Lleve usted nardos, caballero

El hotel que custodia en su interior la esencia aromática de Madrid

Desde su ubicación en el corazón de la capital hasta la colaboración única con la Academia del Perfume, el JW Marriott estimula los sentidos y rinde homenaje a la rica historia de la ciudad.

De camino al JW Marriott Hotel Madrid se puede ver junto a la tienda que Hermés tiene en Canalejas el busto dedicado al maestro Alonso: “Por la calle de Alcalá, con la falda almidoná, y los nardos apoyaos en la cadera”, dice la primera estrofa de su popular pasodoble. Más allá de esta inesperada pareja de chulapos y lujo, descubrimos que el imaginario folklórico que representa a la ciudad está encabezado por una florista y sus flores, quedando así la esencia de Madrid ligada a los evocadores aromas de violetas, nardos, claveles o rosas.

Estos son, precisamente, los perfumes que impregnan los ambientes del JW Marriott, resonando de inmediato al dar el primer paso en el lobby con el liviano toque emocional que nace siempre del olfato, todo gracias a la labor de la Academia del Perfume que ha buscado con efecto y esta narrativa homenajear así el edificio que ocupa el hotel

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El hotel que esconde una perfumería

El edificio que alberga el JW Marriott Madrid tiene una historia perfumada que se remonta a finales del siglo XIX, cuando tres primos de León, Herminio, Belarmino y Emilio, llegaron a Madrid y, con el tiempo, acabaron pasando de aprendices en una droguería a crear la colonia más popular de la época. Una historia de ambición empresarial que les llevó de un humilde local comercial que les servía también de vivienda cerca de la Puerta del Sol a la tienda de la calle Sevilla nº 2, una zona que por entonces era el centro de la noche al coincidir teatros, cabarets y otros locales de la farándula. El nuevo local se abrió ya con la marca Álvarez Gómez pintada en el rótulo de la entrada. En su trastienda coincidió la elaboración de perfumes con una tertulia por donde aparecían artistas, toreros y políticos.

 

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Es en esa exacta dirección desde donde dos Miró de la colección personal de Antonio Catalán, presidente de AC Hotels by Marriott, observan al huésped llegar a la recepción, ubicada en un atrio central, cubierto por un espectacular techo flotante geométrico inspirado en la propia arquitectura del edificio. El resto de las zonas comunes están igualmente decoradas con piezas obras de arte, entre las que cabe contar la colección de cajas de esencias que hay en el lobby, encapsuladas en sus pequeños botes, ordenados en fila, de color ámbar: la promesa de una fantasía olfativa.

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Nardos e interiorismo

Siete han sido las esencias seleccionadas y trabajadas por la Academia del Perfume para simbolizar la esencia de Madrid: violeta, nardo, clavel, rosa, limón, chocolate y cuero. Aromas con los que se puede llegar a personalizar el olor de los armarios de la habitación: “Lleve usted nardos, caballero”, sigue el pasodoble del maestro Alonso. Originario de Nepal, el nardo desplegó su fragancia única en Europa a finales del siglo XVI. Su aroma limpio, denso e intenso -alcanza lo narcótico según la concentración, por lo que las damas del Renacimiento tenían su uso prohibido-  permanece etéreo incluso días después de ser cortado, por lo que destaca en la modelación de perfumes de gama alta, llegado a alcanzar precios superiores a los diez mil euros por kilo.

 

Guestroom Terrace

Si la Academia del Perfume se ha encargado de restaurar algo tan inmaterial como son los aromas, de la arquitectura y el diseño del hotel se ha responsabilizado Rockwell Group, quienes han concebido un elegante concepto utilizando materiales naturales y una paleta de colores neutros para crear un ambiente de lo más relajante. La conservación de elementos originales como las columnas de hierro forjado del siglo XIX, la piedra de las paredes, la escalera, las forjas de los balcones y las contraventanas, presentes en todo el hotel tras las obras de restauración, refleja el respeto por la larga historia material del edificio que ahora ofrece 139 habitaciones (exteriores y 12 de ellas suites con terraza y vistas a la Puerta del Sol), de un tamaño de entre 37 y 95 metros cuadrados; además de un gimnasio y una pequeña zona de bienestar, con jacuzzi y cabina de tratamientos.

 

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El JW Marriott culmina su experiencia sensorial con el restaurante Qú, dirigido por el chef Mario Sandoval, galardonado con dos estrellas Michelin, ubicado a nivel de la calle. Una barra de madera en un extremo del vestíbulo marca la transición del salón al restaurante, separados por una antigua puerta arqueada con espejos. Allí, Qú ofrece una propuesta gastronómica basada en productos de alta calidad y una técnica impecable, que incluye básicos como el Cochinillo lacado con su piel crujiente y nuevos platos imprescindibles como el Solomillo Wellington. Además de la oferta gastronómica, el proyecto de Sandoval abarca todos los aspectos del servicio de Food & Beverage del hotel, desde la barra del lobby con alta coctelería hasta el servicio de habitaciones y el desayuno que, por cierto, ha sido finalista como mejor desayuno de hotel en España.