al este?

    Me encanta la costa alicantina: Jávea, Altea y todos esos pueblos preciosos. Tengo allí mucha familia y amigos y he pasado muchísimas vacaciones por toda esa zona. Creo que no está lo suficientemente valorada y a mí me parece tan bonita.

  4. Toca el oeste...

    Me voy a salir de España y me voy a ir a Portugal, que también es uno de los de los lugares que más he visitado. Una vez hice una ruta por la costa y me pareció todo tan bonito. Lo disfruté muchísimo, me encantó su gente y siempre que puedo vuelvo a Portugal. La capital, Lisboa, me parece una ciudad preciosa en la que no me importaría vivir algún día. Soy un enamorado de Portugal.

¿Qué no puede faltar en tu equipaje cuando viajas?

Un libro, o varios. Me gusta mucho leer.

¿Gastas alguna manía viajera?

No tengo ninguna, en especial. No sé si lo es que me tengan que hacer la maleta porque soy un desastre, ¡un patán! [risas].

¿El souvenir más apreciado de cuantos tienes en casa?

Tengo toda la nevera llena de imanes de los lugares que visito para tener un recuerdo. Y luego, y esto es algo muy curioso porque no soy creyente, casi siempre compro santos de los lugares donde voy. Tengo esa fascinación por las imágenes de vírgenes y de santos.

¿Un plato grabado a fuego en el paladar?

De Cuba, casi todo lo que comí, pero en ningún lugar creo que se hace la ropa vieja como allí. ¡Me fascinó! También te digo que soy muy básico con la comida, soy más de patatas fritas y huevos que de algún manjar.

De Madrid me enamora lo cosmopolita que es, la variedad de gente, el nivel cultural…

¿Sueñas con retirarte, algún día, del mundanal ruido a algún lugar concreto?

Yo hace ya unos meses que me trasladé a El Escorial. Viví muchos años en el barrio de Huertas, luego en la misma plaza de Ópera, pero llegó un momento en que estaba saturado de gente, de ruido, de no poder pasear a mis perras o yo mismo tranquilamente. Tengo Madrid a tiro de piedra y bajo prácticamente casi todos los días, pero necesitaba ese cambio que creo que te van dando la edad y la profesión. Son muchos años siendo conocido y, bueno, siempre que bajas a la calle pues estás con la alarma puesta y con la sonrisa, aunque haya días en que no te sale. Así que decidí probar a vivir fuera, a ver qué tal me sentaban la sierra, el campo…

¿Y qué tal te han sentado?

La verdad es que, de momento, estoy feliz aquí. También te digo que lo que me gustaría y, sin duda, algún día haré, es irme a vivir a un sitio con mar. No sé si será al sur o a alguno de esos pueblos de la Comunidad Valenciana que te he dicho. Es curioso, porque soy de una ciudad de interior, pero desde bien pequeño el mar me ha fascinado tanto en verano como en invierno. Me da una calidez y una paz… ¡Algún día!