¿Socios o huéspedes?

El hotel de Barcelona que se podría confundir con un club privado

El hotel Wittmore, en Barcelona, está decorado al más puro estilo británico, tiene política de "no fotos" y cuenta con un bar estilo "speakeasy". Puede parecer snob, pero lo cierto es que resulta tremendamente acogedor.

Casi imposible de encontrar, este oasis de calidez y elegancia se encuentra al final de un pequeño callejón en pleno Barrio Gótico de Barcelona, lo que termina de redondear el factor sorpresa que supone llegar hasta aquí. Todo hace presagiar que este no es un hotel cualquiera. Y, efectivamente, no lo es. Wittmore conserva ese espíritu de libertad propio de las zonas de extramuros y se inspira en los locales de diversión donde se concentraban las personalidades más creativas de la cultura local y las casas burguesas de la sociedad catalana más vanguardista.

Hotel Wittmore

Wittmore

Empeñado en sacudirse los adjetivos que estéticamente le acercan más a un club privado (tipo Soho House) que a un boutique hotel, Wittmore se define como un concepto inspirado en los salones culturales donde se concentraban las personalidades más creativas, ofreciendo a un cliente de nueva generación un enclave donde divertirse de la mano del talento de nueva ola. Es posible que aún quede un poco para eso, aunque mientras tanto lo que resulta innegable es que ha conseguido un espacio muy disfrutón donde siempre suena buena música, hay un ambiente privadamente exquisito y cuenta con un personal que es de lo mejorcito de la hotelería catalana.

El hotel abrió sus puertas en 2016 y aunque en hotelería 6 años no son nada, su interiorismo ha evolucionado junto con la propiedad, dotándolo de un carácter más cercano en los espacios. Obra del estudio Septiembre Arquitectura, en su interior se pueden ver, y disfrutar, materiales naturales como la rafia con la que se tejen los paneles que presiden la biblioteca, a la vez que trabaja para incrementar la funcionalidad de los espacios, como el nuevo comedor del restaurante en el que las mesas se elevan y las butacas se transforman en cómodas sillas. La zona de recepción, por otro lado, invita a mirar las entrañas del proyecto gracias a los dibujos que recubren sus paredes y que recrean las manchas de masilla que se hallaron al arrancar el papel que recubría la estancia. Finalmente, la azotea, con una ubicación privilegiada sobre el barrio más antiguo de Barcelona, cuenta con un paisajismo que evoca la vegetación propia de las riberas de los ríos catalanes a la vez que se adapta a las distintas estaciones.

Wittmore

¿Londres o Barcelona?

Moqueta, terciopelo, tonos de campiña británica y un "very british style" impropio en una ciudad mediterránea como es Barcelona, las 22 habitaciones del Wittmore no son particularmente luminosas, aunque este hándicap queda bien resuelto gracias a su cuidada iluminación y sus grandes balcones, sobre todo los que dan al jardín vertical que corre por la pared del patio interior, donde se encuentra la terraza del restaurante. Los baños son amplios, elegantes y están bien equipados con todo tipo de amenities, aunque de un solo uso. Cafetera Nespresso y agua de cortesía completan la oferta de unas habitaciones que logran evocar el verdadero sentido de intimidad en un concepto reservado solo para adultos.

Sensaciones a bocados

Los momentos memorables en Wittmore son espontáneos, no son casuales. Aquí todo surge de la selección cuidada de cada detalle, de una oferta de entretenimiento que busca el estímulo creativo y de una propuesta decorativa sugerente e íntima que propicia la atmósfera perfecta para que ocurra la magia. También en su restaurante.

contraban
Tartabrioche Michelangelo. Foto: Hotel Wittmore

En Contraban el chef Alain Guiard ha plasmado con sabores y texturas sensaciones como la impaciencia, representada por una selección de platos rápidos de servir y comer como los Fiambres artesanos, panceta de cerdo chicharrón, pies de cerdo con pistachos y pickles; la libertad con bocados que puedan tomarse a cualquier hora como la Tarta/brioche Michelangelo con tomate picante, ricota, hinojo y chorizo ibérico o el Sándwich/almohada de rabo de buey con queso crema de olivada; en blanco con combinaciones sencillas de sabores que ayuden a salir del bloqueo como la Berenjena escalivada con miel de pino y piñones o la Coliflor al horno al limón y tahini; la excitación creativa con diferentes carpaccios muy visuales que permitan ser trabajados casi como lienzos como el Carpaccio de remolachas, céleri, nabo negro, rabanitos, trufa negra, flores y hierbas; la frustración con recetas que para poder ser disfrutadas requieren de la intervención del camarero para romper esa “frustración” representada en obstáculos comestibles como la Remolacha cocinada en costra de arcilla, servida con queso crema y salsa trufa; la sorpresa con platos inesperados como el Filete Atún rojo Rosini, parmentier de cebolla y espinacas glaseadas; y la nostalgia con recetas que evoquen a la infancia como el Canelón de “rustido” con trompetas de la muerte, soubise de foie-gras y los Macarrones del cardenal con secreto ibérico y bechamel de parmesano.

Además, con una propuesta gastronómica diseñada para divertirse a través del atrevimiento y de la conversación, la carta de bebidas ofrece desde cócteles de autor, hasta vinos de extraordinaria rareza que solo estarán durante unas semanas en la carta. Nada aquí está dejado al azar.