Souvenirs desde la memoria

La historia de la Costa Brava a través de un fotógrafo de postales

La evolución turística de esta zona contada en nueve instantáneas.

Las nuevas tecnologías están dejando anticuada la costumbre de intercambiar postales durante los viajes. Sin embargo, en el pasado esa fue una moda que resultó fundamental como testimonio de la transformación de paisajes, ciudades, costumbres… Las postales también fueron un gran canal de «promoción turística», en su momento casi el único, cuando no existía ese tipo de iniciativas y muy pocos tenían los medios materiales y los conocimientos técnicos para realizar, no ya los tradicionales retratos de estudio, sino buenas fotografías de monumentos y paisajes. Pero ¿cómo empezó todo?

 

Oficialmente se considera que la primera tarjeta postal la emitió la administración de correos de Austria en 1869, mientras en España consta que fue en 1873. Sin embargo, no fue hasta el primer tercio del siglo XX cuando, gracias a fotógrafos pioneros, la creatividad llegó a las tarjetas postales que se empezaron a imprimir en nuestro país.

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Palamós 1964. Joan Cebollero, uno de los pioneros

Palamós en 1964. Foto: Joan Cebollero

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Joan Cebollero, uno de los pioneros

Entre aquel grupo de jóvenes inquietos se hallaba Joan Cebollero Bayona (Terrassa 1927- Palafrugell 2016), quien llegó a ser uno de los fotógrafos más reconocidos entre la profesión, especializado en temas paisajísticos, turísticos, patrimoniales y culturales. Por vocación y curiosidad empezó trabajando en laboratorios de fotografía. Sus primeros pasos en solitario los dio siendo el fotógrafo oficial de la Abadía de Montserrat. Muy pronto se asoció con otros fotógrafos para editar postales en blanco y negro. Y en 1956 fue uno de los fundadores de la que llegó a ser la mayor editorial de postales del país para la que, a lo largo de más de 40 años, realizó miles de instantáneas publicadas en forma de postales, guías turísticas y libros visuales. Entre estos destacan los dedicados a monumentos y Sitios Reales del Patrimonio Nacional, museos y uno de la Catedral de Barcelona. A pesar de las miles de fotografías realizadas por él, y como sucedió con tantos otros colegas de su época, una inmensa parte de su trabajo quedó en el anonimato, ya que las imágenes salían firmadas por las empresas editoras.

La fotografía fue su oficio y centró su vida, pero su pasión artística siempre fue la Costa Brava que recorrió año tras año hasta su jubilación. A menudo arrastraba con él a su familia en muchas salidas de trabajo, descubriendo todos juntos rincones poco frecuentados y compartiendo con sus hijos conocimientos y mirada personales. En ocasiones, hasta hacía aparecer de figurantes a su esposa y sus dos hijos. Ya retirado, escogió Pals y Palafrugell para vivir sus últimos años. 

 

IMG 0104. S' Agaró (años 50)

Foto: Joan Cebollero

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S' Agaró (años 50)

Igual que cuando fue retratada en los años 50, la Cala Padrosa de S’Agaró sigue siendo un bello rincón natural de solo 20 metros de longitud y 15 metros de ancho, con arena gruesa y aguas cristalinas. Se localiza en el tramo del Camino de Ronda situado entre S’Agaró y la marina del Port d’Aro, para muchos el sector más atractivo de este itinerario pedestre que recorre toda la Costa Brava. A esta cala no se puede acceder en coche.

IMG 0106. Lloret de Mar (años 50)

Foto: Joan Cebollero

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Lloret de Mar (años 50)

Como puede verse en esta imagen tomada a mediados del siglo pasado, el animado paseo marítimo del que hoy disfruta Lloret de Mar sencillamente no existía y todavía se podía intuir su origen como un pueblo marinero crecido junto a una riera –hoy cubierta–. Los pescadores amarraban sus barcas en la playa principal, cuya arena casi llegaba hasta las pocas casas unifamiliares construidas frente al mar, entre ellas un edifico más noble que hoy aloja el ayuntamiento. Y aunque ya se había instalado algún chiringuito, la eclosión turística de Lloret de Mar aún no había conquistado la localidad. En primer término de la fotografía, que fue tomada desde una senda de tierra que hoy forma parte del Camino de Ronda, se puede ver a unos niños con flotadores en la escueta cala de Sa Caravera.

IMG 0107. L' Estartit (1960)

Foto: Joan Cebollero

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L' Estartit (1960)

El núcleo de L’Estartit creció en las últimas décadas de siglo XX con el rápido desarrollo del turismo. Hasta entonces había sido un tranquilo enclave, medio agrícola y medio pescador, especializado en temas de salazón. Contaba con alguna casa de «americanus», una zona inundada en la desembocadura del río Ter que ahora está protegida por el Parc dels Aigüamolls de l’Empordà y, enfrente, el pequeño archipiélago de las Islas Medes, hoy declaradas reserva marina por la riqueza de sus fondos. Sobre la extensa playa del pueblo flotaban las barcas de los pescadores y algunas incipientes lanchas. La fotografía fue tomada antes de 1961, ya que el espacio en primer término está ocupado desde ese año por el club náutico de la localidad.

oche. Una labor 'familiar'

Foto: Joan Cebollero

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Platja d'Aro (1964)

En 1964, cuando fue tomada esta fotografía, Platja d’Aro preservaba parte de su encanto como pueblo frente al mar y, aunque el crecimiento urbanístico había comenzado en la primera línea de costa, aún podían verse colinas sin urbanizar en los alrededores y espacios vacíos en su playa, que hoy sigue siendo apreciada por su extensión y luminosidad. 

IMG 0108. L' Escala

Foto: Joan Cebollero

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L' Escala (años 70)

Cuando en el siglo pasado empezaron a llegar los primeros turistas a L’Escala, estos encontraron un pueblo modesto que acumulaba casi tres milenios de vida mediterránea: desde la fundación del cercano poblado griego de Empúries a la villa marinera que era. Toda L’Escala estaba entregada a la pesca, tanto a su captura como a la industria de la salazón de anchoas, que tanta prosperidad trajeron a la zona. Los primeros años de convivencia con el turismo, para los visitantes era difícil bañarse en la playa del pueblo, entonces inundada de pequeñas barcas y con la visita de los primeros cruceros turísticos que marcaron una época en la Costa Brava, y que quedaron inmortalizados en esta fotografía.

IMG 0112. Playa de Empúries (años 60)

Foto: Joan Cebollero

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Platja del Portitxol, L' Escala (años 60)

En aquellos tiempos se podía disfrutar de las playas todavía desiertas de alrededor de L'Escala, como la cercana Platja del Portitxol, donde en 1907 había abierto un pequeño hostal que empezó a atraer a visitantes, y que hoy ha sido transformado en un conocido hotel-spa.

IMG 0111. Rosas (Años 70)

Foto: Joan Cebollero

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Roses (años 70)

La amplia y plácida bahía de Roses ha atraído la presencia del hombre desde épocas prehistóricas, como atestiguan numerosos vestigios. En la década de 1960 se produce la irrupción turística. Aquel desarrollo cambió el trazado urbano e hizo crecer no solo el núcleo primitivo, sino los situados a lo largo de su costa. Un ejemplo de ello fue la playa de Canyelles Petites, al norte del término municipal, y que en la fotografía muestra el incipiente crecimiento de años posteriores. Se puede llegar hasta ella a pie por el Camino de Ronda que nace junto al faro de Roses, a los pies del Castell de la Trinitat.

IMG 0114. Tossa de Mar (años 80)

Foto: Joan Cebollero

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Tossa de Mar (años 80)

El turismo fue instalándose en la Costa Brava a la vez que evolucionaba el estilo de las postales. A partir de la década de 1980 se buscaban imágenes llamativas y se pusieron de moda trabajos en relieve o con montajes, como los que realizó Joan Cebollero para su serie «Imatges de Catalunya», fundiendo sus propias fotografías con cielos forzados. En aquellos años el fortín de Tossa de Mar se erigía como hoy protector en un lateral de la Platja Gran de esta localidad del sur de la Costa Brava. Con forma de media luna y casi 400 metros de largo, la playa se abre frente al barrio de Vila Nova que, a partir del siglo XV creció extramuros de la fortificada Tossa.

IMG 0113. Calella de Palafrugell

Foto: Joan Cebollero

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Calella de Palafrugell (años 80)

Joan Cebollero no se cansó nunca de fotografiar este pueblo de la Costa Brava, uno de los que más ha mantenido su fisonomía y ambiente marineros, y por supuesto lo incluyó en su serie «Imatges de Catalunya». Calella de Palafrugell todavía mantiene sus barcas varadas sobre la arena y casas tradicionales de pescadores con arcadas, muchas recuperadas como segunda residencia y otras recicladas como restaurantes de pescado y tabernas donde escuchar las tradicionales habaneras, de origen cubano.

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La historia de la Costa Brava a través de un fotógrafo de postales

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